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Sábado , 22.09.2018 / 01:24 Hoy

En la salud y en el viajar

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Laura García Arroyo


La gente viaja por placer, trabajo, cuestiones legales y mil cosas más; sin embargo, casi nunca toma en cuenta las afectaciones que puede tener su salud durante su estancia fuera de casa. La UNAM tiene una clínica en el aeropuerto de la CdMx que puede ser de gran utilidad. Ahí trabajan médicos, enfermeras y especialistas para que su viaje sea feliz.


Pablo vuela a San Diego para visitar a su hermano. Rafa espera ansioso a su novia que regresa después de un mes de aventura por Asia. Sofía es sobrecargo y su avión la llevará hoy hasta París. Ángel espera en migración, acaba de ser deportado. María y Arturo se embarcarán en una nueva misión de ayuda a África donde trabajarán en un hospital de campo. Javier está nervioso, se separa por primera vez de su familia por largo tiempo, estudiará este año en Berlín. Alma está abordando para llegar a Monterrey a una junta de trabajo esta tarde. Manuel y su madre viajan a Houston con la esperanza de encontrar un remedio que sí logre curar la enfermedad del pequeño… Todos ellos han hecho cientos de preparativos para iniciar este trayecto, pero pocos han tomado la precaución de incluir la salud dentro de su equipaje de mano. Y el análisis de cada uno de sus casos requiere de una recomendación sanitaria distinta. Sea porque van enfermos (o puedan estarlo), porque pueden accidentarse en su tiempo fuera de casa, porque viajan a una zona con alerta sanitaria o el país de destino exige ciertas normas de salud, o porque su desplazamiento conlleva desajustes de salud, nunca está de más consultar con expertos y garantizar que el hospital no será un monumento turístico que visitarán en su anhelado viaje.

Con esta idea se fundó la Clínica de Atención Preventiva del Viajero (CAPV) de la UNAM en agosto de 2011, ubicada en la Terminal 2 del aeropuerto de la Ciudad de México. Un lugar frecuentado por viajeros, visible para todos y de fácil acceso, desde donde lanzar campañas de difusión y prevención, dar consulta, recomendar y asesorar a los futuros viajeros para que lleven en la maleta todo lo necesario para no pensar nada más que en el propósito de su viaje.

El doctor Jorge Baruch, responsable de la CAPV, es el primer certificado por la Sociedad Internacional de Medicina del Viajero, en México. Tras titularse en medicina, tuvo que seguir cursando temario especializado, pasar varios exámenes y cumplir un largo proceso de trámites. El resultado es esta clínica dirigida al desarrollo de la cultura de la prevención, en la que trabajan ya 13 personas después de cinco años en funcionamiento. Impulsada con fondos de la Universidad, la idea es que esta unidad mixta de atención, investigación y docencia genere sus propios recursos para sostenerse en un tiempo determinado por sí sola, y pueda cubrir gastos de personal y servicios.

En 2009 lamentaron no estar aún abiertos para atender el brote de influenza, pero adelantaron su inauguración para estar presentes en el de sarampión, surgido en Europa dos años después. Desde entonces han recabado todo tipo de información de pacientes para reunirlos en una base de datos y así poder establecer protocolos de prevención o seguimiento de las enfermedades que se vayan presentando, trabajando siempre de la mano con la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Dirección General de Epidemiología.

El proyecto ha sido tan exitoso que en mayo de este año inauguraron una segunda sede que atiende en Ciudad Universitaria. El objetivo es aumentar el número de clínicas en más ciudades del país.

A través de un formulario disponible en su página web (www.clinicadelviajero.com.mx), el viajero manda sus datos personales y de viaje, así como sus dudas relacionadas con aspectos sanitarios, que llega a un equipo médico que responderá, vía correo electrónico con recomendaciones generales. Lo ideal es que el siguiente paso sea hacer una cita en la clínica para personalizar esas sugerencias e incluso surtirse de las vacunas y medicamentos necesarios. También se emiten certificados que algunos países exigen para la entrada de extranjeros (o para inscribirse en algunas universidades), y se hace un seguimiento de las personas que hayan sido vacunadas en la clínica o que presenten algún síntoma anómalo durante su viaje (como en el caso del ébola en África, donde la clínica elaboró un mapa de mexicanos residentes en el continente para seguir de cerca su estado de salud y trabajar directamente con embajadas y consulados en caso de necesidad). La comunicación con los doctores está abierta y es continua.

La mayoría de las veces los datos proporcionados por los usuarios de la Clínica permiten establecer protocolos de comportamiento de ciertas enfermedades y elaborar folletos informativos detallados para que el viajero pueda prevenir o saber qué hacer en cada momento.

Trabajan mucho con tripulaciones, sector de la industria del viaje que padece muchos trastornos del sueño, pero también con los pasajeros que no pueden controlar su miedo a volar y combinan alcohol y sedantes. Todos los aspectos que rodean un viaje son materia de estudio y acción para el personal de la Clínica (doctores, enfermeras, administrativos, especialistas, comunicólogos…).

Ahora lo que les tiene más ocupados es la celebración de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Desde hace seis meses trabajan de cerca con el Comité Olímpico Mexicano para garantizar la seguridad y la salud de los deportistas que participarán en Brasil y, por primera vez, la delegación de nuestro país viajará acompañada de dos doctores para cualquier contratiempo que pueda surgir. Dependiendo del deporte y dónde se practique (las pruebas de vela en la bahía de Guanabara se disputarán en aguas contaminadas, propensas a la propagación de enfermedades, por citar solo un ejemplo), si van a estar expuestos al sol (hay que estudiar el grado de absorción del repelente cuando se usa bloqueador) o si el uso de vacunas o repelentes interfiere en las pruebas antidopaje. Todo ello se analiza cuidadosamente en la CAPV.

Pero no solo ellos deberían pasar por la Clínica; un evento deportivo de esta índole desplaza también a espectadores, periodistas, políticos y turistas de todo el mundo, por lo que es un momento de máxima alerta para las clínicas del viajero de todos los países que estos días trabajan conjuntamente en este tema. Recordemos que el virus del zika (nombre del bosque ugandés del que provenía el primer animal en el que se aisló el virus en 1947) ya estaba presente desde hacía varias décadas en países africanos y asiáticos, pero el campeonato mundial de canoa polinesia celebrado en Río de Janeiro en agosto de 2014 lo introdujo en Brasil y, por ende, a toda América. Imagínense ahora que se concentrarán más de 10 mil atletas llegados de todos los rincones alojados en edificios contiguos…

Si uno se informa y toma precauciones, el porcentaje de riesgo se minimiza considerablemente. Hoy menos del 10 por ciento de los viajeros acude a una clínica de este tipo antes de viajar. Y es que los costos suelen detener a los turistas, porque pueden llegar a desembolsar entre 3 mil y 5 mil pesos entre vacunas, medicinas y consultas, pero gastarían el doble o el triple si acudieran a un hospital privado o tuvieran que atenderse de algún padecimiento en algún centro médico en otro país. Cuestión de perspectiva.

Por eso no estaría de más que en estas vacaciones o en su próximo viaje, sea de la naturaleza que fuere, considere una consulta a la Clínica del Viajero unas semanas antes de emprenderlo, contrate un seguro médico y entonces sí, ¡buen viaje!

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