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Viernes , 22.06.2018 / 09:11 Hoy

El nuevo grito de batalla de la era glam rock

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Miriam Canales

@miricaiba

En los albores de la década de los setenta, el movimiento glam borró los vestigios de la era hippie como una erupción de elegancia y androginia que cimbró y cambio la música para siempre. El escritor británico Simon Reynolds plasma este capítulo de la cultura pop en su reciente libro Shock and awe: glam rock and its legacy.

“Algo entre All you need is love y Hot love, con The Beatles y Tyrannosaurus Rex, comenzó para mí en la música pop”. Con esta frase tan personal inicia esta aventura literaria cuya portada muestra la imagen de un rayo en honor a Aladdin Sane, álbum homónimo del fallecido David Bowie. Aunque Shock and awe se publicó apenas en octubre pasado por la editorial inglesa Faber and Faber, no hay una fecha definida para que sea traducido al castellano y lanzado en México como ha ocurrido anteriormente con sus títulos previos: Rip it up and start again, Energy Flash y Retromanía, todos de Caja Negra.

Reynolds es un periodista y escritor inglés, actualmente reside en Los Ángeles, se ha dedicado a investigar el rock y la electrónica en sus orígenes, vaivenes y evoluciones enfocándose en los años setenta y ochenta con el post punk y new wave, subgéneros que ha hecho su especialidad. Para esta edición incluyó a un arsenal de grupos y solistas que incluyen a T. Rex, Alice Cooper, Iggy and the Stooges, Roxy Music, Lou Reed y hasta iconos cinematográficos como John Waters, el travesti Divine, Andy Warhol y la película: El show del terror de Rocky. Todos perfilados en 12 capítulos y un epílogo.

En la experiencia personal del autor, el glam tuvo un impacto durante su infancia cuando su familia careció de televisión hasta los ochos años de edad, y al descubrirlo le resultó tan fascinante como sobrecogedor. Marc Bolan fue uno de sus perpetradores prematuros cuya imagen lo cautivó. También conocido con el apelativo de glitter en Estados Unidos por el cantante Gary Glitter, la era glam tuvo una vida efímera en Gran Bretaña, pero sirvió para abrir la puerta a la fiereza del punk y posteriormente al pospunk con un legado de sonido electrónico, maquillaje, ambigüedad sexual, extravagancia y una dosis literaria. Un ejemplo es la película Velvet Goldmine de 1998 con Ewan McGregor y Christian Bale.

En el capítulo: “Boogie Poet”, dedicado a la memoria de Bolan, el cantante es perfilado como un joven dominado por su vanidad carente de las credenciales artísticas de Roxy Music o del autodidactismo intelectual de Bowie, pero que se nutrió de las lecturas de J.R.R. Tolkien y C.S Lewis más que de William Burroughs o Nietzsche. “Yo sigo siendo el mismo chico que siempre fui”, esta es una declaración suya tomada de la revista Melody Maker. Él se definía a sí mismo como un niño perenne, “fundamentalmente gay”, creyente de la fantasía, “no un Peter Pan como tal sino un ‘Peter Pansexual’ abierto a toda posibilidad erótica (sic)”. La vida y carrera de Bolan se truncaron en Londres en un accidente automovilístico en septiembre de 1977, pero con T. Rex dejó para la posteridad: Get it on, 20th century boy y Children of the revolution, entre otros temas.

En el capítulo The London Boy, bajo una sólida documentación, se aborda a Bowie no en su estatus de superestrella rutilante sino como un chico inquieto y sensible proveniente del barrio londinense de Brixton que también experimentó la rispidez familiar, la novatez artística y el fracaso comercial de su álbum debut. Reinventado posteriormente como un combo camaleónico-cósmico-andrógino-bisexual, su alter ego Ziggy Stardust fue el resultado de esta evolución. Un detalle un tanto olvidado sobre su incipiente carrera es que, siendo adolescente, fue líder de una supuesta “Asociación para prevenir la crueldad contra los hombres de cabello largo”, que no fue más que una de sus tantas ocurrencias prematuras que hasta la BBC llegó a creer. Pocos años después, el muchacho nacido como David Jones desarrollaría una faceta de mimo y bailarín aprendida del coreógrafo Lindsay Kemp, con quien también mantuvo una relación tanto amistosa como sentimental, así como los vínculos con sus primeros managers, Kenneth Pitt y Les Conn.

Aunque el glam rock vivió de manera efímera, a la postre sus ecos han influido en una variedad de artistas y eventos desde los ochenta a la actualidad. En el epílogo titulado Aftershock: destacan algunos herederos que bebieron de su savia y se reforzaron de ella como Kate Bush, Prince, Madonna hasta Marilyn Manson, Lady Gaga, Nicki Minaj y Sia, en especial en este mundo de “retromanía” adicto a la mercadotecnia pretérita. Cabe mencionar que el caso de The Fame, primer disco de Gaga, representa la máxima definición del glam rock, según Reynolds, por una solista joven en la era moderna quien forjó su imagen en Klaus Nomi, Grace Jones y Bowie, como sus santos patronos.

En estas 687 páginas, Shock and awe es un análisis profundo de una etapa menos celebrada que otros géneros como el punk o el rocanrol en sí, cuyas conexiones son insoslayables, pero un parteaguas a fin de cuentas. Un ambicioso trabajo de largo aliento.

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