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La droga caníbal

Adicto
(Especial)

EL PEZ SOLUBLE
Jordi Soler

La sustancia del verano, en Miami y en Mallorca, es la droga caníbal. El nombre se debe a un sangriento episodio, que parece una secuencia de película inverosímil: un muchacho, hasta las cejas de droga caníbal, en un arranque, digamos festivo, le comió la cara a un mendigo, en una esquina de la ciudad de Miami, Florida.

Las drogas se distinguen por sus efectos, por ejemplo, grosso modo, se puede decir que quien fuma mariguana busca una experiencia mucho más dilatada, más espacial que aquel que busca la velocidad de la cocaína. Hay drogas psicotrópicas y estimulantes, y las hay que brindan paz espiritual y otras que aturden, y también hay las que estimulan el pensamiento aunque, una vez ido el efecto de la droga, lo pensado resulte muy pedestre. Hay drogas casi para cada ocasión, para divertirte en una fiesta aburrida y para estimular la química del baile, y todas proveen una experiencia más o menos placentera. Todas menos la droga caníbal, que lleva a su clientela a emprenderla a mordidas contra el primero que se les cruce en ese momento climático en que la droga hace explosión y aparecen las dentelladas, en la cara de un mendigo o, ¿por qué no?, en los hombros de la novia o en el rostro de la madre o la abuelita. El caso todavía no se da, pero es altamente probable que pronto tengamos el caso de una señora de la tercera edad con una mejilla mordisqueada por su nieto, que es usuario de la droga caníbal. ¿O será que morder, y extraer bocados, del cuerpo de un semejante, resulta placentero? ¿No será que se trata de un mecanismo de supervivencia de la especie humana, que al verse desbordada de personal, comienza a imponernos conductas autodestructivas? Quizá el fin del mundo será a mordidas de todos contra todos, y al último quedará el más apto, una criatura que al sonreír dejará al aire su arma letal, y luego lanzará una carcajada al aire, la gran carcajada del vencedor de la especie, que agita victorioso su cuerpo triunfador y sin embargo mordisqueado.

La definición de caníbal en el diccionario es la siguiente: “Antropófago. (Animal) que devora a otro de su misma especie”. Es decir, que las crías que lleva la tarántula en el lomo, y que aprovechan para ir devorando pedazos de su madre, mientras esta las conduce de un lado a otro, son arañas caníbales.

También está esa otra imagen selvática y pintoresca, de un grupo de hombres de color que atrapa un hombre de color blanco, un explorador holandés, con ropa de lino, que es conducido al interior de un gran perol donde ya hierve el agua, para que sirva como la sustancia del caldo que la tribu cenará esa noche. A diferencia de las arañas que se devoran a su propia madre, estos se cuidan de no comerse a uno de los suyos y optan por el holandés que pasaba por ahí, probablemente persiguiendo mariposas. Por otra parte está el caníbal gourmet, representado por ese personaje de novela y de película que es el doctor Hannibal Lecter. Como usted bien sabrá, este refinado doctor organiza cenas en su casa con platillos exquisitos, que todos elogian porque no saben de dónde saca el doctor la materia prima. Así, en esas cenas a las que asiste, por ejemplo, la zona noble de una orquesta filarmónica, el doctor Lecter va sirviendo mollejas, hígado, sesos humanos, todo sazonado, según nos cuenta el autor de la historia, a partir de las recetas que aprende en el Pequeño Larousse de la cocina. O por último, tenemos esa versión de canibalismo que practicaron aquellos deportistas cuyo avión se cayó en la cordillera de Los Andes, y que consistía, básicamente, en comerse, estrictamente para sobrevivir, pedazos carnosos de los compañeros que habían muerto. De todas estas opciones, a la que puede parecerse el muchacho de Miami, que mordió al mendigo en la cúspide del arrebato festivo que le produjo la droga caníbal, es a la de las tarántulas que se comen a su madre. Con la salvedad de que las arañas arrancan bocados del lomo y el muchacho fue directamente a la cara. Me parece que, puestos a ser caníbales, es más grave morder la cara que la espalda.

Los expertos dicen que la droga caníbal es similar a la cocaína sintética, que puede fumarse, inyectarse o esnifarse. ¿Y no sería más consecuente introducirla, por ejemplo, en una manzana, para morderla? Si la cocaína, como esta droga, produjera caníbales, los usuarios en vez de comerse a su víctima, la esnifarían. También dicen que se trata de una droga que afecta a los neurotransmisores del cerebro, que provoca un agudo síndrome de dependencia (¿de las mordidas?) y también alucinaciones, paranoia, aceleraciones del ritmo cardiaco y pensamientos suicidas (menuda fiesta). En terminología química, la droga caníbal se llama: metilendioxipirovalerona o MDPV. Me parece que, más allá de las mordidas y los opinables efectos que produce la droga caníbal, lo verdaderamente llamativo es que haya alguien que quiera consumirla.

Pero el asunto es que hay una legión de entusiastas de la droga caníbal y que, como buen producto del siglo XXI, se vende en internet camuflada como sales de baño, con nombres sugerentes como: Ivory wave, Magic, Maddie black o Supercoke.

Esta droga empieza a preocupar a las familias españolas, que ven a sus hijos partir hacia la isla de Mallorca para experimentar el verano loco de la droga caníbal. El pitazo lo lanzó la BBC, con un programa veraniego titulado Sun, sex and suspicious parents (Sol, sexo y padres que sospechan), donde podía verse una multitud de jóvenes, en el paseo Punta Ballena, bebiendo a saco, practicando sexo oral a la luz de las farolas y retorciéndose sobre los adoquines luego de un chute de droga caníbal. “¿Qué ese muchacho que está mordiendo al otro no es tu hijo Sebastián?”, preguntaba, hace unos días, una vecina de Badajoz, a otra vecina, mientras veían aterrorizadas el programa de la BBC.

La policía mallorquina asegura, y este es un dato que puede usted comprobar en YouTube, que hace unos días tuvieron que intervenir para reducir a un muchacho que había fumado droga caníbal, para evitar que mordisqueara a los turistas que tomaban el fresco en el malecón; la intervención, que comenzaron ingenuamente dos agentes, tuvo que completarse con otros ocho o, para decirlo con toda claridad y sin dobleces, se necesitaron diez policías para controlar a un solo usuario de droga caníbal, que además, como puede comprobarse ahí mismo en YouTube, era un muchacho inglés de talla y complexión normales.

Como todas las historias incipientes, la de la droga caníbal cuenta con pocos datos y una buena dosis de leyenda pero, mientras se definen con precisión sus efectos y el daño que pueda producir a la población, la Unión Europea estudia el caso y contempla la posibilidad de prohibirla. Del documental de la BBC inquietan varias cosas: la violenta locura y el ansia de morderlo todo que observan los consumidores, pero más que nada la posibilidad de que se combinen el sexo oral y la droga caníbal, en esas fiestas locas y a la intemperie, que animan este verano las noches salvajes de Mallorca.

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