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Lunes , 22.10.2018 / 02:34 Hoy

Greta Van Fleet: ¿los salvadores del rock?

El Ángel Exterminador

¿Qué tiene de especial un grupo de cuatro jóvenes —jovencísimos— que decidieron hacer rock en esta época dominada por el hip-hop y el reguetón?
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por Daniel Herrera

@puratolvanera


¿Qué tiene de especial un grupo de cuatro jóvenes —jovencísimos— que decidieron hacer rock en esta época dominada por el hip-hop y el reguetón?

Pues no mucho, porque es algo que hacen montones de personas desde que el rock nació. Entonces, ¿qué tiene de especial la banda Greta Van Fleet para que sea tan visible en los últimos meses?

Nada fuera de lo normal, son tres hermanos y un amigo que decidieron, gracias a la influencia de sus padres, hacer un grupo en el 2012, cuando apenas estaban entrando a la pubertad y que ahora presentan su primer disco: From the Fires.

Su imagen es la adecuada para la época políticamente correcta que vivimos, cuatro niños bonitos, limpios y bien portados. Su ropa también parece perfectamente calculada, sacada directamente del catálogo básico del rock y adaptada para dar un aire nostálgico pero actualizado.

Esto también se puede ver en otros elementos, por ejemplo, la tipografía que utilizan para su nombre es exactamente igual a la de la serie Stranger Things, con reminiscencias de los setenta y ochenta.



Y, finalmente, el discurso que todos estamos esperando: los jóvenes no solo siguen escuchando rock, sino que, además, pueden ser los salvadores del género ante la avalancha de hip-hop y r&b que domina el panorama musical.

A pesar de que todo parece bastante prefabricado y planeado en la oficina de algún ejecutivo de disquera, el sonido de Greta Van Fleet es cautivante porque tiene los elementos que siempre producen felicidad al oído de cualquier rockero: guitarras distorsionadas, aunque nunca demasiado; potente voz tenor con cierta resonancia nasal, pero que, en los momentos necesarios, puede volverse rasposa; un baterista seguro con un gran sentido del uso de los platillos y un bajo blusero, casi imperceptible aunque necesario para ayudar a que el guitarrista se desarrolle.

Si a todo eso le agregamos una similitud casi calcada del sonido de Led Zeppelin, tenemos al siguiente grupo de rock que podría hacerse famoso.

Algo extraño produce en mi Greta Van Fleet: si solo los escucho me encantan, suenan al tipo de rock que adoro. Su disco casi es redondo, aunque algo repetitivo. La guitarra blusera al mejor estilo inglés y la firme batería me ponen a mover la cabeza. Es, en resumen, la música que me entusiasma.

Pero cuando los veo en videos, las dudas me asaltan. ¿Será que no puedo distinguir ya a una boy band que toca rock? ¿O será una natural desconfianza hacia su juventud? ¿Estoy oyendo rock orgánico, creado con las vísceras y el corazón o una invención corporativa construida para atrapar a esa parte del público que se ha quedado medianamente desamparada ante la avalancha de otros géneros populares? ¿Son los nuevos Led Zeppelin o los nuevos The Monkees?

Por otro lado, los han apadrinado personas como el mismo Robert Plant o Elton John, ya tocaron en el Coachella de este año y su música se puede escuchar en el soundtrack de la serie Shameless. Pasaron de ser un grupo local de un pueblito de Michigan que tocaba en bares para motociclistas y que no podían beber por ser menores de edad a vender todos los boletos en cada lugar que se presentan. Son, en otras palabras, la encarnación del sueño adolescente de todos los rockeros del mundo.


Y eso es, precisamente, lo que me hace desconfiar. No puede ser que algo sea tan bueno y que florezca en tan poco tiempo. Pero, por otro lado, deseo fervientemente que los más jóvenes dejen ya esa obsesión por el reguetón y similares y regresen a la música por excelencia de los adolescentes: el rock.

Sé que estas palabras suenan añejas ya apenas las he escrito, pero tengo derecho a expresarlas porque esta música sigue viva en el mundo. A los que vieron el rock de los sesenta y setenta y observaron la debacle durante los ochentas gracias a la música disco y el pop, también les tocó el boom que fue “My Sharona”, de los Knack. Después, cuando el grunge se despedía y todo parecía pop y boys bands por todos lados, llegaron The Strokes con “Last Nite” y quedamos maravillados: “Oh, es rock y es nuevo”.

Parece que ahora le toca el turno a Greta Van Fleet, aunque lo suyo ya no es nuevo, tampoco lo de los Strokes ni lo de los Knack, todos son parte del mismo reciclaje musical que nos entrega algo empaquetado como nuevo, pero que tiene las mismas características del rock desde hace décadas.

Por otro lado, escucho el disco de nuevo y no puedo evitarlo: me gusta tanto que ya me aprendí las canciones. Tal vez sea momento de dejarlo ir y únicamente disfrutar la música. No, no son los nuevos Led Zeppelin, a pesar de que suenan tan parecidos, ni son tan grandes como Josh Homme o Bowie o Iggy Pop, pero son un grupo de muchachos entusiasmados por el rock y con eso debería bastarme, a pesar de que no les auguro un futuro legendario.



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