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Viernes , 22.06.2018 / 01:03 Hoy

Fin del 'reality'

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EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

Hace una semana (el 29 de marzo) publiqué que mi prima Mónica, mi hermano Toño y un servidor habíamos ocupado la casa de mi mamá para cuidarla, pues un accidente la había mandado a la cama, en un reality show titulado: Rescatando a Mamá. Con pena les informo que el reality se acabó, pues Lety Pérez, la protagonista, se le ocurrió fallecer en el segundo capítulo (quizás pensó que con ese sorpresivo giro dramática aumentaría el rating).

Murió a las cinco y media de la mañana del 30 de marzo. Mi mamá era diabética, permanecer tanto tiempo en cama le provocó un coma diabético, como suscribió el dictamen médico. Aún pudo leerme con su último cigarro.

Después de que la funeraria viniera a recogerla, mi primo Pepe, Mónica y yo decidimos irnos en el carro de mi primo Alejandro (mi coche, como les conté en el capítulo anterior, no tiene batería). Por la emoción y una probable desvelada, Alejandro no hallaba su coche, Mónica lo acompañó a buscarlo.

Cuando nos recogió Alejandro, dejamos a Pepe y fuimos a nuestras respectivas casas para recoger cosas y lanzarnos a la funeraria. Había mucho tráfico. Durante el trayecto pensé en una foto de los sesenta, dónde ella me abraza, yo tendré uno o dos años de edad y me pusieron una toalla en la cabeza, como árabe; ella me abraza con protección, tal y como yo la abracé los últimos días, abrazándola y cargándola para acomodarla en su cama, pues se desparramaba cual muñeco de trapo. Quizás todo lo que me dio mi mamá no fuera más que ese abrazo, un abrazo que le devolví en vida y que me une a ella cual abrazo umbilical.

Al velorio acudió mucha gente, parientes y amigos, Las Ratas de Trípoli (pandilla de la Portales), el PRD de la Benito Juárez, Carlos Marín y Martí Batres (de hecho, Martí y Claudia, la secretaria de Marín, llegaron a la una en punto, pero mi mamá no estuvo lista hasta la una y media, así que tuvieron que marcharse y regresar).

Mi mamá trabajó con Martí cerca de veinte años, en cámaras, asambleas, secretarías, casas de campaña, etc., y lo mismo le llevaba sus cuentas que supervisaba a los trabajadores que le hacían reparaciones domésticas, pero ya no quiso seguirlo a Morena y se quedó en el PRD. Yo le decía: “Mamá, el PRD está infectado de Chuchos” y ella replicaba: “Pero yo estoy en el PRD Benito Juárez, ahí no hay Chuchos”, como quien te dice: “Yo trabajo para Canal 4, no para Televisa”.

Lety Pérez fue maestra normalista, quién por mi abuelo, el agrónomo Tlacoache Luis Pérez, viviera en Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Xalapa y Distrito Federal, quien más bien se dedicara a ama de casa y a partir de 1988, fundadora y activista del Partido de la Revolución Democrática. Yo regresaba del CUEC por la noche y me topaba con reuniones con personas indignadas por el fraude de Salinas; en la pared colgaba un reloj que decía Frente Democrático Nacional. Pero más que compañera de lucha, a mi mamá le gustaba la chorcha y era muy cariñosa, para muchas niñas fue una abuela.

Por supuesto que mi mamá tampoco fue una Santa. A veces se pasaba de chismosa, le reclamabas y replicaba: “Yo no dije ningún chisme… yo nomás dije que Fulanito y Perenganita están muy juntitos, no se vaya a enterar su esposa”. También era muy radical (cuando iba en la secundaria me agarraron en Gigante por arrancarle un póster a una revista Caballero y mi mamá le dijo al policía: “Lléveselo”. Tuve que hacer un drama para que pagara la revista y me dejaran ir). Podría ser dura, pero siempre por motivos justicieros.

Una señora humilde, morena y ojos saltones (con una hija idéntica a ella) chillaba sobre el féretro: “Lety siempre me daba consejos chidos”, me dijo que se llamaba Agustina y le animé a llevarse un arreglo grande de flores, cuando se llevaron el cuerpo para su cremación.

A finales del año pasado falleció mi tía Marina (hermana de mi difunto padre, el Pocho) mi mamá se puso muy triste y decía que los veía, que sentía que pronto se reuniría con ellos. Como en una foto que encontré, donde nos llevaron al circo con mis primas Tita y Blanquis y el Memín, se reunieron en algún lugar remoto, desde el que nos contemplan como circo.

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