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El humor negro está de fiesta

humor negro
( Saúl López/Cuartoscuro)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Rafael  Tonatiuh

Este mes fallecieron dos grandes humoristas de Latinoamérica: Daniel Rabinovich (del colectivo argentino Les Luthiers) y Julián Pastor, quien hiciera excelente comedia en cine, teatro y cabaret. El humor negro no puede estar de luto, sino sonriente cual calaca. Hoy les adelantamos un aplauso como ofrenda de muertos.


El 21 de agosto de 2015 falleció el primer español de ese combo de humor argentino llamado Les Luthiers, Daniel Rabinovich (él, lo mismo que sus colegas, recibió del Reino de España la ciudadanía española, además del Premio Príncipe de Asturias, quizá porque sus chistes les parecieron como de gallegos a sus graciosas majestades).

Estudió para notario público, pero se sintió más atraído por tocar las maracas en un trío de boleros; este rudimentario instrumento de percusiones lo llevaría al sensacional colectivo formado por el Maestro Matropiero, ejecutando instrumentos fabricados con materiales cotidianos como la caita de cámara (a partir de la cámara de cuerda de un tractor), el bass-pipe a vara (trombón de varas con tubos de cartón) el al-pipe a vara (igual que el anterior, pero agudo), el calefón (trombón de pistones) y el latín (violín de lata). Además, fue un gran cuentista (su obra está en Editorial La Flor) y actuó en cine y televisión.

Argentina es uno de los países sudamericanos que produce buenos humoristas, de Alberto Olmedo a Peter Capussoto. El otro es el nuestro; quizá porque corre sangre cínica por nuestras venas abiertas de América Latina es que nosotros heredamos principalmente de los andaluces (cuyo humor se mezcló con el de los que sacaban corazones humanos) y los argentinos de los italianos (no por algo los mejores humoristas de Europa han sido de pueblos latinos), con algunas gotas de sangre africana. Pero dejémonos de asuntos sangrientos y volvamos al alegre tema que nos ocupa: el homenaje a dos humoristas muertos, que nos mataron de risa.

El 24 de agosto falleció Julián Pastor, actor, director, guionista, editor y escenógrafo. Abandonó la Facultad de Arquitectura de la UNAM para estudiar cine en la Universidad de California, aprendió dibujo, pintura y escenografía con Robin Bond; estudió actuación con Seki Sano, Gurrola y Héctor Mendoza. Una persona cultivada, quien alguna vez se definiera a sí mismo como "impulsivo, justo, realista, promotor del cine de comedia". El cierre de esta frase me encanta, pues por primera vez un director de cine de comedia sale del clóset y se asumía como tal.

Mientras la sexy-comedia de muy baja calidad comenzaba a imponerse en las salas cinematográficas (pues los productores eran los mismos exhibidores), en los años setenta y ochenta, hubo un grupo de mexicanos interesados en producir otro tipo de comedia, más inteligente, con ironía: Luis Alcoriza (Mecánica Nacional, 1972), Alfredo Gurrola (Llámenme Mike, 1982), Alfonso Arau (El Águila descalza, 1971) y uno que otro cineasta "serio" haciendo comedia a contra corriente de Alfonso Zayas y Pedro Webber Chatanooga, hasta que la industria cambió en los noventa y Sólo con tu pareja (Alfonso Cuarón, 1992) le abrió las puertas un nuevo boom de cine de comedia mexicana y comercial (Cilantro y perejil, 1988; Sexo, Pudor y Lágrimas, 1999; Sin Ton ni Sonia 2003, etc).

Dejando de lado su fama como actor de En este pueblo no hay ladrones (Alberto Isaac, con guión de Gabriel García Márquez, 1965), siempre se mantuvo constante en producir comedia refinada, desde que le metió mano al guión de Para servir a usted (José Estrada 1970; comedia con Héctor Sáurez y Claudia Islas), siguiendo con su ópera prima La Justicia tiene 12 años, de 1973, con una historia de humor negro, y sus grandes éxitos: La venida del Rey Olmos, de 1975 (sátira de un predicador religioso), El vuelo de la cigüeña, de 1979 (sobre tres hombres de personalidades muy distintas que se pelean la peternidad del bebé de la bellísima Rosalía Valdés, estupenda actriz, hija de Tin Tán), El héroe desconocido, de 1981 (con Rafael Inclán, basada en la novela de Miguel Alemán), y su obra maestra: Estas ruinas que vez, de 1979 (reinterpretación de la novela homónima de otro gran humorista de las letras mexicanas: Jorge Ibarguengoitia, sobre un Fernando Luján que trabaja en una universidad de provincia, poblada por seres mediocres y chismosos).

También se agradece su promoción del cabaret con sus Veladas literario musicales del Bar Guau, del Mesón del Perro Andaluz, que dirigió de 1978 a 1995, y que tuve el gusto de presenciar. Era muy chavo y no podría recordar a nadie del elenco, solo que me parecía gente güerita, tipo clase media-alta, pero contando chistes de cómicos de burlesque, llenos de majaderías pero con humor político; una mezcla de Polo Polo con Palillo.

Y ya que estamos hablando de cabaret, y para brindar por los humoristas que se nos adelantaron, les recuerdo que sigue el XIII Festival Internacional de Cabaret hasta el 29 de agosto (consultar www.festivaldecabaret.com). ¡Salud hasta las alturas!

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