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El enfermero más grande del mundo

Mundos para-lelos.
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael Tonatiuh


“ENFERMERO ALEMÁN CONFIESA HABER MATADO 30 PACIENTES.
Un enfermero alemán, que enfrenta un juicio por el asesinato de tres pacientes, reconoció que dio muerte a otras 30 personas en el hospital donde trabajó.

Según el informe siquiátrico a que fue sometido el hombre de 38 años, cuya identidad no puede ser revelada por razones legales, supuestamente dio muerte a las personas al inyectarle una sobredosis de un fármaco para el corazón.

El experto que presentó el informe indicó que el hombre también dijo que 60 pacientes sobrevivieron a su inyección.

Los investigadores señalaron que su motivación era poner en práctica técnicas de rehabilitación.

Al enfermero se le acusa de la muerte de tres pacientes y el intento de matar a otros dos en un clínica de Delmenhorst, cerca de Bremen, en el norte de Alemania.”
BBC Mundo. 8/enero/2015

 

El Doctor X llegó puntualmente a su cita con el Enfermero H, en la habitación 102 de la Clínica General Delmenhorst.

X: Buenas tardes, querido amigo. Veamos qué tanto ha progresado en sus técnicas de rehabilitación.

H: Bastante, maestro. Anoche estuve practicando. Sobrevivió uno.

X: ¡Estupendo! ¡Ese sobreviviente representa muchas vidas futuras rescatadas de las garras de la muerte! ¿Dónde está?

H: ¡Aquí mismo!

El Enfermero H levantó la sábana de la cama y mostró a un paciente dormido.

H: Lamentablemente fallecieron treinta.

X: No fallecieron totalmente, querido amigo; vivirán para siempre en el recuerdo de la ciencia médica.

El paciente se incorporó un poco.

Paciente: El problema es que yo quiero ser recordado como el mejor dj del Eurodance.

El Doctor X golpeó la cabeza del paciente con un mazo, anestesiándolo al instante.

X: ¡Basta de contemplaciones! Veamos cuánto ha desarrollado sus conocimientos.

H: Bueno, aquí tenemos a un paciente obeso al borde de la muerte, adicto a las grasas sobresaturadas.

El Doctor X tomó el pulso del paciente.

X: Este hombre rebosa de vida, tenemos que provocarle una situación de emergencia. ¿Qué dice la tabla de diagnóstico?

H: Cardiopatía y trastornos del aparato locomotor.

El Doctor X tomó el teléfono y llamó al servicio de cafetería.

X: ¡Una orden de salchichas Frankfurter Würstchen, un litro de Schwarzbier y el Der Spiegel, al cuarto 102! ¡Rápido, es cuestión de vida o muerte!

Cuando llegó el pedido, el Doctor X tomó de inmediato el Der Spiegel y lo echó una ojeada, gruñendo: “¡Maldita sea! ¡El Bayern Munich volvió a vencer al Borussia Monchengladbach!”, después tomó un fajo de salchichas grasientas y las introdujo dentro de las fauces del paciente, moviendo sus mandíbulas para hacerlo deglutir. Luego le hizo tragar la papilla con la cerveza. El electrocardiograma mostró debilidad en los latidos.

X: ¡Magnífico, lo estamos perdiendo! ¡Rápido, el fármaco!

El Enfermero H le puso la inyección al paciente con tanta rapidez, que en vez de pinchar el brazo lo hizo en el tobillo; con todo, el medicamento hizo efecto y el ritmo cardiaco empezó a estabilizarse.

H: ¡Lo salvé, lo salvé! ¡Soy el mejor enfermero del mundo!

X: Mmm… esto no me gusta nada. ¿Qué tal si, hipotéticamente, un paciente en sus manos aparentara mejorar, pero solo fuera una vana esperanza? Un buen enfermero debe estar alerta ante cualquier contrariedad.

El Doctor X tomó dos salchichas y las introdujo en las fosas nasales del paciente, impidiéndole respirar. Los signos vitales comenzaron a desmejorar.

X: ¡Rápido, otra dosis! ¡Doble! ¡No, mejor triple!

El Enfermero H le aplicó una nueva inyección, ésta vez en la nariz. A pesar de que la operación estaba totalmente fuera de los cánones médicos establecidos, el paciente mejoró notablemente.

H: ¡Maestro, me he consagrado como un salvador de vidas! ¡Pasaré a la historia como el insigne Robert Kosch!

X: No cantes victoria, caro amigo. El oficio de curar suele enfrentarse a múltiples adversidades en el mundo real. Veamos si ahora se libra de ésta.

El Doctor X sacó un cuchillo cebollero y lo clavó en el corazón del paciente, quien comenzó a desangrarse velozmente, debilitando nuevamente sus signos vitales.

X: Esta es una prueba de fuego, veamos si usted es un enfermero con la agallas vikingas necesarias para controlar la situación.

El Enfermero H, angustiado, clavó la jeringa en el dedo gordo del pie izquierdo; aunque el salvamento estaba muy distante de aliviar un caso semejante, el paciente logró estabilizarse.

La sangre comenzó a salir por debajo de la puerta, misma que se abrió de golpe y apareció una empleada de intendencia con un trapeador y una cubeta.

Empleada: ¡Dios mío! ¿Qué pasa aquí?

El Doctor X la sacó a empujones.

X: ¡Nada, nada! ¡Conseguimos un donador de sangre muy rico y tenemos un exceso de tipo A!

El Doctor X cerró la puerta y se dirigió al Enfermero H.

X: Hasta ahora todo ha salido pésimamente mal, pues nuestro paciente ha librado todas las complicaciones, pero Dios, el destino, el karma o como prefiera usted llamarle, con frecuencia da trágicos giros inesperados.

Con una sierra eléctrica el Doctor X le cortó la cabeza al paciente, misma que salió rodando.

Paciente: ¡Una aspirina!

El enfermero H tomó la cabeza y le dio respiración artificial.

X: ¡No, eso no sirve ahora! ¡Lo estamos perdiendo! ¡Rápido, aplique el fármaco!

Exasperado y confundido, el Enfermero H puso la inyección en la almohada de la cama, justo cuando sonaron lejanas las sirenas de un vehículo que no era precisamente una ambulancia. El Doctor X consultó su reloj.

X: Querido amigo, tengo una consulta de urgencia fuera de la clínica, para ser preciso, voy al bar de enfrente para evitar que cierta persona meta mi apuesta a un partido de futbol. Le deseo mucha suerte, nos vemos en la próxima sesión y no abandone sus prácticas. ¡Salve a ese paciente como al honor de Angela Merkel!

El Doctor X salió corriendo de la habitación, pocos minutos antes de que llegara la policía.

Contradiciendo toda probabilidad de sanación, la equivocada aplicación del fármaco logró salvar la vida del paciente, quien le estuvo eternamente agradecido al Enfermero H; sin embargo, éste no pudo evadir su estancia en la cárcel por sus 30 errores en el arte de revivir enfermos críticos.  

 

 

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