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La educación sexual integral

Sexódromo
(Sandoval)

La semana pasada brindé una charla en el Colegio Suizo de México sobre educación sexual infantil. Los padres y madres de familia querían saber quiénes deberían ser los encargados de la educación sexual infantil. ¿Los padres o la escuela? ¿O deberían ser los propios chicos quienes, guiados por su curiosidad, se enteraran por su cuenta de estos temas?, me preguntaban.

Les expliqué que en la sexología humanista creemos que la educación sexual infantil debe ser integral, es decir, que los espacios y las personas en donde y con quienes el o la pequeñ@ se desenvuelven tendrían que estar ligados para brindar orientación. Estas corresponsabilidades son requisito necesario para el logro de la salud individual, familiar y social, además de que recibir este tipo de instrucción es un derecho de todas las niñas y niños, independientemente de su edad, raza, procedencia étnica, idioma, religión, ideología, orientación sexual, identidad de género, nacionalidad, origen o dogma.

Hoy quiero compartir esta información con ustedes, queridos lectores, porque me parece de primera necesidad conocerla. Pero vayamos por partes. ¿Qué características debe tener la educación sexual infantil integral? Los siguientes:    


• Se basa en el conocimiento, ejercicio y promoción de los derechos humanos y sexuales de todos y todas.

• Tiene un fundamento científico.

• Incluye aspectos biopsicosociales de la sexualidad.

• Se apoya en estrategias educativas adaptadas a la edad y desarrollo.

• Se imparte en todas las edades.

• Implica diversas personas e instituciones.

• Promueve, ejemplifica, facilita e impulsa la clarificación de valores propios y los reflejados en los derechos humanos.

• Destierra temores, sentimientos de culpa, vergüenza, culpabilidad, creencias sin fundamento y otros factores psicológicos que impidan una vivencia saludable de la sexualidad.

• Enseña a tomar decisiones asertivas, equitativas y responsables.

• Advierte y previene sobre los conflictos y problemas que pueden surgir alrededor de la sexualidad.

• Impulsa a analizar y cuestionar los mensajes sociales que no favorecen al óptimo desarrollo sexual.

• Educa para diferenciar lo que es un juego o una expresión de cariño de un abuso, así como a identificar y evitar situaciones violentas.

• No promueve el inicio temprano de la actividad sexual coital. Facilita la postergación de este momento hasta el momento adecuado de acuerdo al nivel de desarrollo del individuo.

• Considera al ser humano como una totalidad indivisible, única, irrepetible y original, con derechos y responsabilidades.

• Promueve el conocimiento y el respeto del cuerpo, la equidad de género, el respeto a la diversidad, los vínculos afectivos saludables y libres de violencia, la aceptación de un cuerpo sexuado y una visión responsable, madura, planeada y decidida de la maternidad y paternidad.

Ahora, ¿quiénes tienen la responsabilidad de brindarles todo esto a los chiquillos y las chiquillas? Debe ser una labor conjunta. Primero, los padres y madres de familia (se incluyen abuel@s, tutores, nanas), quienes deben buscar fuentes científicas, incorporar en la dinámica familiar la comunicación sobre sexualidad, generar confianza, vigilar lo que sus retoños ven y escuchan, educar en igualdad. Si desde temprana edad se les habla a los menores de una manera sencilla y directa sobre esos temas, respondiendo siempre sus preguntas, cada vez será más sencillo hacerlo. De esta manera, cuando lleguen a la tremenda adolescencia, tendrán un buen nivel de confianza como para enfrentarse a los cambios y despertar a la vida erótica. Además, será un paso para prevenir abusos sexuales.

En segundo lugar se encuentran las instituciones educativas. Sabemos que en México no suele suceder, pero deberían capacitar a su personal sobre educación sexual infantil, otorgando los recursos y materiales necesarios. Esto es muy importante, porque con frecuencia hasta los maestros tienen tremendas lagunas sobre su propia sexualidad, siendo incapaces de atender las dudas o vivencias de sus alumnos.

Las escuelas deberían educar por igual a niños y niñas, conociendo sus derechos humanos y sexuales para ser coherentes al contemplar valores. Es necesario involucrar a los padres en este proceso, así como establecer políticas claras de manejo institucional de las manifestaciones de la sexualidad infantil; si esto último no se hace, se corre el riesgo de que cada educador resuelva situaciones a su manera, generando confusión en l@s chic@s.

Pareciera que en los medios de comunicación no tenemos ninguna responsabilidad, que basta con publicar información a manera de nota informativa o hacer reportajes amarillistas y escandalosos, pero eso no es suficiente. Existen espacios que tratan de brindar información que sea de utilidad a padres y educadores, además de que cada periódico, portal de internet, canal de televisión, estación de radio, agencia de publicidad, debería asegurarse de la calidad profesional de sus comunicadores, tratando de propiciar que se especialicen o recurran siempre a fuentes confiables.

Los chiquitos son muy observadores. Su entorno les genera mucha curiosidad, por lo que están abiertos a recibir contenidos que podrían atentar contra su salud y sus derechos sexuales, la igualdad de género. Si se hace un buen trabajo en los medios, pueden servir como base de datos o herramienta en la educación sexual infantil.

Por suerte en México existen numerosas organizaciones no gubernamentales enfocadas en la atención de asuntos relacionados con la sexualidad humana. Por desgracia, es una minoría la que sabe al respecto o conoce la vastedad de opciones que hay. Recordarán que hace un par de semanas publiqué la “Guía tuitera de la sexualidad y el erotismo”, en donde ofrecí cuentas en Twitter de utilidad, entre ellas las de diversas ONG, las cuales hacen su labor impulsando la generación de políticas públicas que hagan de la educación sexual una prioridad, fomentando redes de apoyo entre instituciones, vigilando que se cumplan los derechos sexuales de los niños y niñas, así como fomentar su salud sexual. Asimismo, buscan apoyar al gobierno para el desarrollo y la implementación de programas nacionales y de alto impacto, aunque no siempre tienen eco.

Las organizaciones gubernamentales también deberían ser parte de este proceso integral creando mecanismos que regulen los contenidos sobre sexualidad de las instancias que brindan la educación. A veces parece que es mucho pedirles su apoyo para sensibilizar, concientizar, formar, capacitar, investigar e informar a la población sobre sexualidad, aunque muy de vez en cuando sí se ve un logro relacionado con los lineamientos legales en asuntos relacionados con la sexualidad (que tendrían que estar basados en derechos humanos y en fundamentos científicos y laicos).

 Por último, tenemos a los propios niños y niñas, quienes deberían conocer sus derechos y sus responsabilidades en relación a su sexualidad, expresar sus inquietudes, ayudar a sus padres y maestros a entender lo que les afecta o les sucede.

La labor no es sencilla, pero tampoco imposible. Como dice el doctor Juan Luis Álvarez-Gayou, director del Instituto Mexicano de Sexología, “la educación de la sexualidad impartida profesionalmente no interfiere con los valores familiares y, fundamentalmente, propicia respeto, responsabilidad, amor y tolerancia”.

Ojalá cada día seamos más los que lo entendamos, por el bien de nuestr@s hij@s y de la humanidad futura.


Verónica Maza Bustamante

@draverotika

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elsexodromo@hotmail.com

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