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Martes , 17.07.2018 / 01:21 Hoy

En tantra y a lo loco

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika

¿Hasta qué punto les resulta necesaria a hombres y mujeres la penetración? ¿Por qué es común creer, principalmente en relaciones heterosexuales, que si no se lleva a cabo entonces no está completo el encuentro erótico? Tiene que ver con las ideas que desde hace varias generaciones nos han inculcado, con la creencia de que tener relaciones sexuales (o hacer el amor o coger) significa introducir el pene en la vagina hasta el orgasmo (de él, porque de esta manera es más difícil que las mujeres lo alcancen). Todo lo que se hace además de este acto es complemento, “juego previo”, algo que se realiza de a poquito, por no dejar. Además, es también común que las parejas, después de haber llegado al clímax, crean o sientan que no deben seguir adelante pues ya acabó el asunto.

Un amigo tenía una frase que me hacía reír: “Hay que respetar el periodo refractario”. Y es cierto en aquellos hombres que, tras la eyaculación, pierden el deseo. En este caso, deberían aguardar un rato a ver si regresa o no, pero muchos no lo saben a ciencia cierta porque no se les ha ocurrido ir más allá tras la expulsión del semen. Algo parecido pasa con las mujeres, quienes después de sentir uno pierden el interés por posibles orgasmos futuros.

Pero resulta que el tiempo para el disfrute hedonista que el acto erótico ofrece puede ser ilimitado o, cuando menos, mucho más amplio que los diez o 15 minutos promedio. Para entenderlo les recomiendo probar lo que es tener un encuentro sexual sin penetración. A veces hacerlo así logra que el vínculo afectivo crezca, que la emoción o ese amor fulminante que sentimos las primeras veces regrese aunque sea unos instantes, porque prolongar la excitación nos acerca a esos días iniciales en que moríamos de ganas por entrepiernarnos con nuestra nueva pareja.

¿Qué opciones hay para realizarlo? Lo fundamental son las ganas de experimentar y explorar situaciones nuevas, así como la creatividad y libertad para poder tocar, lamer, acariciar, admirar toda la anatomía ajena. Se puede ir en orden, comenzando desde los pies hasta la cabeza o recorrer de manera aleatoria la piel. Los pies, por ejemplo, son una zona que poco se utiliza (salvo sus fetichistas) pero que genera sensaciones muy agradables en quien los estimula. Si se chupan los dedos, encontrando rinconcitos y partes desconocidas, habrá placer para ambos. La parte de atrás de las rodillas es muy suave al tacto y a la lengua, mientras que los codos se pueden morder con cierta fuerza (para aquellos que quieren ser un poco más rudos pero sin lastimar). El cuello, la parte alta de la espalda, la zona de las orejas están llenas de terminaciones nerviosas que los harán retorcerse de placer.

Esta practica incrementa la confianza y la intimidad en la pareja. Al estar acariciando sin esperar nada más que eso, que la vivencia durante ese instante, riendo, viéndose a los ojos, hablando un poco, eliminando las barreras que nos impiden mostrarnos tal cual somos, el confort de amar a ese otro ser se incrementa.

Algunas mujeres se sienten demasiado expuestas, como si su compañero pudiera verlas de cuerpo entero durante ese tiempo, descubriendo que sus caderas son muy anchas o tienen celulitis o hay una lonjita por aquí o por allá, pero lo cierto es que al emplearse en este tacto se va contemplando el cuerpo de manera parcial. No se admira tanto por entero (a menos que eso se busque) sino en partes, y cada parte tendrá algo hermoso, sin duda.

Además, no se necesita un método anticonceptivo para llevarlo a cabo. Se recomienda el empleo de preservativos para el sexo oral, pero no es necesario preocuparse por un embarazo no deseado a menos que el semen alcance la entrada de la vagina.

Esto puede hacer que los hombres descubran el poder multiorgásmico de sus compañeras, porque sucede que en un encuentro con penetración y eyaculación a los pocos minutos, quizá ella alcance el orgasmo una vez, pero si se le acaricia por más tiempo, si se usan las manos, la lengua, algún vibrador, la lencería para excitar sin límite de tiempo la vulva, el interior de la vagina, los senos, el ano, ella podrá llegar al clímax varias veces. Les recomiendo que si ya tuvo un orgasmo, en lugar de detenerse para pasar a otra cosa, sigan estimulando esa zona, con un poco menos de frenesí unos segundos después del clímax, pero recuperando la intensidad. Será muy probable que vuelva a sentir que ella toca el cielo una o dos veces más.

Al volverse un toma-daca para las mujeres, suele resultar más atractivo para quienes no gustan de hacer felaciones. Recuerden que también pueden usar las manos, apretar, succionar, lamer, acariciar los testículos. Si se limitan a introducirlo a sus bocas para subir y bajar la cabeza, se van a perder de muchas emociones deliciosas, pues por un lado estarán (re)conociendo el miembro de sus compañeros y, a la vez, entendiendo lo que son capaces de hacer con imaginación o simplemente con la posibilidad de dejarse llevar.

Es interesante lo que se siente en estos momentos: es una comunión con la pareja; además de la sensación corporal, lo que pasa adentro de uno, en el espíritu, esa alegría de estar ahí, de no pensar en el paso del tiempo ni en nada más que el placer que se percibe y se da es irrepetible. Algunos lo ven como la base del tantra, pero no necesitan ponerle títulos ni tomar clases para llevarlo a cabo.

De acuerdo con un estudio reciente realizado por la Universidad Carnegie Mellon de Pensilvania, no importa tanto la cantidad de veces que vayan a la cama en una semana, sino cómo lo hacen. “En lugar de concentrase en el aumento de la frecuencia sexual a los niveles que experimentan al principio de su relación, las parejas deberían trabajar en la creación de un entorno que despierte su deseo y que haga que el sexo sea más divertido”, asegura uno de sus autores, Tamar Krishnamurti.

Por eso, sea tantra o un acto de amor intenso, lanzarse a las profundidades del deseo con alegría y a lo loco, con ese entusiasmo juvenil pero con la madurez que llega a dar vivir en pareja, puede ayudar para estar juntos, y contentos, por mucho tiempo más.

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Solo 87 mil 404 personas de un total de 979 mil 496 que sufrieron algún abuso, hostigamiento, estupro, violación o acoso sexual, decidieron levantar una averiguación previa ante el Ministerio Público en México.

En 2014 había 7 mil 510 reclusos purgando una sentencia por algún delito sexual. Por violación, 3 mil 947; por abuso, 2 mil 396 personas, y por acoso 40 más, entre otras infracciones.

Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2015 INEGI.


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Fruta oscura para los ojos deshechos de tanta belleza sobre la piel plena. Plenitud entre los dedos. La curva de la espalda abierta a todos los deseos. La inclinación del cuello cincelado. La boca como rosa germinada de higos. Ombligo del mundo. Cuerpo geografía. Senos de ciruela. Primavera y verano al mismo tiempo. Podríamos tocar el aire que tu cuerpo ha tocado y sentir la vibración de la luna, la luz, el sexo o la vida. Mujer para todos los sentidos. Mujer mar. Mujer de aire desnudo. Plenitud de la piel y de la llama. Mujer árbol. Mujer río. Mujer manzana. Mujer Eva. Goya te hubiera pintado.


Nastassja o la desnudez en el aire

Roger Campos Murguía.

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