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El fantasmagórico sonido woo-woo

En todo caso hay un trozo de la musiquilla que oyeron circulando por internet, una pieza del sonido woo-woo que lo mismo puede ser el ruido de una interferencia que la obra de un Philip Glass espacial.
En todo caso hay un trozo de la musiquilla que oyeron circulando por internet, una pieza del sonido woo-woo que lo mismo puede ser el ruido de una interferencia que la obra de un Philip Glass espacial. (Mored)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

EL PEZ SOLUBLE

 

Jordi Soler


Hace unos meses la muy famosa NASA publicó, o dejó escapar, la información de que en el año 1969 tres astronautas que sobrevolaban la Luna escucharon, a través de su sistema de radio, una musiquilla espacial que los puso sumamente nerviosos. Thomas Sttaford, John Young y Eugene Cernan son los nombres de los astronautas que se toparon con la desconcertante música un poco antes, en mayo, de que Neil Armstrong, en julio de ese mismo año, pusiera sus aparatosas botas en la superficie lunar. De acuerdo con la historia que nos cuentan estos astronautas, su nave iba sobrevolando el lado oscuro de la Luna, the dark side of the moon que diría Pink Floyd, cuando comenzaron a oír una suerte de chirrido melódico, con un tempo que invitaba a mover rítmicamente el zapato o, en este caso específico, la bota de fosforescencia psicodélica que repartía la NASA entre su personal. Aquella música, según relatan, estuvo sonando durante una hora, de una forma tan desconcertante que los tres astronautas concluyeron que lo más saludable era callarse la boca. En cuanto abandonaron el dark side la música cesó y a otra cosa mariposa, el trío de astronautas se puso a medir radiaciones, a visionar cráteres, a calcular profundidades cósmicas y a recoger polvo estelar con una suerte de cedazo que llevaba la nave en la trompa. Se pusieron a hacer el trabajo que facilitaría las labores del siguiente trío de astronautas que sería el equipo que llegaría a la Luna.

Lo de la música espacial se lo callaron, ¿por qué?; seguramente por miedo a que sus jefes creyeran que se habían vuelto locos, y este miedo terminó abortando una investigación que quizá merecía la pena. Probablemente lo correcto hubiera sido avisar a los siguientes astronautas para que fueran preparados a la hora en que empezara a sonar la música lunar, para que pudieran contarnos hoy qué demonios la producía, o quién era el que la interpretaba. La cosa es un misterio, todo cabe en el lado oscuro de la luna, pero también es verdad que resulta altamente sospechoso que solo la hayan oído mientras sobrevolaban esa zona. ¿Obraron bien los astronautas al ocultar ese dato? Desde luego que sí, porque de haber llegado con esa historia a Houston los hubieran mandado con el psiquiatra. ¿O qué haría usted, que ni astronauta es, si viera un platillo volador sobrevolando la carretera a Cuernavaca? Si lo contara le dirían que está loco, o bebido, y si presentara la prueba de una fotografía dictaminarían que se trata de un burdo Photoshop y que usted, además de loco y borracho es una persona desesperada por llamar la atención. La gente desea que le sucedan esas cosas increíbles, ver un platillo o un marciano, hasta que le suceden y entonces ya no sabe qué hacer con esa experiencia; esta situación anecdótica sucede también en la NASA, que manda naves para que encuentren algo en el espacio pero si lo que encuentran es muy raro mejor clasifican la información. Yo mismo vi una vez, hace como veinte años, un asombroso platillo volador entre los cerros de Tepoztlán y decidí, y lo mismo decidieron los que estaban conmigo, que lo mejor era no decir nada. Pues lo mismo deben haber pensado esos astronautas, y también los que les siguieron a continuación, Armstrong, Aldrin y Collins: mientras los dos primeros caminaban sobre la superficie lunar y clavaban su bandera, Michael Collins daba vueltas en la nave y, cada vez que sobrevolaba el lado oscuro, oía esa musiquilla que le habían ocultado sus compañeros, “un fantasmagórico sonido woo-woo”, así clasificó el fenómeno.

La información que publicó hace poco la NASA también trae la conclusión de que el sonido woo-woo no era más que una interferencia de la radio que usaban los astronautas para comunicarse con Houston, pero esto ya es simplificar demasiado el misterio pues, por otra parte el astronauta Aldrin, que caminó junto con Armstrong en la superficie lunar, reveló que había visto cosas que no podía explicar durante aquel viaje y, en lugar de contarlas, se dedicó a beber alcohol a mansalva, a evadirse de esa realidad inexplicable que había visto en el espacio, y años más tarde, ya en un periodo de sosiego impuesto por su médico, se dedicó a dar charlas en universidades, alguna de estas en España, para contar, de manera velada, lo que había visto.

En todo caso hay un trozo de la musiquilla que oyeron circulando por internet, una pieza del sonido woo-woo que lo mismo puede ser el ruido de una interferencia que la obra de un Philip Glass espacial. En ese material que liberó la NASA, puede oírse al astronauta Eugene Cernan preguntar a sus compañeros: “¿Están oyendo eso?” y luego declarar textualmente que se trata de “música del espacio exterior”.

Y si esa supuesta interferencia de radio fuera en realidad, y como pensaban los astronautas, música producida por habitantes de otros planetas, ¿no relativizaría eso nuestra dudosa superioridad cósmica? Aquel fantasmagórico sonido woo-woo podría situarnos, de golpe, en nuestra justa, y muy ridícula, dimensión.

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