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Miércoles , 17.10.2018 / 05:07 Hoy

Gato encerrado

EL ÁNGEL EXTERMINADOR / EL TONO DEL TONA

Me ofrecieron un gatito en adopción. Güerito, pequeño, peludo. Los gatos son limpios e independientes, pero tengo mis reticencias: Poseo un departamento chico y casi no estoy en casa.
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 “Prefiero los gatos a los perros,
porque no existen gatos policía”:

Jean Cocteau.

Mascotas

Nunca he tenido una mascota propia, aunque he rentado habitaciones en casas donde había gatos (con los perros no me entiendo. Me dan miedo porque cuando me huelen el miedo me muerden).

A los diez años, a mi hermano Toño y a mí nos compraron unas tortugas pequeñas, pero no les presté mucha atención. Hay gente que entierra a sus mascotas cuando fallecen, yo no sé con certeza qué pasó con esas tortugas; creo que saltaron por el balcón.

Mi única compañía viva son plantas, que alegran la vista y no hablan. Sin embargo, quizá desarrolle el valor de responsabilidad teniendo una mascota.

Gato encerrado

Me ofrecieron un gatito en adopción. Güerito, pequeño, peludo. Los gatos son limpios e independientes, pero tengo mis reticencias: Poseo un departamento chico y casi no estoy en casa, es inhumano (e ingatuno) tener un gato encerrado y aburrido (no pueden salir porque se extravían).

Tampoco me gusta la idea de llegar y encontrar al gato muerto. Y viceversa, que yo muera y el gato tenga que soportar un cadáver hasta que lo encuentren.

Les pregunté a Karina Vargas y a Verito Maza Bustamante (propietarias de gatos) cómo es eso de tener un gato. Supe que, además de quererlo, acariciarlo y jugar con él, hay que comprarle una caja con arena (que hay que cambiar semanalmente), croquetas, un afilador de uñas, vacunarlo y esterilizarlo. Es decir, representa un gasto.

Decidí pensarlo un rato (pero no tanto como para que el gatito crezca).

Reino salvaje

El fin de semana fui a casa de los amigos que me ofrecieron a Carlos Galán III (su nombre lo saqué de los miles que salieron en los créditos finales de la película Avengers: Infinity War), para convivir con él y decidir si lo adoptaba.

Jugamos y lo cargué. La madre del gatito ronroneó. No sé por qué pero pensé que quizá tuviera celos de madre y decidí cargarla también, para que viera que no había mala onda de mi parte al llevarme a su crío.

A diferencia del gatito, el cuerpo de su madre se me hizo gelatinoso y movedizo. La levanté bruscamente para acomodarla, pero dio un salto, me rasguñó la cara, rebotó en mis brazos, volvió a brincar, me rasguñó otra vez y salió disparada de la habitación.

Fueron movimientos dignos de un maestro de artes marciales (en el kung fu hay movimientos inspirados en animales: grulla, dragón, tigre, mantis religiosa, mono, etc., pero les falta el gato). Los propietarios de la gata se sintieron apenados, aunque en realidad no hizo nada malo, pues en el reino salvaje no existe la ética ni las motivaciones intelectuales; por muy domesticada que esté una mascota, sigue siendo más instintiva que racional. Un animal no ataca porque le quieran quitar la chamba, su dinero o su buen nombre: si está en tus brazos y haces movimientos que le parezcan sospechosos, pensará que te lo quieres comer o violar, y reaccionará de forma instintiva sin levantar demandas ni dejarte de hablar.

Perdoné al gato (no me gusta decirle gata, pues las palabras “gata” y “perra” me parece que tienen connotaciones misóginas) y me reservaré su nombre (pues me parece muy bajo acusar a un animal indefenso), pero me tomaré un poco más de tiempo para pensar si adopto al gatito. Quien sabe si cuando crezca le salga su lado más salvaje de la vida (como a Lou Reed).

Los Arieles

Hoy es la entrega del Premio Ariel que otorga la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas (a la que pertenezco) y no quiero andar mostrando una cara rasguñada por los pasillos del Palacio de Bellas Artes, qué tal si me encuentro a Gael García y a Diego Luna y hacen preguntas.

—¿Qué te pasó en el rostro?

—Nada grave. Me atacó un gato.

—¿Qué clase de gato?

—Supongo que gato montés.

—¿Estás seguro que fue un gato?

—Miren amigos, yo sé que ustedes ni siquiera saben quién soy, solo se me acercaron porque llamo la atención, pero agradezco su interés. Los dejo, voy a platicar con Jesús Ochoa, que tampoco es mi amigo pero es muy cagado.

Así fue como compré maquillaje, pero como soy novato adquirí uno que no era de mi tono; ahora parezco una mezcla de Frankenstein y Mit.

Maquillaje

Tengo miedo de volver a la tienda de cosméticos y comprar el maquillaje que me va. Quizás también se me antoje comprar un rubor, rimel, lápiz labial, una peluca, un brassiere, medias rellenas de hule espuma para rellenar el brassiere y demás aditamentos para sacar mi lado más salvaje de la vida (como Lou Reed), pero también representa un gasto. Tengo que pensarlo un rato.

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