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Jueves , 22.11.2018 / 05:27 Hoy

El relincho de Bronco en el VL

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

David Cortés


Ya ha pasado la medianoche y una vez dada la tercera llamada, por las pantallas laterales aparece una estampida de caballos salvajes. Las bocinas dejan escapar el relincho de los corceles y la leyenda “4 caballos” preludia la aparición de Bronco, El Gigante de América, agrupación comandada por Lupe Esparza que cierra las actividades del primer día del 18 Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino (VL).

Los músicos suben a tarima enfundados en su vestimenta ya clásica: trajes blancos, ajustados, sombrero y cinturón con una enorme hebilla donde destaca el “retrato” del potro. Pero el sonido es delgado, no tiene claridad. La voz de Esparza no se escucha con suficiente potencia, aunque los asistentes subsanan el problema convirtiendo el sitio en un enorme karaoke y dejan claro que hace mucho la nación rocker descuidó sus fronteras y vio caer sus murallas, murallas más simbólicas que reales.

El argumento principal detrás de esta postura es la inclusión. Lo dijo Jordi Puig en la conferencia de prensa al anunciar la realización del VL: “La idea es que sea un festival con actitud. Podemos tomarnos varios cafés o varios tequilas diciendo qué es el rock y qué se incluye en el rock, pero de repente a mí me gusta pensar que también la Sonora Santanera tiene algo de rockero, la verdad todo es cuestión de actitud, me parece”.

Carlos Sadness, “quien viene directamente desde España para acompañarnos”, es el primer invitado a cantar con Esparza y cía. El subterfugio funciona porque aunque el ibérico ha subido a hacer lo suyo en otro lugar apenas cuatro o cinco horas antes, los asistentes lo creen y celebran la reunión. Ahora, Óscar, de Los Auténtico Decadentes, los acompaña en “Oro”, luego Los Caligaris harán lo mismo en “Mi amigo Bronco”; Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur (Illya Kuriaki and The Valderramas) entonan “Sergio el bailador” y uno de los integrantes de la Beriso se aparece en “Corazón duro”, todo un contingente argentino para confirmar el alcance de Bronco en Latinoamérica.

Sin embargo, no es necesario viajar tan lejos para descubrir aquí un reducto importante de seguidores. En 2007, Panda, División Minúscula, Tolidos y Kinky, entre otros, grabaron Tributo al más grande; hoy, en remembranza de esos años, los últimos suben a interpretar “Con zapatos de tacón”.

En el escenario principal Prophets of Rage dan una demostración de fuerza. En la Carpa Intolerante, el gas es poco. Creada para dar cabida a propuestas poco comunes, hoy se muestra como un escenario cualquiera, alejado de su concepto original. Pareciera que los movimientos recientes del VL hacia la inclusión en lugar de considerar al otro y aceptarlo como tal, van dirigidos a entender la inclusión como una ampliación del mercado en la cual no importen las diferencias de la oferta pues el público tenderá a la absorción de todo.

Sin embargo, esta elucubración deja de lado lo evidente. Bronco está instalado en el imaginario popular desde hace muchos años. Hubo y hay todo un apoyo mediático (película, discos, telenovela) que les dio fama, éxito, aceptación. La lista de éxitos prosigue con “Libros tontos”, “Los castigados”, “El sheriff de chocolate”; las pantallas reproducen imágenes de la vida del grupo, se concentran en el pasado y aunque el VL, según los organizadores, ya no es un festival de rock, Esparza hace alusión a dicha condición en un par de ocasiones.

No es necesario ser un sociólogo para percatarse de que se trata de sonoridades que están a diario en la vida de los habitantes de este país. Lupe Esparza lo sabe y aprovecha para convertirse en un catalizador de las emociones. El grupo, nombrado Embajador de los Derechos Humanos de los Migrantes en 2011, ahora deja escuchar “Adoro”, “Si te vuelves a enamorar” y “Que te han visto llorar”.

Conforme se acerca el final la masa aumenta, quienes deciden quedarse se apersonan en este escenario mientras otros emprenden el éxodo. La actividad en los otros escenarios del Foro Sol ha cesado y solo queda El Gigante de América con su festiva mezcla de cumbia, norteño, romántica. En sus inicios, cuando aún se hacían llamar Los Broncos de Apodaca y estaban más dispuestos a claudicar que a perseguir sus sueños, Esparza y sus compañeros recibieron 50 pesos por su primera presentación. Hoy la diferencia es abismal, en un set de una hora se llevan a su bolsillos aproximadamente seis mil 500 pesos por minuto.

Bronco relinchó. La inclusión entendida como una ampliación del mercado ha triunfado. Convivamos con sus ecos.

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