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Miércoles , 19.09.2018 / 22:05 Hoy

Están viendo y no ven

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Katya Vega

@_vekatya


Son numerosas y hasta absurdas las situaciones a las que se enfrenta alguien con una deficiencia visual en México. Una de ellas es la que rodea el trámite para revalidar, cada año, el holograma para los automóviles de personas con discapacidad.


Siempre he tenido la firme creencia de que México es un país maravilloso, lleno de contrastes, de diversas realidades, diferentes culturas, tipos de territorios, experiencias, idiosincrasias. Podemos encontrar desde paisajes desérticos, áridos y secos, como en Monterrey, hasta parajes selváticos y húmedos en Chiapas; ciudades tan pobladas como la de México hasta localidades con un habitante por cada metro cuadrado. Sin ir más lejos, en la península de Baja California Sur hay playas tan tranquilas y con el mar con un oleaje tan calmado que parecen chapoteaderos para niños, mientras del otro lado hay litorales con vista al mar abierto, donde comúnmente hay marea roja y te encuentras letreros en la playa que te explican el efecto lavadora y su peligro. Un país, pues, en donde puedes encontrar restaurantes de lo más elegantes, deleitarte con carísimas cenas gourmet preparadas con toda delicadeza y, al mismo tiempo, puedes desayunar una torta de tamal —nuestra querida guajolota— o, de perdida, una rica torta de chilaquiles.

Como México no hay dos. Una vez escuché a una persona dar una definición de nuestro país con la que estuve plenamente de acuerdo. Dijo: “México es un país surrealista. Si Kafka lo hubiera conocido, preguntaría: ‘¿Y cómo le hacen?” Para muestra, basta un botón: Uber opera en más de 50 países, y el único de estos capaz de colapsar el logaritmo con el que trabaja fue ni más ni menos que el nuestro. ¡Sí, señor! ¿Quieres ver novedades y cosas creativas? Date una vuelta el sábado en la mañana para conocer qué te ofrecen los vendedores del Metro y saldrás con la bolsa del shopping bien llena.

Y es que teniendo una de las ciudades más grandes del mundo, pues, ¿cómo no? Hay de todo para todos; literalmente, DE TODO. Es por esto que me gustaría relatarles cómo es para mí vivir en México: las muchas situaciones a las que te puedes enfrentar siendo una persona con discapacidad pero, sobre todo, una mexicana discapacitada. Les juro que hay infinidad de experiencias, historias y anécdotas que contar. Algunas incluso pueden narrar hechos que resulten caricaturescos, rayando en lo bizarro o el absurdo.

Por ejemplo, esta semana realicé un trámite que tengo que hacer año tras año y consiste, básicamente, en reiterar, jurar y volver a confirmar que sigo estando ciega. Cada 12 meses, para validar el holograma de discapacidad que llevo en mi coche, me piden que presente un nuevo y actualizado reporte de una institución gubernamental —no vaya a ser que engañe a un doctor privado sobre mi ceguera— que verifique efectivamente que no ocurrió un milagro y ahora, mágicamente, ya veo.

Mi consulta es realmente una visita anual que podría formar parte de un chiste: paso con el doctor, ayudada de mi siempre fiel bastón, y lo saludo: “¿Qué onda, doc? ¿Qué ha visto estos días, qué hay de nuevo? Pues yo ya ve, aquí, confirmando que no... todavía no se me hace el milagro, y eso que he puesto santitos de cabeza, ido de rodillas a La Villa, hasta me hice una limpia… pero ni por esas se me hace el prodigio”.

Pero ése es solo uno de los requerimientos absurdos para tener el holograma. Otro de ellos es que el coche tiene que estar a nombre de la persona discapacitada. Y me pregunto: ¿qué pasa si la persona discapacitada es un menor de edad que tiene discapacidad motriz, parálisis cerebral o discapacidad mental? El primer obstáculo va a ser sacarle la firma para poner a su nombre el coche. Pero aun si eso no fuera un problema, falta pensar en cómo hacerle para conseguir otra firma que corresponda con la primera para cuando decidas vender el auto.

Por si esto no es lo bastante absurdo, aún queda la condición más espectacular: para poder tener placa de discapacidad, la persona que se encuentre manejando el automóvil tiene que ser necesariamente la persona con discapacidad. Así que si eres ciego, estás en silla de ruedas y no cuentas con bastones para los pedales o tienes algún tipo de discapacidad que te impide manejar, lo siento, eres inadecuado para tener este tipo de placa que, sí, se supone que es precisamente la destinada a las personas con discapacidad para que puedan tener algunos privilegios que los ayuden a moverse mejor en la ciudad.

A veces nada más me queda reírme de este tipo de requerimientos. Pero, quién sabe, tal vez quienes hacen estas disposiciones ven menos que yo.

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