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Martes , 23.10.2018 / 14:50 Hoy

El médico que escuchaba a los enfermos sin voz

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Verónica Maza Bustamante

@draverotika


Neuropsiquiatra, investigador y escritor, Jesús Ramírez-Bermúdez vuelve a las andadas después de ofrecer su Breve diccionario clínico del alma. Con Un diccionario sin palabras y tres historias clínicas explota un estilo que debería crecer: el del ensayo clínico que se transforma en literatura para todo público.


En tu "Diccionario sin palabras" hablas sobre la afasia, es decir, la pérdida del lenguaje. Antes de conocer a sus pacientes, ¿te planteaste cómo sería no poder comunicarte verbalmente?

No, porque yo soy una persona orientada al pensamiento verbal. Mi mujer tiene un pensamiento visual porque se dedica a las artes plásticas; yo, desde niño fui educado en una tradición literaria por mi padre (José Agustín), y luego me desarrollé en el mundo de la medicina y las neurociencias, habilidades dependientes del lenguaje. Me sentiría verdaderamente discapacitado si no tuviera lenguaje. Tratar con pacientes que lo pierden siempre me ha resultado frustrante porque no solo lo pierden ellos sino también yo. Los afásicos con situaciones tan graves hablan una “jerga fácil” o lenguaje inventado. No parece ser que tengan un código de comunicación personal, sino que son sonidos que se presentan de forma aleatoria y caótica.

En casos como los que narras en tu libro, estás tratando de entender lo que dicen los pacientes afásicos mientras conformas un diagnóstico y observas a la familia. Después de eso, tienes la capacidad de hacer literatura con tu consulta. ¡Es un proceso complejo!

Eso que cuentas en una de las oportunidades que te da la literatura: tratar de hacer que se unan todos esos mundos que vivimos todos los días, experiencias dispersas que en la literatura toman un carril central y se organizan para generar un relato que pueda ser entendido por otros. En la medicina me pasa muchas veces eso: los pacientes te plantean situaciones extremas, marginales, que sobrepasan mis capacidades de entendimiento o de imaginación y, al mismo tiempo, tengo que poner atención a los conocimientos científicos que se generan en el campo de la bioquímica, la biología molecular, la genética, la neurofisiología… y estar atento a los debates de mis colegas, de los sociólogos o antropólogos que discuten el rol de la medicina como una estructura que es una policía de la mente que está vigilando y castigando a las personas que se salen de la norma.

Todo eso es como un concierto que puede llegar a ser caótico, donde cada instrumento toca la música con sus propias melodías pero no de forma organizada. La literatura es una de las herramientas que permite organizarlo todo y reintegrarlo para generar un relato comprensible.

Creo que hacen falta más libros como los tuyos, que saquen los temas médicos de las revistas especializadas y los pongan al alcance de todo lector.

¡De acuerdo! Tenemos la literatura especializada en áreas de la medicina, que es imprescindible para desarrollar conocimientos, y tenemos relatos formidables de la enfermedad que vienen de la literatura, como Thomas Mann y La montaña mágica, pero hace falta la opinión de quienes estamos guiando la expedición y somos los médicos tratantes. Es una cuestión de la condición humana que debería estar al alcance de todos. Debemos comunicar esa experiencia para no separar al médico del paciente, porque si no, el médico está en sus fantasías científicas y el paciente en sus experiencias incomprendidas de enfermedad y sufrimiento. La literatura puede ayudar a aproximar los dos mundos y generar mayor comprensión.

Me gusta tu estilo de narrar con “cajas chinas”, lo cual tiene muchas posibilidades de lectura, lo hace dinámico y, a la vez, hermoso.

La medicina puede aprender mucho de la literatura, pero la literatura también puede aprender de la medicina. Este juego que planteo de tener ensayos colaterales surge de los formatos científicos de comunicación clínica. Por eso se me ocurrió que la lectura te mandara a los ensayos de la segunda parte.

¿Alguna vez pensaste que tenías que responder, siendo neuropsiquiatra, preguntas sobre sexualidad, como en el caso de tu paciente con afasia?

Ese es tu campo de especialidad y por eso voy a ser sincero contigo: ¡yo no hubiera querido tener que imaginarme nada sobre esa área de la vida de mis pacientes! Sin embargo, la madre de una de ellas quería hacerle una cirugía anticonceptiva porque, a su juicio, tenía una sexualidad irresponsable y desbordada. Ya tenía cinco hijos que estaban abandonados. Uno como clínico se pregunta hasta dónde se debe involucrar, si te lavas las manos o haces la cirugía sin que te importe la paciente o no se la haces y te quedas pensando en qué pasará si tiene otro hijo. Son planteamientos clínicos reales, dilemas éticos que yo quería compartir porque me interesa que otros intelectos puedan acercarse a estos asuntos.

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