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Tres enormes regresos inadvertidos del 2013

UNWOUND

Entre 1991 y 1993 en la ciudad de Olympia, capital del Washington alternativo, el que no es DC y tampoco alberga la Casa Blanca, ubicada en el rincón oeste más frío de los Estados Unidos, se germinaba una banda cuyos primeros ep ya estaban destinados al culto: Unwound, trío formado por el vocalista Justin Trosper, el bajista Vern Rumsey y, tras la salida del primer baterista, con la fiel presencia de la sexy Sara Lund. Unwound es una banda cuyo estilo fue catalogado como hardcore experimental por su inteligencia encabronada, pero sin tampoco ceder al riff asequible de las guitarras indie. La definición no es apresurada: su música posee esa velocidad áspera e iracunda del hardcore, la voz opaca, pero modulada de Trosper que, cuando menos te lo esperas, grita sin preciosidades, pero en la que intercalaban digresiones calmosas, casi hipnóticas (heredadas de la experimentación pospunk de bandas como Theoretical Girls), mezcladas con sonidos de laboratorio, además de componer un gran repertorio de piezas instrumentales, similar a lo que hoy se denomina como posrock, pero en los 90 ese término era el lujo de unos cuantos. Parecían adolescentes nerds y vándalos al mismo tiempo. Unwound editó montón de ep, siete álbumes de estudio y un par de compilaciones. Los más apapachados de su disquera Kill Rock Stars Records y de la crítica especializada abandonaron las guitarras y los escenarios en 2002 por diversos motivos. En octubre de 2013 regresaron con la frente en alto y Kid Is Gone, un muy esperado nuevo álbum, tanto por fans como por nuevos admiradores que empezaron a seguir su carrera cuando estaban en inactivo. Kid Is Gone es un trabajo perfecto, sin resbalones, ni una sola canción mala y, como su nombre lo dice, son melodías hardcore provenientes desde la resignación de la madurez, bramidos nostálgicos sobre el chico que se ha ido y no volverá. A ponerle atención a esta gran obra.

LUSCIOUS JACKSON

Este cuarteto de morras, después trío, nunca pudo zafarse de esa Polaroid imaginaria en la que aparecían como las protegidas de los Beastie Boys, especialmente durante sus dos primeros discos, In Search of Manny y Natural Ingredients, época en la que muchos se referían a ellas como las Beastie Girls, nada más porque Kate Schellenbach, baterista de las Luscious, palomeó con los raperos neoyorquinos  a principios de los 80, dándole con las baquetas, pero también haciendo coros mientras brincaba sobre el escenario con una euforia que parecía incitar a un slam al tú por tú con cualquiera de los Beastie, y porque los dos álbumes antes mencionados fueron editados por la Grand Royal, disquera propiedad de los Beastie. Las Luscious tenían actitud de basquetbolistas punk, sonido funk, cimientos de hip-hop y un insinuante orgullo de ser féminas, que no feministas (en el libro de Chérie Turner The Riot Grrrl Movement: The Feminism of a New Generation, Kate Schellenbach declaró que “es un truco publicitario. La tendencia femenina del rock no es más que una estupidez”), sus videos solían ser aventuras urbanas que ponían en evidencia su devoción tanto por el género que segrega testosterona ante el estímulo más vil y escueto, como por los tacones. En 1996 Jill Cunniff, Gabby Glaser, Kate Schellenbach y Vivian Trimble lanzaron lo que sería su disco más exitoso, Fever in Fever Out, que incluía el éxito “Naked Eye”. Electric Honey saldría al mercado ya sin la tecladista Vivian Trimble en 1999 y tras una discreta gira, las chicas emprendieron carreras en solitario con un mediano éxito. En octubre del año pasado se empezó a escuchar “#1 Bum”, primer sencillo de Magic Hour, el nuevo álbum de Luscious Jackson después de 13 años de ausencia y su video es un divertido autohomenaje a ese universo Luscious, habitado por batos nalgones y chicas en shorts retros que practican deportes propios de los hombres. Aunque al parecer la Trimble se resiste a regresar con sus otroras comadres (y su ausencia es notoria), Magic Hour es un álbum redondo. A diferencia de Unwound, aquí parece que las chicas mandaron la madurez al carajo, pero ¿a quién le importa habiendo funk, nalgas peludas y braguetas ajustadas? Eso nunca pasa de moda y a las Luscious Jackson habrá que darles el lugar que se merecen en la historia del rock estrógeno.

PREFAB SPROUT

Es casi un hecho científico que 87 por ciento de los cd compilatorios de éxitos de los 80 incluyen los sencillos “The King of Rock And Roll”, pero sobre todo, “Cars And Girls”, de Prefab Sprout, lo que hace sospechar que de todos los regresos de 2013, el de Paddy McAloon o, mejor dicho, el de Prefab Sprout es quizás el que más arbitrariamente pasó de largo, siendo que Paddy es considerado por la prensa musical como algo más que un genio del pop y un letrista (¿y por qué no, poeta?) que no le pide nada a otras figuras famosas por su capacidad con la lírica, como Morrissey. Hay quienes ubican a Moz y McAloon como los gigantes irreemplazables del alternativo británico. El problema, por así decirlo, es que si bien la música de McAloon es la combinación envidiable de estructura alternativa y puentes y repeticiones propias del pop inteligente, que no por ello de difícil acceso, sus letras (generalmente mofas a la sociedad moderna escondidas en atinados estribillos o reflexiones agudísimas que rayan en la filosofía) son demasiado pretensiosas para el público masivo, incluyendo las masas indies; de acuerdo con Sam Knee, en su libro A Scene In Between: Fashion and Independent Music in the UK 1983-89, mientras a Moz lo veneran por su azote y su estilizada forma de tirarse al piso para autocompadecerse, a McAloon la audiencia lo percibe como un mamón casi prepotente que se cree más literato que indie, de ahí su considerable falta de multitudes que lo empujen a estar presente en listas de popularidad y cosas por el estilo. Aún así los fans de Prefab Sprout no son pocos. Aunque Paddy ha tenido que lidiar con lo que debe ser terribles padecimientos para un músico, ceguera y, por si fuera poco sordera, su pasión por la música, y en especial por el pop, es tal que nunca ha dejado la composición y los estudios de grabación. En septiembre de 2013 Crimson/Red, el álbum número 11 en la carrera de Prefab Sprout, salió al mercado gracias a la sensatez de la disquera Icebreaker acompañado de una campaña en redes sociales que promovía el video del primer single, “The Best Jewel Thief In The World”, fenomenal y potente rola fiel al talante sonoro inconfundible de Prefab Sprout, del cual su fundador Paddy McAloon es su único sobreviviente. Muchos de los actuales indies que coquetean con el pop por su evidente cobardía ante el riesgo (muchos de estos incluidos en lo mejor de lo mejor del 2013), deberían ver como una obligación escuchar atentamente el Crimson/Red y empezar a conocer en retrospectiva una de las discografías más sublimes y perfectas de la música moderna, donde el pop y ese género tan pervertido llamado alternativo convergen en una sincronía irresistible, totalmente limpia de fanfarronadas.  

 Wenceslao Bruciaga

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