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Lunes , 24.09.2018 / 05:32 Hoy

El Muertho

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EN EL TONO DE TONA
Rafael Tonatiuh


"¡Eres una malandra!"
El Muertho

Se adelantó el Día de Muertos en el exótico Cabaret Barba Azul (Bolívar 291, esquina con Gutiérrez Nájera, Obrera, DF), con la presentación de la revista Generación alternativa y su número "Escritores Malditos" (llévela, está muy buena, para conocer a los autores terribles).

Cual sesión espiritista, invocando al Conde de Lautréamont, Poe y Bukowski, se armó una mesa muy sabrosa en la que participamos Susana Iglesias, Jesús Pacheco, Iván Farías, Axayácatl Gutiérrez Ramos, Carlos Martínez Rentería y un servidor, pero se puso más sabrosa la mesa cuando nos paramos y se sirvieron las tortitas de cochinita pibil, cortesía de Habanerito (Manzanillo 38, Roma Sur), con recipientes de cebollita morada y tres salsas de chile habanero (la mejor era una negra, con aceite de oliva).

Recorrí con la mirada aquellas viejas conocidas fachadas con figuras de relieve, negras en bikini fosforescente, rumberos, pachucos contrastando con una pared más propia de un kínder: una pintura naive de una carreta atravesando un bucólico campo entre conejitos y ardillitas. Una música densa, tipo mantra tibetano, resonaba en el espacio y comenzó a verse afectada por efectos de dj: era el preámbulo del show de El Muertho, anunciado por Carlos Martínez Rentería como "la sensación de Tijuana".

Sobre la tarima de la orquesta, entre las brumas del hielo seco, una esquelética figura vestida de negro, cubierta con un manto, manipulaba un teclado sobre el que había un foco rojo giratorio de patrulla. Comenzó a cantar una rola donde se proclamaba "decadente, malo, puto", con una voz que definió muy bien Martínez Rentaría: entre Alberto Vázquez y Tom Waits. Las melodías me sonaban a Nortec Collective remezclado con Alaska. Empecé a bailar las rolas del Muertho, y poco a poco fue subiendo gente a la pista, incluyendo a uno que otro ruco que originalmente acudió a bailar con las ficheras.

Se quitó el manto y mostró su aspecto: cabellera rubia, narizón, rostro maquillado de blanco y negro con adornos tipo Kiss, un clown de película gringa de terror mezclado con Divine tras una severa liposucción. Se anunció como el Muertho y presentó a Erick, su "ingeniero de audio, manager y mayate".

Después de cada rola, él mismo pedía con su voz carrasposa, con acento norteño: "¡Un aplauso! ¡No me dejen caer solo!". Comenzó a simpatizarme cuando cantó: "Decrépito... soy un viejo decrépito... entregado al mal... al placer..." Me gustó porque justo acabo de cumplir 51 años y me preocupaba ser un viejo decrépito, pero después de esta rola le veo el lado positivo a ser un viejo raboverde. El Muertho, más que cantar, comenta cosas sobre sus rolas: "Además de decrépito, puto", porque su gracia está en lo que dice, cómo lo dice y cuándo lo dice (al tardarse en armar sus pistas regaña a su orquesta, o sea, a su teclado: "A ver a qué horas, pinches músicos huevones"). Cual sonidero se la pasa mandando saludos: "Al Barba Azul, Al Distrito Federal, a Tijuana, a los Escritores Malditos".

Como una sátira del dark, del gótico, del rock satánico, conecta inmediatamente con el público: "¿Cuál quieren oír del Muertho? ¿"Satánica"? "¿Ya te dijo Carlos Martínez Rentería que me sacaron de la iglesia, ¿verdad, hijo de tu puta madre?". Y se arranca: "Satánica... eres diabólica... eres una malandra...", y le encuentro esa típica picardía mexicana de artistas de diversos géneros, como Amandititita en la cumbia, Don Cheto en la norteña y Mr. Jat en el hip-hop, con una facultad para crear imágenes surrealistas; como el cumbianchero lagunero Chícharo Hernández (inventor de frases como: "del Distrito Federal, yo soy defensa central"), el Muertho saca sus buenas puntadas: "No he tomado mi Viagra, pero ya me tomé mi Clamato", "se murió John Lennon, se murió Michael Jackson, la muerte nos pone tristes, pero la culera también morirá", "antes tenía carro, esposa y dos muchachos, pero me hice malo", y sin que venga al caso, comenta: "Paquita La del Barrio, pinche gorda amargada, ¿me estás oyendo, cerda?". Me percaté de que sí tiene su público underground cuando se llenó la pista al sonar la de "Lobo, ¿estás ahí?". Un cuate me dijo: "Es de culto", y me informó que salió en la película Navajazo (Ricardo Silva, 2014) sobre indocumentados. Al terminar el show, la Orquesta Inmensidad, con sus sacos negros, siguieron el aquelarre con la salsa y la cumbia.

El 31 de octubre se presenta su disco debut: Padre Santo, en el Cine Tonalá. Puedes escuchar un track por semana en www.soundcloud.com/muerthotj pa' que lo conozcas, y si te prende, bajo ninguna circunstancia debes perderte a este engendro que espantó a la mismísima Hello Kitty con sus gruñidos (búscalo en Facebook como El Muertho TJ).

PD: Un saludo a don Andrés Cordero, un vetusto caballero que acudió al evento para conocerme.

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