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Estados (Alterados) Unidos

La gente se espanta porque ganó un sujeto prepotente y sexista, pero, ¿qué esperaban? Los gringos son así
La gente se espanta porque ganó un sujeto prepotente y sexista, pero, ¿qué esperaban? Los gringos son así (Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


“Los políticos no caen del cielo.
Salen de entre nosotros”:
George Carlin

Durante las elecciones de 1994 en México, mi hermano Marco Antonio González estaba estudiando un doctorado en Psicología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, España. Estaba convencido de que nadie votaría por el PRI, tras el terrorífico sexenio de Salinas. Yo le decía: “Va a ganar el PRI”; él replicaba: “Pero es un partido descaradamente corrupto”, y yo le contestaba: “Los mexicanos somos descaradamente corruptos”.

Claro que las elecciones mexicanas son distintas a las gringas. Por tradición, las nuestras siempre han estado empañadas por la sospecha del fraude electoral, las gringas no; desde que a Richard Nixon le cacharon sus mapaches en 1972, se supone que las elecciones estadunidenses rechinan de limpias. El pueblo votó y a Donald eligió.

La gente se espanta porque ganó un sujeto prepotente y sexista, pero, ¿qué esperaban? Los gringos son así, con el agravante de la ignorancia extrema (tal y como puntualizó Michael Moore, quien anticipó el triunfo del Trompas). La cultura estadunidense exalta al antihéroe rudo, macho, que viola las reglas establecidas (evade impuestos y tortea mujeres). No había pierde, Trump es su Cuauhtémoc Blanco remasterizado.

Lo que más frustró a la mayoría fue el revés en las urnas contra lo expresado en las encuestas, pues se habían forjado la esperanza de impedir el triunfo del Cuarto Reich. Las elecciones dejaron ver al gabacho bronco, oculto tras la fachada de estadunidense polite que presume estar con las causas justas.

Yo no tendré un doctorado en Psicología Social, pero he visto Dr. House, y sé que la gente miente. La mayoría de los estadunidenses son racistas de clóset, que mintieron a las encuestas, recordándome el comportamiento de las redes sociales. Recién falleció el poeta y músico Leonard Cohen y cundieron los mensajes tipo: “Leonard Cohen cambió mi vida”, “¿Qué vamos a hacer sin Leonard?”, “Otro baluarte que se nos va este año”, en vez de poner: “Yo ni lo conocía”, “Siempre me dio hueva” o “Prefiero a Ricardo Arjona”.

En las redes sociales la gente tratará de mostrarse políticamente correcta, exhibiendo sus valores (aunque sean ficticios), porque en el ciberespacio todos somos buenos.

Haiga sido como haiga sido, los gringos ya nos impusieron a un demente furioso en el trono del mundo, pero no se asusten tanto, ya hemos pasado antes por esto. Estados Unidos es la dictadura perfecta: no tiene más que dos partidos con una misma ideología: chingar a los demás. Gane el que gane, su presidente tiene la misión de ser enemigo de quien sea, generar guerras, vender armas; lo de siempre.

Estados Unidos siempre ha sido el dueño de las bombas y nos tienen en guerra fría permanente, pero no son capaces de ejecutar acciones que se los lleven a sí mismos entre las patas.

No es la primera vez que Estados Unidos tiene un presidente reaccionario, antipático y pendenciero: Reagan y los Bush, en su momento, fueron los villanos, solo que éste infunde más miedo porque su discurso es de odio, particularmente contra los mexicanos y los musulmanes, un discurso por lo demás espectacular, pero que tiene impedimentos. Trump con su muro es como Calderón prometiendo empleos. ¿De dónde saca que los mexicanos vamos a pagar un muro, si no nos alcanza ni para pagarle a Coppel? Si Peña Nieto nos obliga a cargar un solo ladrillo se le arma la revolución: pobres y huevones, ya parece que nos vamos a estar prestando; además un muro no detiene el flujo de hispanos que entran con visa y se quedan. Los gringos están condenados a ver nuestros rostros prietos caminando por la Quinta Avenida. Trump no va a poder cumplir sus promesas de campaña, es imposible.

Yo le recomendaría al Partido Demócrata afiliar como de rayo a Charlie Sheen y prepararlo para las próximas elecciones. Charlie representa los mismos valores que Trump (el actor le ofreció su apoyo al principio y luego renegó de él), también es machista y transgresor de lo políticamente correcto (no solo en su personaje de Dos hombres y medio, sino en la vida real), pero a diferencia del republicano, Charlie es jocoso, cínico, galán, desmadroso, entrañable. Seguro con él recuperan la presidencia (para que los gringos nos sigan jodiendo como siempre, pero sin gobernantes aterradores).

Lo bueno es que Trump nos metió en el mismo saco con los musulmanes y, como enemigos comunes, los terroristas no andarán tirando bombas de este lado.

Lo único que salvará a Estados Unidos (y al mundo) es tener un partido comunista.

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