QrR

Lo "in" de las lesbianas

Lesbianas
(Especial)

En su columna “El Sexódromo” del sábado 29 de marzo, en la que comenta Espejo de tres cuerpos, una novela lésbica que publiqué en Quimera Ediciones, mi querida Verónica Maza Bustamante cita un tuit que le envié y que, me parece, puede sonar despectivo si no se deja en claro por qué usé una palabra y con qué intención. Señalé que “el lencherío está muy in”.

Debo decir que cuando yo salí del clóset, hace 15 años, y empecé a tener una activa vida gay, la presencia lésbica era prácticamente nula: solo se sabía y se hablaba de algunas figuras tutelares como Nancy Cárdenas, Patria Jiménez, Yan María Castro y tal vez un par más que se me escapan, muy pocas con respecto a las abundantes figuras que teníamos y tenemos los gays. Podría parecer que no han pasado tantos años, pero cuando uno mira atrás no puede dejar de recapacitar en todo lo que ha sucedido en esos años. En aquel entonces apenas alguna pareja gay se tomaba de la mano mientras caminaba por la calle o se besaba, pero no recuerdo ninguna lésbica que lo hiciera. Sabía de un bar lésbico cerca de la estación Zapata del Metro, Las Virreinas, donde se reunían y, así como El Taller prohibía la entrada a mujeres, ellas aplicaban en ese bar la política de vedarle la entrada a cualquier hombre que se propusiera cruzar la puerta.

Ahora todo eso empieza a cambiar: en la calle veo cada vez más parejas lésbicas tomadas de la mano o besándose, yendo a los mismos bares a los que vamos los gays o teniendo sus propios lugares, reuniéndose en grupos en la librería Voces en tinta. Pocos pero sustanciosos pasos, sobre todo porque, como ya dije, eso no se veía hace apenas 15 años. Las lesbianas han tenido un proceso de visibilización y normalización más lento que el de los gays; por poner un ejemplo, El vampiro de la colonia Roma, la novela de Luis Zapata en la que por primera vez en la literatura mexicana un personaje homosexual no vivía atormentado su sexualidad, apareció en 1979, mientras que la primera novela lésbica con las mismas características apareció diez años después, se llamó Amora, y su autora es la novelista y poeta Rosamaría Roffiel. (Lo curioso del caso es que si los gays gozamos hoy de tantas libertades es porque muchas lesbianas fueron las pioneras: Nancy Cárdenas encabezó a un pequeño grupo en la primera Marcha del Orgullo Gay en el DF en 1978 y luego inició los círculos de lectura sobre estudios de género, así como las principales teóricas queer son lesbianas: Judith Butler, Camille Paglia y Eve Sedgwick Kosofsky.)

Es por eso que digo que el “lencherío” está muy in. Y, a propósito, si uso la palabra “lencherío” no es por querer ser despectivo, pues como me lo hace ver en corto la propia Vero Maza, si los mismos gays usamos “joterío”, ¿por qué no habríamos de usar “lencherío”? Las lesbianas tienen que romper ese y otros muchos tabúes, pues el lenguaje no es un tema menor: es lo que nos nombra, nos da lugar en este mundo, con el lenguaje otros nos señalan. Cuando las lesbianas acepten palabras como “manfloras”, “traileras”, “lenchas”, “machorras”, “tortilleras”, se apropien de ellas, ellas mismas se llamen así entre ellas, la carga homofóbica de esas palabras quedará anulada, de la misma manera en que en inglés se apropiaron del “butcher” (carnicera) o en España del “bollera” (algo parecido a nuestro “tortilleras”). Para eso serán fundamentales las obras de otras escritoras, además de Rosamaría Roffiel, como Reyna Barrera, Victoria Enríquez, Gilda Salinas y Ana Francis Mor, con su columna “Cómo ser una buena lesbiana” de la revista Eme equis. O escritoras más jóvenes como Marielena Olivera, autora de un estudio fundamental Entre amoras. Lesbianismo en la literatura mexicana (UNAM, 2009), la propia Odette Alonso y Artemisa Téllez, quien rebautizó a la novela de Odette que comentó Vero Maza como Espejo de tres cuernos. Las mismas escritoras lesbianas contribuirán a la construcción de una nueva identidad lésbica y a su visualización más humana.

También en sus relaciones de pareja tienen varios pendientes por hacer las lesbianas: terminar con el machismo y la violencia imperantes en ellas. Conozco una pareja lésbica que no lo declara abiertamente: todos sus amigos lo sabemos, las conocemos, van juntas a nuestras reuniones pero no lo declaran, es algo que se sabe pero no se dice. Otra pareja lo mantenía en secreto porque una de ellas fue hasta hace poco funcionaria pública. Una más de una importante investigadora de la UNAM. Todo se sabe por rumores, no se puede mencionar y nada se confirma por ellas, ¿por qué? ¿Qué esconden? ¿A qué le temen? ¿No se sienten “orgullosas” de ser lesbianas y de estar en pareja con la persona que aman? La hija que Carlos Fuentes tuvo con Rita Macedo, Cecilia, es abiertamente lesbiana, y justo  por esa condición su padre la desterró de su vida por completo de manera que ella sólo apareció en Bellas Artes cuando el funeral del célebre escritor. Otro caso curioso es el de la cantante Chavela Vargas, quien nunca reconoció públicamente su lesbianismo y, sin embargo, era de sobra conocido; tal vez como Juan Gabriel, hubiera contestado: “Lo que se ve no se juzga”.

Aún quedan varios temas si bien no tabú sí bastante incómodos dentro de la comunidad lésbica. No soy yo quién para dar soluciones fáciles, de manera que sólo me limito a plantearlos pues, como decía la teórica queer Eve Sedgwick Kosofsky en su libro Epistemología del clóset (1990), los gays debemos ocuparnos de nuestros asuntos y las lesbianas de los suyos. Ojalá que aceleren el paso y pronto superen muchos de estos baches.

Sergio Téllez-Pon


< Anterior | Siguiente >