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El humor como herramienta para lidiar con la tragedia

Fernando León de Aranoa
Fernando León de Aranoa (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Isabel Cárdenas Cortés

Todos quisiéramos tener "un día perfecto" después de este desastroso año que acaba de terminar: los atentados de París, los bombardeos en Siria, el huracán Patricia, por decir lo menos y todo lo que no se resolvió en nuestras vidas. Lo mismo los protagonistas de Un día perfecto, esta cinta entrañable, terrible y de humor negro, que formó parte de la "Quincena de realizadores" en Cannes 2015 y que muy pronto se estrenará en México. La trama gira alrededor de cinco trabajadores de una organización humanitaria en Bosnia en 1995 que antes de terminar su día se encuentran con un cadáver en el único pozo de donde puede abastecerse de agua la población de un recóndito lugar de los Balcanes y se topan con que las leyes "absurdas" internacionales prohíben remover el cadáver sin el previo protocolo, ¿qué hacer en una situación así a punto de terminar el día? ¿remover el cadáver, dejarlo ahí y permitir que el agua se contamine, hacerse de la vista gorda...? Mambrú (Benicio del Toro) el líder del grupo, toma las riendas del asunto y su fiel compañero B (Tim Robbins), lo sigue hasta el final...

Fernando León de Aranoa (Madrid 1968), se caracteriza por ser un director que retrata en sus filmes situaciones terribles y realistas, pero siempre con un toque de humor y de esperanza, es famoso por sus cintas Barrio (1998), Los lunes al sol (2002) y Princesas (2005), entre muchas otras. Tuvimos la oportunidad de hablar con él tras la presentación de Un día prefecto en Cannes, que aunque no ganó ningún premio, se ganó al público. Tras la proyección del 16 de mayo la gente aplaudió de pie durante varios minutos y hubo una larga sesión de preguntas y respuestas con Benicio del Toro y Fernando León de Aranoa.

"Para mí lo más importante que puedo usar en las películas es una especie de energía, por supuesto la trama; en donde se refleje esta confusión que están viviendo los personajes, el absurdo, la burocracia que hay que sobrepasar para sacar un cadáver de un pozo en tiempos de guerra; las vicisitudes que viven los personajes para encontrar una cuerda... Para las personas que trabajan en estas asociaciones humanitarias se trata de intentar poner un poco de orden dentro del caos, como lo que hacen Mambrú y sus compañeros. Y son tantas personas de diferentes lugares del mundo que es muy complicado llegar a un acuerdo...", dijo Fernando León de Aranoa en entrevista para MILENIO.

La charla tuvo lugar en la terraza del Hotel Marriot con una vista increíble del Mediterráneo de fondo:

—¿Cómo te sientes después de haber participado en Cannes y del recibimiento del público que ha tenido 'Un día perfecto' en otros festivales?

Estoy muy feliz, justo por lo que mencionaste, la recepción del público fue impresionante; de cualquier manera es un honor tener un filme en Cannes, es el mejor lugar del mundo para que tu película se estrene. El público de "La Quincena de realizadores" es maravilloso, pues es gente común y corriente, cinéfilos de verdad y lo recibieron muy bien.

—¿Cómo se te ocurrió llevar a la pantalla esta historia, después de la función decías que trabajaste tres años en la escritura del guión?

Siempre me tardo mucho en armar un proyecto, porque voy y vengo de un proyecto a otro. Este filme en particular viene de un libro: Dejarse llover, de Paula Farias. Ella es escritora y doctora, pero también fue directora de una ONG, para la que yo hice un documental; ella trabaja la mayor parte del tiempo en proyectos humanitarios. Hice el documental en Uganda para Médicos sin Fronteras, ahí fue la primera vez que tuve noticia sobre su libro. Alguien me dijo que había un trabajador que se llamaba Mambrú, él me contó la trama: estos cinco trabajadores que estaban tratando de hacer algo tan absurdo y extraño como lo que hacen los personajes de mi película. Me gustó la trama por su "sencillez" y al leer el libro te das cuenta que es un microcosmos del mundo, y que esta historia en particular resume lo que pasa diariamente en nuestro planeta: me gusta el sentido del humor del libro —humor negro—, el grado del absurdo de esta situación.

—¿Qué parte de la película es tuya y qué parte es del libro?

Del libro tomé la trama, la historia de estos cinco personajes y el punto de partida: el cadáver en el pozo. Pero en el proceso, mi filme se volvió más reflexivo, agregué más personajes; y para hacer eso, me basé en mi experiencia, en los documentales que hice para Médicos sin Fronteras y un documental que hice en 1995, en el lugar y la época en la que la historia de mi filme sucede: en los Balcanes; muchas secuencias vienen de esa experiencia que viví...

—¿Nos puedes dar un ejemplo de algo en particular que hayas vivido en esa época?

Recuerdo cuando entramos a una casa abandonada —en Bosnia— y no tenía techo; eso fue lo primero que me pasó cuando estuve ahí, y así había varias, las casas estaban intactas, pero no tenían techo, era algo extrañísimo: y uno de los trabajadores que estaban con nosotros me explicó que si hacían esto la familia se tenía que ir, y así ya no regresarían porque su casa no tenía techo; eso es parte de la "limpieza étnica", marcar el territorio y que les quede claro que no pueden regresar. A veces dejaban el cuerpo de alguno de los familiares colgado en algún lugar de la casa.

Me pareció muy interesante hablar de esta "guerra silenciosa" que permanece después de la guerra; esto dice mucho sobre la naturaleza humana, este tipo de cosas: tirar cuerpos a los pozos, volar los techos, las minas... Creo que la película representa eso, esta clase de estrategias. Primero estuve en Zagreb, pero lo peor pasaba en las montañas; vimos muchas situaciones y lugares como los que se muestran en la película. Estuvimos en la zona croata, en la musulmana y en la serbia.

—¿Regresaste a la zona después de 1995, has visto alguna diferencia?

Hace un año y medio estuve en Sarajevo... Regresé a Mostar, la ciudad donde filmamos y fue un shock ver cómo se había convertido en un lugar completamente diferente.

¿Qué tanto dejabas improvisar a los actores, pues de pronto parecería como si Del Toro y Robbins estuvieran improvisando?

Yo soy escritor, antes que director. Soy ese tipo de director que le gusta que sigan el guión al pie de la letra. Pero en esta película intenté ser un poco más abierto, pues tenía tan buenos actores, como Del Toro, Tim Robbins, Sergi López. Lo hice en parte por el tipo de película, quería que la cinta no fuera tan reflexiva, no tener tanto control sobre todo, intenté confiar más en la intuición. Y tomé decisiones como las que creo que a veces tienen que tomar estos trabajadores: decisiones vitales en medio de la nada, tienen que reaccionar en el momento; no hay tiempo para pensar tanto las cosas, si lo piensan demasiado pueden morirse. Trabajamos mucho en las locaciones, Tim Robbins y del Toro fueron increíbles, agregaban más cosas a las escenas, no a los diálogos. Yo intenté ser muy abierto...

Por ejemplo la música de la película era más bien la que escuchábamos en la radio local, eso fue más al azar...

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