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Domingo , 27.05.2018 / 01:14 Hoy

El nuevo orden: la segunda venida

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Hoy New Order lanza al mercado Music Complete, su tan mal presagiado álbum inédito después de 11 años. Uno de los primeros efectos fue dinamitar las bajas expectativas. Muchos especialistas ya lo consideran como el mejor álbum del grupo. ¿Será?


La técnica ya estaba amarrada e incluso la brújula muy bien apostada en un futuro distópico sin esperanzas. ¿Cómo diablos superarían los innovadores y seminales acordes minimalistas congénitos a la epiléptica personalidad de voz cavernosa de su líder, que generó una horda de fanáticos en muy poco tiempo? Ian Curtis se las puso complicada después de colgarse en su cocina la mañana del 18 de mayo de 1980.

¿Cómo resucitar una banda cuándo el suicidio del vocalista los condena a ser leyenda? Asegura Lee Ranaldo, guitarrista de Sonic Youth, que una banda es realmente buena cuando se recuerda a todos sus integrantes y no desperdicias la baba fantaseando con el frontman o las nalgas de la vocalista.

Las sobras de Joy Division decidieron que un suicidio no sería suficiente para aniquilar su pasión por la música: pusieron a Gillian Gilbert, esposa del batería Stephen Morris, detrás de un teclado Roland y regresaron a los ensayos bajo el nombre de New Order (otra vez coqueteando de forma políticamente incorrecta con la nomenclatura fascista-nazi), sacudiéndose como pudieron el fantasma anárquicamente hipnótico de su antiguo vocalista para materializar el axioma según Ranaldo: ser una buena banda. Una que cambió la historia del rock para siempre.

EL QUE REGRESA AL ÚLTIMO, REGRESA MEJOR

El pleitazo de momento irreconciliable empezó cuando Peter Hook anunció que lanzaría unos cuantos sencillos inéditos de Joy Division sin la aprobación del resto. Después empezaría una gira en solitario en la que interpretaría álbumes completos tanto de New Order como Joy Division, alterándolos según la oferta y demanda del respetable. Con esa fórmula que se desgastó demasiado pronto, Hook visitó México en varias ocasiones.

Apenas se escucharon los rumores de un álbum inédito de New Order, sin Peter Hook, y las críticas tanto de periodistas como fans auguraron una caída cuyo boquete según ellos sería más lamentable que el provocado por el Waiting For The Sirens Call. El berrinche no sería una labor fácil: la sola idea de lanzar un nuevo disco sin las inconfundibles líneas de bajo del Hooky, capaces de emparejarse con la guitarra de Summer y emular la velocidad de los beats ejecutados por Gillian Gilbert, el sello histórico de New Order, sonaba a naufragio innecesario. No obstante cuándo se escucharon adelantos de los dos tremendos sencillos, “Restless” (que recuerda el rock melancólico de “Low Life” y “Brotherhood”) y la futurista “Plastic”, muchos optaron por reservarse el fallo.

Mientras Hook incrementaba su cuenta bancaria lucrando sobre todo con la nostalgia dark de Joy Division, además de publicar un libro y hacer de dj rememorando la fiesta de The Hacienda, el resto de New Order dejó de hacer uso del derecho de réplica, concentrándose en hacer un nuevo disco, el décimo de estudio de New Order, que entre lecturas dijera: “¡Mira cabrón, al final tu pinche bajo no era tan indispensable!”. Compuesto por 11 tracks, Music Complete es un pinche discazo, ambiciosa autoreferencia hecha desde la soberbia obtenida de los seminales recuerdos y la aguda madurez que hace de New Order una de las bandas más importantes de la historia de la música. El arte de la portada, como ya es tradición, armada de simbolismos crípticos fue obra del diseñador oficial de la banda, Peter Saville. Cuenta con las atinadas colaboraciones de Brandon Flowers de los Killers, con la que comparte voz en “Supereheated”, apoteótica canción que cierra el disco, de letra triste pero guitarras apuntando al horizonte que curiosamente habla sobre el fin de una larga relación (¿serán New Order y Peter Hook?); Elly Jackson, de La Roux, pone su voz en varios temas, como “Tutti Frutti”, mi track favorito del álbum por la pegajosa potencia dance de sus seis minutos, que evocan (¿y superan?) la etapa acid-house del Technique de 1989; el Chemical Brother Tom Rowlands, imprimiendo su entachado sello big beat (muestra de que los New Order no reniegan de esa parte de la historia de la música electrónica que sucedió) y la más cabrona, con ese mito viviente, Iggy Pop, recitando una especie de cyber poema sobre las secuencias de “Stray Dog”, que es una especie de autohomenaje a la programación del Roland empleado para los temas del Power Corruption and Lies.

WENCESLAO BRUCIAGA

@wencesbgay

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