QrR

El hombre más interesante del mundo

El hombre más interesante del mundo
(Sandoval)

Tal vez usted no lo sepa, pero Omar Sharif hablaba español con fluidez. E inglés, italiano y francés, además de su nativo árabe. Así podía expresarse en cualquier idioma y actuar en cualquier país. Antes de que el espectro del Alzheimer empezara a borrar su memoria, Sharif —que nació en el puerto de Alejandría, en abril de 1932 bajo el patronímico de Michel Demitri Shalhoub— se había convertido en la estrella más célebre que jamás dio el cinema egipcio (con tres premios Golden Globe y una nominación al Oscar) y por muchos años ostentó el título de “El hombre más interesante del mundo”, mismo que se le otorgó en los medios en 1962, el mismo año que hizo su debut internacional como Sharif Ali en la monumental película de David Lean Lawrence de Arabia, en cuyo rodaje se hizo amigo entrañable de Peter O’Toole, y por la que no solo alcanzó fama y reconocimiento (incluso fue nominado al Oscar como mejor actor de reparto), sino que también tuvo un cambio drástico en su vida.

Antes de ser actor, este hombre de negro bigote, mirada penetrante y versátil habilidad para adoptar cualquier acento, lo que le permitía encarnar lo mismo a musulmanes que rusos, yugoslavos, franceses, romanos y hasta a un oficial del ejército Nazi (en La noche de los generales), había sido estudiante de ciencias exactas especializándose en matemáticas aplicadas en la Universidad de El Cairo, y fue por casualidad que, a principios de los años cincuenta, aún adolescente, se inició en el cine, primero con roles pequeños y después, como apuesto galán. Fue así que conoció a la que sería su única esposa, la diva egipcia Faten Hamama —considerada el equivalente en belleza de Sophia Loren de Medio Oriente— con la que se casó en 1955 y procreó a su único vástago, Tarek Sharif; a raíz de su éxito en el filme de Lean, Sharif tuvo cada vez más ofertas de trabajo en Europa y Estados Unidos. Esto no gustó nada al régimen del presidente Gamal Abdel Nasser, que mandaba en Egipto desde la crisis del Canal de Suez en 1956 y que intentó poner trabas a sus visados de trabajo en el extranjero. Sharif no lo consintió —su infancia había sido privilegiada, su padre, que se dedicaba al negocio de los aserraderos, era amigo del Rey Farouk y cuando éste fue derrocado la familia sufrió duras represalias económicas— y se exilió a Europa (principalmente en esa época vivió en hoteles de lujo en el sur de Francia, en el Palace de Madrid y el Ritz de París) para rodar filmes como Genghis Kahn (en el que encarnó al legendario conquistador mongol) y El Rolls-Royce Amarillo (en la que compartió créditos con Ingrid Bergman); cuando anunció que no volvería a Egipto, durante el rodaje de Doctor Zhivago, realizado en buena parte en España, Hamama decidió que la separación fuera definitiva y posteriormente se divorciarían en 1974; sin embargo, Sharif y ella siguieron siendo íntimos amigos y él nunca más volvió a casarse, aduciendo que “ninguna mujer volvió a enamorarme como mi esposa”. Tuvo muchos romances, algunos con sus coestrellas, pero desde mediados de los sesenta vivió completamente solo.

Doctor Zhivago, basada en la novela de Boris Pasternak (a quien Nikita Kruschev y el Partido Comunista Soviético obligaron a declinar el Premio Nobel de Literatura en 1958), es una trama conmovedora y brutal. David Lean le dio una proporción épica en el filme. Ahí Sharif encarnaba al bondadoso Yuri Zhivago, joven miembro de la alta burguesía rusa en las postrimerías del imperio y vísperas de la revolución. El destino de este médico poeta, está intrínsecamente ligado con dos mujeres: su esposa Tonya —una muy joven Geraldine Chaplin en su debut— y Larissa Antipova, más conocida como Lara, interpretada por Julie Christie.

Después de la caída del Zar y con la nación en llamas, Zhivago juega a dos puntas con Tonya y Lara. Las consecuencias, naturalmente, son trágicas para los tres, pero hay un vestigio de esperanza. El tema musical, compuesto por Maurice Jarre (y mucho más popular alrededor del mundo como “Tema de Lara”) con balalaikas y violines, es tan famoso que hasta usted, seguramente, lo ha tarareado sin darse cuenta.

Sharif se volvió una estrella y siguió trabajando en el mercado internacional. En 1968, fue el galán de Barbra Streisand en su debut en cine con Funny Girl, el musical dirigido por William Wyler (legendario director de Ben-Hur); su papel como Nicky Arnstein implicaba que tendría que cantar, y eso no fue tanto problema como el hecho de que él era árabe y su leading lady, judía, en un rodaje que se inició justo al estallar la guerra de los seis días entre el Estado árabe e Israel. Los ejecutivos de la Columbia, muy espantados, sugirieron reemplazar a Sharif con Sean Connery, a lo que Barbra dijo que si lo hacían, tendrían que llamar a Shirley MacLaine, porque ella, que había creado el rol de Fanny Brice en Broadway, los mandaría al carajo si sacaban a Sharif de la película. La cosa se puso mejor cuando una foto tomada en el set, de una escena donde Sharif y Barbra se besan, apareció en periódicos de Egipto. Fue tal el escandalo, que hasta la ciudadanía querían quitarle, aunque él lo tomó con humor, diciendo a la prensa: “¿Creen que me fue mal con eso? A Barbra le fue peor, ¡deberían ver la carta que le mandó su tía Rose!”. Por esa cinta, ella ganó un Oscar, que compartió, en empate, con Katharine Hepburn (ésta por El león en invierno).

Después de los años setenta, el ritmo de la carrera de Sharif fue disminuyendo, aunque se le vio en éxitos como Top Secret (donde hace de un espía) y Bloodline, el último filme para cine de Audrey Hepburn. Así, participando más y más en ministres de televisión, se dedicó a vivir una vida de sibarita: era un genio para jugar bridge —escribió y publicó manuales para que la gente aprendiera a jugar— y pronto fue habitual verlo en las mesas de los casinos más exclusivos del mundo, en Montecarlo, Las Vegas, Atlantic City o Marbella. Incluso en 2005 fue demandado luego de que agredió a un croupier en un casino francés. En 2003 tuvo su último gran papel en cine, como Monsieur Ibrahim en la cinta del mismo nombre, por la que obtuvo un premio César. Desde hacia algunos años la desmemoria había ido carcomiendo su vida y en los últimos meses su salud se había resentido, obligándolo a dejar su vida de nómada; a fines de 2013 hizo su última incursión en el cine, con un pequeño papel en la película irlandesa Rock the Casbah junto a su nieto Omar Sharif Jr., que también es actor y es tan bien parecido como él.

Las noticias de que padecía Alzheimer se ocultaron por casi 18 años, hasta que en mayo pasado su hijo Tarek lo reveló en una entrevista. Sharif se negaba a reconocer su enfermedad y seguía disfrutando de los pequeños placeres a los que se había acostumbrado durante décadas y tras haber realizado más de un centenar de películas. En enero pasado, falleció Faten Hamama, la mujer a la que siempre consideró el amor de su vida: pero para entonces el alzheimer había hecho tanta mella en él que ni siquiera fue consciente de su pérdida. Un infarto terminó con su vida el viernes pasado en El Cairo; por fortuna, según anunciaron sus familiares, no sufrió al momento de pasar a la eternidad.

< Anterior | Siguiente >