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Esta no es una guía para entrar a la 'Deepweb'

Web profunda-tiburón
(Apache Pirata)

Sé que durante toda su vida ha entrado a miles de páginas que alguien le recomendó o porque las encontró mediante Google, Yahoo o Bing. La mayoría de ellas son gratuitas y, aunque en otras debe pagar, son más o menos de fácil acceso. Se calcula que en el mundo hay cerca de mil millones de páginas y 142 millones de sitios activos, que crecen día con día.

Todo el universo internetero que usted conoce hasta este momento forma parte de lo que se conoce como Internet Superficial, es decir, millones de páginas públicas que Google puede rastrear y organizar; encontrar algunas es difícil, pero sabiendo la dirección basta con teclearla en su navegador y listo. Es la internet de todos los días, vaya.

¿Pero qué le parecería si le dijera que hay otro universo, 10 veces más grande, de páginas ocultas que usted no ha visto? Páginas a las que Google no puede entrar y que, por extraño que le parezca, llevan muchos años funcionando. Existe una inmensa cantidad de documentos clasificados que pasan debajo de internet que conocemos y, aunque suene como argumento de ciencia ficción tipo Matrix, es verdad: ese es el mundo de la Deepweb, o Internet profunda, un lugar al que no se puede pasar a menos que cumpla protocolos de seguridad estrictos, usado por millones de personas en todo el mundo que aprendieron a usarla para intercambiar todo tipo de datos, algunos de ellos completamente ilegales. ¿Cómo es que no se había enterado de eso?

La Internet profunda, en términos simples, son todas las páginas que Google no puede localizar ni organizar. Sitios anónimos, creados por usuarios que utilizan la red como una herramienta para compartir contenido que no debe ser descubierto, ya sea porque contienen material sensible (vaya, WikiLeaks comenzó en este lugar antes de saltar a la red pública) o porque el contenido es ilícito. No toda la Internet profunda se utiliza para cosas fuera de la ley, debo aclararlo: si hacemos un símil, usted puede visitar Tepito y comprar cosas tan inocentes como juguetes o discos de la Banda Limón, pero si sabe dónde meterse, seguramente encontrará, por lo menos, un cigarro de mariguana o 10.

En este punto necesito hacer una advertencia importante: por muy emocionante y morboso que suene, entrar a la deepweb no es una cosa que cualquiera pueda hacer. Lo digo objetivamente, no lo tome como un reto personal, ni quiera sentirse geek. Hay dos peligros clarísimos: el primero es que si no tiene bien configurado su equipo es darle entrada a verdaderos hackers que pueden robarle información de su disco duro (desde contraseñas hasta la dirección de su casa). El segundo es peor, ya que si entra por accidente a un sitio ilegal, el FBI puede acusarlo de cómplice delictivo. Imagine que usted se mete a curiosear en un cuarto donde se estén vendiendo armas y de pronto entra la policía: se me va a la cárcel por mirón. No lo intente en casa, como dirían los anuncios.

Ya que lo advertí, le explicaré cómo funciona: hay diferentes rutas para entrar a estos terrenos alejados de la mano de Dios. El más común es por medio de la Red TOR, que aunque suena a dios nórdico, en realidad son las siglas de The Onion Router, un protocolo en el que una persona conecta a otra, una y otra vez por muchos niveles, sin que al final se sepa quién conectó a quién. Otra manera es hacerlo por medio de la red Freenet, muy usada en China. Hay otras maneras de entrar, cada una de ellas con un navegador especial (que no es el viejo Internet Explorer que usted utiliza) para sumergirse de manera anónima y sin ser detectado.

Sé que se está preguntando: con tanto protocolo de seguridad ¿qué puede encontrar ahí debajo? Prácticamente de todo. Los tianguis virtuales de la Deepweb son centros de reunión para mafiosos: matones a sueldo, dealers, piratas, hackers, traficantes droga, falsificadores de documentos o vendedores de armas ¿Que quiere entrar a la cuenta de Facebook de su novia? Pan comido, hay miles de personas que ofrecen ese servicio ¿quiere conseguir una base de datos de Francia? A la venta por unos cuantos dólares ¿Necesita un misil para organizar su propia guerra? Por supuesto, solo que tiene que ir a recogerlo a Irak. Hay flamantes ladrones que se ofrecen a robar lo que usted necesite, desde los planos del Kremlin hasta un collar de perlas: todo garantizado y de manera discreta. Puede conseguir cualquier software, libro o bien, la película que está a punto de estrenarse en Hollywood, mientras tenga dinero para pagarlo, siempre habrá quien venda.

Uno de los sitios más famosos era la desaparecida Silk Road, una gigantesca ciudad virtual desmantelada en octubre pasado por el FBI, que después de dos años de operación le dejó a su creador más de 80 millones de dólares en comisiones; tal cantidad de dinero pasa de computadora a computadora transformada en una moneda electrónica llamada bitcoin, creada con buenos propósitos pero desvirtuada por los malandros. Imposible de rastrear en sus orígenes, las bitcoins son el medio ideal para pagar los servicios de un maloso sin que quede constancia de ello. Digo, tampoco pensaba que podría pagar con tarjeta de crédito ¿verdad?

Aunque ser mafioso es malo, en la red profunda puede encontrar cosas peores, créame. Piense en lo peor que se le ocurra: fotos y videos sexuales de las parafilias más extrañas, tráfico de órganos, comunidades de pedófilos, manuales para hacer bombas caseras, ejecutados o accidentes. Esta red también es el refugio de gente mala que intercambia lo peorcito de la raza humana, dicho esto sin exageración.

Pero para que no se me asuste, sepa que también hay entretenimiento del bueno, secciones que harían las delicias de los conspiranoicos: pruebas de que los extraterrestres existen (¿dónde estás Jaime Maussan?), videos de seres extraños vagando por el mundo (vi por ahí un humanoide con cuerpo de palo que se subía a un edificio), fotos del Chupacabras o documentos que avalan que estamos siendo dominados ¡por una secta secreta de nazis! Pero hay más: existe un mito urbano de que todo esto que le acabo de contar es solo un nivel por arriba de la verdadera red profunda (las míticas “Marianas”), donde solo puede entrar con invitación, pero no he visto prueba de ello.

Si usted desea ver lo que esconde la Deepweb, la manera más sencilla es ir a YouTube y buscar videos de personas que han entrado a las partes más morbosas: hay muchísimos y son una probadita de lo que existe más allá de la red pública. Como dije, no lo intente en casa y mejor siga compartiendo memes en Facebook: créame que es más seguro hacerse de la vista gorda.

Guillermo Guerrero

@guillermo_ga


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