QrR

'La entrevista'. ¿La guerra del bodrio?

Cartel de la película La entrevista
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Iván Ríos Gascón


Meses antes del atentado a la redacción del magacín francés Charlie Hebdo del 7 de enero, ciertos ataques cibernéticos a Sony Pictures y otras amenazas pusieron en la agenda de la opinión pública el patético filme La entrevista, codirigido por Seth Rogen y Evan Goldberg, lo que lo catapultó como "producto mártir" de la intolerancia y la malevolencia del líder de Corea del Norte, Kim Jong–un. El affaire alcanzó dimensiones políticas inusuales, pues mientras Sony Pictures anunció la cancelación provisional del estreno, Barack Obama manifestó que sería un error ceder ante las presiones de los norcoreanos radicales y, como respuesta, de aquel bando recibió insultos e intimidaciones redobladas. Resultado: La entrevista se ganó el mote de "la película del terrorismo", que a la postre le ha servido como gancho publicitario.

La dupla bobalicona Rogen–Goldberg ya había realizado This Is The End (2013), insulsa comedieta sobre el Apocalipsis desde el punto de vista de la fauna de Los Ángeles —la fauna de Hollywood para ser exactos—, plagada de chistes de pastelazo, chacotas de mentalidad teenager y ocurrencias estilo Jackass, orquestada por una panda de humoristas chafas, todos cuates de Seth Rogen: James Franco, Jonah Hill, Craig Robinson y Jay Baruchel, más la participación fugaz de Michael Cera, el perpetuo nerd, y de Emma Watson, a la que también le ha costado sangre, sudor y lágrimas deshacerse del lastre de otra nerd, Hermione Granger, de la serie Harry Potter.

Chauvinista, de una ñoñez falsamente provocadora y moralista a su manera, This Is The End es la película perfecta para el yanqui clasemediero, el analfabeto funcional y el aficionado a las sitcom de baja estofa, ese público que se complace con simplistas bufonadas que ni siquiera llegan al rango de parodia. Con estos antecedentes, ¿qué podía esperarse de La entrevista sino una mofa aún más chauvinista, ñoña y moralista?

Como comediante, Seth Rogen es igual de insufrible que otros fantoches sorprendentemente taquilleros, digamos Sacha Baron Cohen o Zach Galifianakis, solo que con aire pretencioso y menos gracia. Entre sus "éxitos" se cuenta el haber destrozado a El Avispón Verde en la malograda cinta de Michel Gondry (2011) con su antipática mentecatez, ya que quizá lo más rescatable de su ingente filmografía de actor sea Take this Waltz (2011), de Sarah Polley, precisamente porque no es una comedia. Pero volviendo sobre La entrevista, esa peli que se insertó en el tema de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, lo que hicieron Rogen y Goldberg realmente es una gansada de poca imaginación y alto presupuesto: el adalid televisivo Dave Skylark (James Franco) y su productor Aaron Rapaport (Seth Rogen) consiguen por casualidad que Kim Jong–un (Randall Park) participe en su programa. Debido a que ya están cansados de lidiar con la triste etiqueta de charlatanes mediáticos y pretender afirmarse como verdaderos periodistas —su programa es una mezcla de Oprah Winfrey y Graham Norton—, disponen un viaje a Pyongyang para, esta vez, hacer un trabajo serio. Sin embargo, no cuentan con que la CIA aprovechará el insólito privilegio que este par de idiotas tendrá de departir con el líder indeseable (tan solo otro bellaco de la mitología patriotera gringa de los últimos tiempos como Saddam Hussein y Osama bin Laden, Fidel Castro o incluso el difunto Hugo Chávez), y los recluta para que lo liquiden "en nombre de la paz".

Lo que sigue solo es una serie de estupideces que resaltan la imbecilidad del tirano y enfatizan el escarnio de una sociedad alienada por el autoritarismo, a través de peripecias y chistes malos en línea con el prehistórico discurso de la guerra fría: la exaltación del espíritu de superioridad, la audacia y la autoridad moral (vaya paradoja) de la democracia estadunidense, aderezado con "sentido del humor", o lo que Rogen y Goldberg creen que es ese sentido: situaciones absurdas, diálogos para espectadores con tres neuronas, retruécanos argumentales que emulan el ingenio barato de las franquicias hollywoodenses como No es otra tonta película americana y que tocan de refilón las babosadas de Borat (2006) y El dictador (2012) interpretadas por el mentado Sacha Baron Cohen.

Sí, ya sé. Cualquiera podría decirme que este texto es una exageración, que sobredimensiona a una película que no pretende otra cosa más que divertir, y tendrían toda la razón. Sin embargo, el affaire renació hace un par de semanas con la noticia de que en Corea del Norte se decretó la pena de muerte para quien distribuya, exhiba o ¡vea! La entrevista, y tamaño disparate se intensificó con el hipotético ultimátum que el régimen de Kim Jong–un lanzó a Estados Unidos: retiran el filme o se las verán con los misiles.

Y mientras tanto, La entrevista puede verse gratis en la web, gratis en Netflix, circula alegremente en la piratería y habría que ser un despistado de siete suelas como para pagar por verla en Cinemex y de paso chutarse más bazofia como los anuncios del Partido Verde, porque, para variar, en México siempre nos dan gato por liebre.

¿Entonces?... Bueno, valdría la pena reflexionar en el grado de ironía que hay en este entuerto, en caso de que realmente estallara un conflicto entre las dos naciones pero no por discrepancias ideológicas, cuestiones económicas o geopolíticas o por el dominio de los recursos naturales sino, simple y llanamente, por un bodrio. Aunque ahora que lo pienso, las conflagraciones rara vez tienen coherencia y si ya hubo una "guerra del fútbol", aquellos terribles cinco días de fines de la década de los 60 en que Honduras y El Salvador se tundieron salvajemente, pues mejor sigamos pensando en ese extraño, oscuro grado de ironía que tanto jode al mundo.


< Anterior | Siguiente >