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Domingo , 23.09.2018 / 00:08 Hoy

El mundo de perversión de Lara Croft

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Jesús Serrano Aldape

A 20 años de la primera entrega de la saga de Tomb Raider, este videojuego jamás ha fallado en sugerirnos, al lado de la estampa de Indiana Jones femenino, tremendas cargas sexuales

* * *

La primera vez que Lara Croft apuntó sus enormes senos cuadrados hacia mí, una noción de inocencia voló para jamás volver. Era solo que en 1996, los juegos de video seguían siendo eso: juegos inocentes en donde jamás sabíamos por qué Mario después de arrastrar tantas dificultades por el mundo hongo solo recibía de la princesa Peach, como premio, un inocente beso en la mejilla (¡pero qué peach!)

Pero Lara auguraba que eso estaba a punto de cambiar, que un excitante mundo de perversión y lujuria tocaba a nuestras puertas. Era una combinación perfecta esa primera entrega, una exploradora al estilo de Indy, pero sexy, sin preocuparse de que el tamaño de sus senos le asegurarían, problemas de espalda en la senectud; con la agilidad de una maestra del tubo y esa actitud de devora hombres, onda Tesorito del primer mundo.

Llegaba la primera muñeca inflable virtual para gamers, una heroína con sexualidad ambigua, que gritaba sensualmente cada que caía al precipicio o era cercenada por complicados mecanismos de sierras y cuchillas en las tumbas. Hay algo muy avieso y simbólico en ver cómo Lara es atravesada, triturada, descuartizada, ahogada y mandada al otro mundo. Hacer que se quede sin aire debajo del agua, o aventarla desde un precipicio y ver cómo se hace pedazos es un placer como pocos en el gaming.

Y aún no sabemos qué nos parecía sexy de ella en esos primeros momentos, en ese primer Tomb Raider su rostro parece una plasta horrenda, además de que solo un enfermo podría encontrar deseable sus nalgas cuadradas. Pero lo cierto es que Lara hizo historia por ser la primera verdadera heroína de una industria, tanto que en su gira de ese año, U2 la inmortalizó cuando la miss Croft desde las pantallas aparecía disparando sus dos pistolotas, convirtiéndose de paso en una suerte de paladina de la comunidad lésbico-gay.

DE REVERSA, LARA

A pesar de todo, ese primer juego era perfecto, porque no importa lo absurdo que es enfrentarse a un T-Rex y las incongruencias de la historia del Scion, llena de mitología para aficionados, las dimensiones de Lara son precisamente ese tipo de mujer que se anhela en la adolescencia, acorde precisamente a la pubertad de las aventuras en tercera persona que hoy plagan la industria de los games.

No es una coincidencia que inspirara poco después esa versión creada por los usuarios de PC, en donde Lara iba por las selvas y templos totalmente en pelotas, el llamado Nude Raider.

Toby Gard, el creador de la Croft, la diseñó británica, flemática, no interesada por el placer de la carne, con ese acento de desdén, una personalidad que se desarrolló en las posteriores entregas, incluso subrayando un delicioso pasado lésbico de experimentación con una amiga, con juguetes incluidos (espero…).

Lara enfrentó el síndrome del súper héroe desde el principio, porque si se le empareja con un machín, definitivamente su poder de ser una kick ass sufriría tremendamente, señalando de paso porqué hubo una época en que Lara, a la vez de ser un símbolo sexual, parecía más bien una marimacha, y su halo de ambigüedad sugería, aunque parezca increíble, un poco de contracultura.

Por eso parece asexual siempre y en esa inmensa mansión Croft solo habita su mayordomo, un viejo infecto que se la pasa siguiéndonos con el té en una charola y posteriormente con dos empleados que se encargan de conseguirle misiones, que no son más que lacayos y ninguno posee el deseo de quitarle el corpiño.

En lugar de ello, es como si los diseñadores hubieran determinado que a solas, Lara iba a ser algo así como el juguetito sexual del videojugador, como si la guardaran para el que sepa oprimir sus botones, manipularla y oprimir su punto G virtual.

No es coincidencia que en el transcurso de su evolución, Lara adquiriera ese conveniente movimiento en que se pone en doggy style mientras avanza hacia adelante o hacia atrás por agujeros oscuros (como digo, mental) como si de una película de soft porn en P.O.V se tratara, o que en el salto de la franquicia de PS1 a Xbox 360 y PS3, ya en plenos dosmiles, hicieran que la cámara pudiera ser acercada a los recovecos corporales de la Croft, con esos paneos cuasi ginecológicos que resaltaban aún más cuando estaba mojadita y se agachaba.

Algunas de esas entregas tenían como premio para el jugador, cuando terminara al cien porciento la aventura, el poder jugar con la Croft en traje de baño de dos piezas.

La indumentaria de esa beldad es otro aspecto interesante, porque a partir de la segunda entrega, el juego incluye una variedad de trajes distintos para Lara, que incrementan el fetichismo del jugador y en la parte cuatro, llamada The Last Revelation, manipulamos a una Lara adolescente camino a desarrollar su emblemático chichero, mientras su mentor Von Croy, la alecciona en el saqueo de tumbas con su perversa sonrisa y estampa de pedófilo de la dark web. Nada en el universo de Tomb Raider es inocente en realidad.

LA NUEVA MISS CROFT

Cada reboot que ha recibido la franquicia ha sido acompañado con una evolución en estas consideraciones, casi como si el público de la Croft hubiera crecido con ella y pasado de desear a la más pechugona del salón, a la más sofisticada y con sentimientos (ajá), algo más parecido a un estereotipo de mujer más “real”.

Así, el más reciente reset de la franquicia, dado en 2013, que incluye la captura de movimiento e imagen de la modelo británica Camilla Luddington, muestra a una Lara nada exuberante, usando pantalón largo y reemplazando su agresividad de castradora profesional por la indefensión de la doncella a punto de convertirse en cancha oficial.

No es ocioso que en el Tomb Raider de 2013, cuando Lara mata a su primer fulano (justo antes de convertirse en una auténtica perra… y despiadada asesina), Lara llora y lamenta el hecho y todo es manejado casi como si hubiéramos asistido a su pérdida de la virginidad y esa primera sangre en sus manos fuera sangre vaginal.

Todo eso es muy inconsciente, sobre todo cuando los diseñadores del juego reemplazan la actitud de dominatrix de la primera Lara por los modismos de una chica asustada, que todavía escribe en su diario, suspira de manera muy peculiar, sin dejar de ser penetrada (por lanzas) y sufrir muertes horribles, con los deliciosos gritos de agonía siempre presentes, un aspecto de irresistible perversión que siempre ha sido de los encantos malditos de la saga que cumple 20 años de haber llegado a nuestras vidas.

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