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La experiencia doméstica de Jimi Hendrix por Londres

Fue su santuario provisional en medio de una metrópoli aún no habituada a las migraciones masivas, pero más proclive a la discriminación racial donde un negro solía ser desdeñado.
Fue su santuario provisional en medio de una metrópoli aún no habituada a las migraciones masivas, pero más proclive a la discriminación racial donde un negro solía ser desdeñado. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Miriam Canales

@miricaiba


Para el Dr. G


Desde febrero de este año se abrió al público la casa que habitaron en diferentes épocas tanto Jimi Hendrix como el compositor barroco Handel en Londres. Por vez primera, mediante el proyecto Handel and Hendrix in London, se conoce un fragmento de la intimidad casera del guitarrista antes de que la muerte le sorprendiera en esta ciudad en septiembre de 1970.

Fue su santuario provisional en medio de una metrópoli aún no habituada a las migraciones masivas, pero más proclive a la discriminación racial donde un negro solía ser desdeñado. Lejos de su natal Seattle, encontró cobijo dentro del número 25 de Brook Street, dentro del barrio de Mayfair, desde julio de 1968 hasta inicios del año siguiente. A su llegada a esta capital conoció a la estilista inglesa Kathy Etchingham, con quien mantuvo una relación sentimental por dos años y medio y fue inspiración de varias de sus canciones, como “The Wind Cries Mary” o “Foxy Lady”. Ella ha sido una de las máximas fuentes informativas para recrear los escenarios dentro de la morada.

Ubicado al centro-oeste, Mayfair es un vecindario fastuoso. Desde los años sesenta se encontraba repleto de boutiques y tiendas de ropa, y hoy es otro punto geográfico invadido por la gentrificación. Hasta la fecha conserva su prestigio como un referente actual para la moda y la alta costura, donde han surgido, entre otros, nombres portentosos como Alexander Mc Queen.

Mucho tiempo antes, otra figura había residido durante 36 años en el mismo domicilio hasta su muerte en 1759: el compositor alemán Georg Friedrich Handel, cuyo legado también había envuelto a Hendrix, sin ser gran conocedor del género clásico; aunque sí profesaba una admiración particular por otros cantantes más modernos como Bob Dylan, John Lee Hooker o Howlin’ Wolf, cuyos discos se muestran en sus muros como parte de su colección personal, así como uno de la ópera barroca El Mesías, de su inquilino previo.

Bajo el patrocinio de la instancia inglesa The Heritage Lottery Fund y otros apoyos privados de mecenas y músicos, es como esta morada se consideró primero como rescate a la memoria de Handel en 2001. Sin embargo, en 2007 el proyecto y el patrimonio Handel House Trust se extendieron hasta abarcar el lado donde residía el guitarrista. Hasta el 10 de febrero de 2016 quedó concluida la obra de restauración con un costo de 2.4 millones de libras esterlinas. Aquí se exhiben sendos acervos como su memorabilia: vestimenta, instrumentos musicales, pinturas y fotografías; se espera que en los próximos años, según su sitio de internet, sean completados el ático y otras habitaciones que aún permanecen desalojadas en esta angosta residencia de cuatro niveles.

En esta visita es evidente que algunos detalles de organización no se encuentran del todo definidos. Uno de ellos es la falta de congruencia entre la reserva de boletos mediante su página web, que muestra un aparente sold out diario, y la venta presencial donde todavía hay disponibilidad. Los costos también varían según el horario, día y si se visita solo el área de Handel o la de Hendrix o la casa completa, y provocan confusión. Al llegar, una chica de servicio social que custodia la puerta se equivoca con mi acceso y se demora más de diez minutos en permitirme el paso al comprobar su error. Aunque el precio oscila entre las tres y las diez libras (de 78 a 260 pesos), la tienda de regalos no resulta nada económica; el souvenir más caro es una réplica de un oso de peluche que alcanza las 50 (mil 300 pesos).

Algunos recovecos carecen de mobiliario y hacen lucir la casa semivacía, excepto por la zona mejor representada, que fue su dormitorio, donde sin vigilancia alguna los visitantes tocan las pertenencias, toman las guitarras y hasta se posan sobre su cama en busca de selfies o imágenes para sus redes sociales. Su ventanal ofrece un cielo gris y nublado, propio de un frío día londinense al final del invierno. La museografía, conformada por audios, unos cuantos videos y una amplia colección fotográfica, conserva coherencia y su línea de tiempo muestra información precisa, pero la investigación se asemeja más a una exposición temporal que a un museo en sí.

Como anécdotas complementarias de su estancia, fueron muchos los prejuicios y habladurías en torno a Hendrix, como su activa vida nocturna llena de conciertos, fiestas y bacanales que lo llevaban a dormir por la mañana y despertar hasta las dos de la tarde; se ganó el apodo de El murciélago. A raíz de esta reputación y su creciente popularidad entre negros y blancos, algunos otros propietarios cercanos se negaban a recibirlo por temor a disturbios, según explican los rótulos sobre su breve pero intensa historia por Brook Street.

Cabe mencionar que no fue en este domicilio donde falleció a causa de una sobredosis de heroína, sino en la habitación 507 del Hotel Samarkand del barrio de Notting Hill, que aún ofrece sus servicios. Él solía divulgar que cuando muriese no sería despedido mediante un funeral, sino con una sesión de jam. Ahora ya hay un espacio específico para celebrarlas.

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