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Cuando hace hambre, el que espera, desespera

Cuando hace hambre, el que espera, desespera.
Cuando hace hambre, el que espera, desespera. (Especial)

Corre el rumor de que la lista de espera del restaurante Máximo Bistrot de la Colonia Roma a estas alturas del año pasaba de las dos o tres semanas, algo no visto en la Ciudad de México, donde esperar más de una hora para una mesa suele ser considerado una descortesía hacia el comensal.

Este pequeño restaurante es aquel donde la señorita Andrea Benitez se transformó en #LadyProfeco, logrando así que su padre cobrara una notoriedad insospechada que lo catapultó hacia el rancho de AMLO en calidad zombie.

Las listas de espera de los restaurantes siempre han sido consideradas como el termómetro de su popularidad, y en su momento causó sensación que el restaurante El Bulli, de Ferrán Adriá en España, haya llegado a tener una lista con más de dos años de espera, antes de cerrar sus puertas en el año de 2011, dejando en la orfandad a su numeroso público.

Pero dos años resultan casi nada cuando se piensa en el restaurante del señor Damon Baehrel, cuya lista de espera sobrepasa en este momento los cinco años. Ubicado a poco más de 130 millas de Manhattan, en el valle del río Hudson en el estado de Nueva York, este restaurante campestre tan solo tiene nueve mesas en el sótano y debe saberse que todo lo que se sirve allí ha sido producido dentro de la misma propiedad, sembrado, criado y procesado por el mismo Baehrel que, a su vez, es el carnicero, quesero, cocinero, mesero y hasta lava platos. Una experiencia extremadamente gringa con un menú sorpresa de 14 a 19 platillos por tan solo 225 dólares, sin contar bebidas ni propinas; este lugar piensa cerrar sus puertas en algún momento del futuro, por lo que si usted piensa ir, urge hacer su reservación hoy mismo.

El mejor restaurante del mundo es El Celler de Can Roca (eso dice la lista de los 50 mejores) y el día que recibió este nombramiento, poco más de 12 millones de visitantes pasaron por su sitio de internet. Ahora bien, si lo que usted pretende es cenar allí, tendrá que esperar más de 11 meses, pues este restaurante tan solo tiene lugar para unas 45 personas. Una experiencia exclusiva, sin lugar a dudas.

En el ámbito de los restaurantes mexicanos, quizá la lista de espera más larga lo tenga el Punto Mx, ubicado en Madrid, que a un año de abrir sus puertas reporta una lista de cuatro meses de espera para cenar allí. El chef mexicano Roberto Ruíz ha logrado impresionar al público europeo con platillos como los chilaquiles rojos en salsa de chile morita y huevo de corral, a 16 euros; o el Solomillo de vaca gallega en su jugo con ensalada de frijoles bayos, de 32 euros. Nada mal.

Volviendo al caso del Máximo Bistrot, cuyo domicilio es Tonalá 133 en la colonia Roma, debe consignarse que hace poco tiempo inauguraron una sala de espera en donde es posible hacer tiempo bebiendo alguna cosa y conocer su carta de botanas y entradas. Para reservar una mesa en forma lo puede hacer con poca anticipación si es para un martes o miércoles, en jueves será más difícil y los viernes, ¡en chino! Quizá para esos días lo conveniente sea llamar hasta una semana de anticipación, pero queda usted advertido que aventurarse sin tener esta precaución, resultará en largas horas de espera.

Otro caso es el Restaurante Pujol, del chef Enrique Olvera, un establecimiento considerado como el número 17 del mundo; aquí lo recomendable sí es reservar hasta con tres semanas de anticipación, ya que se trata de un local con pocos lugares y una demanda que sobrepasa las coyunturas de los viernes de quincena. La dirección es Francisco Petrarca 254, Polanco.

Si la idea es estar a la moda y desea obtener una mesa en la terraza del Noveccento, también se sugiere reservar con dos semanas de anticipación, llevar carro grande y unos cuantos guaruras; el restaurante se ubica en  Emilio Castelar 163, justo frente al parque Lincoln de Polanco y es una especie de cadena internacional que ofrece ensaladas, sándwiches, pescados, pastas y carnes, amén del ver y ser visto, quintaesencia del lugar.

De los restaurantes de la calle Presidente Masaryk mejor ni hablar, las obras que se realizan desde hace semanas han logrado espantar a toda clientela probable y posible hacia otras latitudes, por lo que si quiere acceder a cualquier restaurante de esa zona, solo será sorteando el lodazal, las excavaciones, las piedras y el mismo dueño lo recibirá en la puerta con los brazos abiertos.

En sentido inverso a otros países, en México no se toleran de buen grado estas cortapisas a la espontaneidad natural del carácter vernáculo, tan solo hay que ver el vaivén de los tumultos en las taquerías (donde se avanza en base al carácter) o la paciencia incólume de las familias a la puerta de los restaurantes, porque lo nuestro es la fila en vivo y en caso de ser factible, la propina o una pequeña mordida porque, qué tanto es tantito y, ¡siempre hay modo! El método de las listas de espera, el R.S.V.P. y esas jaladas no se avienen ni coadyuvan a la armonía social de los mexicanos en su relación con el antojo y el hambre, hay que reconocer que el valiente estilo de la hija del ex titular de la PROFECO es lo clásico, hay que aventar la charola por delante, porque las largas listas de espera en los restaurantes en México son tan solo un rumor.

Alejandro Escalante

 

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