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Martes , 25.09.2018 / 00:42 Hoy

Domingo 'Hardcore' y 'hipster cobardes': Ceremony en el Alicia

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Wenceslao Bruciaga

Ceremony, quinteto de raíces punk/hardcore oriunda del condado de Sonoma, a 45 minutos de San Francisco, pudo presentarse en el Multiforo Cultural Alicia después de su reapertura.


Por poco no vemos a los Ceremony. El Multiforo Cultural Alicia fue clausurado alrededor del 15 de agosto por los conflictos que venía arrastrando meses atrás y que básicamente se resumía a una serie de faltas administrativas relacionadas con falta de salidas de emergencia, uso de suelo y malentendidos con la venta de alcohol entre otros puntos, que en conjunto suman una multa de aproximadamente 117 mil pesos.

Por fortuna, los sellos de clausurado no duraron más de seis días y el concierto de los Ceremony pudo llevarse a cabo sin contratiempos gracias al sello Puercords, aunque también sin la convocatoria que hubiera imaginado, sobre todo siendo una de las bandas más promocionadas hoy día por su casa disquera Matador Records y multicitada en los circuitos hipsters que va por la vida pavoneándose con camisetas de Nirvana y Sonic Youth. Quizás que haya sido domingo tuvo que ver en que apenas si llegábamos a la mitad de capacidad del Alicia, algo así como 100 parroquianos. Pero no solo la hipsteriza depende de la pose como alimento para el alma. Los mismos hardcoreros nacionales se esfuerzan por aparentar una rudeza acaso amenazadora, más que dejarse llevar por el placer de rasgar las guitarras a niveles incendiarios y caóticos. Las bandas teloneras, de furia muy bien lograda (mi favorita fue Annapura, hardcore con toques de metal y canciones que no pasaban de los dos minutos), con todo y sus camisetas negras de estampados macabros, no fueron capaces de incitar al pogo desquiciado como lo hizo Ceremony. Cierto que los grupos abridores de un nombre internacional la tienen difícil, pero si he visto como algunos son capaces de prender la mecha. Un puñado más o menos estampó sus cuerpos entre sí con algunas canciones de Malastre de Guadalajara, pero no conseguían sostener el hervor.

Si los de Ceremony se hubieran dado una vuelta por los antros gays de Amberes en la Zona Rosa con las mismas prendas con las que salieron al escenario, hubieran pasado por gringos-güeritos-gente-bien que hacen babear a más de uno. Yo incluido. El guitarrista Anthony Anzaldo, devoto de los pantalones ajustados, las botas picudas y los peinados de salón de belleza hasta daría el gatazo de ser algún Kabah. Las apariencias engañan y le juegan malas bromas a los prejuicios. El look de la banda es más bien fresa sin inconvenientes, pero la rabia vertiginosa que desbordan a lo largo de su setlist es fiel a la tradición del punk y hardcore que predomina en sus primeros álbumes y cuya intensidad han ido ralentizando perversamente; no tuvieron pedos de pasearse con sencillos como The Separation de su último disco The L-Shaped Men (2015) con un ritmo contenido y autista alienado al pospunk minimalista de Joy Division y luego incitar al slam más doloroso mediante canciones vandálicas como Hysteria del "Zoo" (disco del 2012 que los sacaría del under gringo) o "Kersed" de su primer álbum Violence Violence (2006) cuyo estilo sonoro es homónimo al título. 100 personas fueron suficientes para ocasionar una llovizna de empujones al que muchas chicas flacas le entraban sin temor a los moretones y patadas que volaban por nuestras cabezas de todos aquellos que subían y saltaban desde el escenario pero que al vocalista Ross Farrar parecía no importarle, incluso se ponía al borde el escenario y hundía el micrófono en el muégano de cabezas que coreaban las canciones imitando un poco los movimientos eróticos de Henry Rollins en su época con Black Flag y The Rollins Band. Algo similar hacía Justin Davis quién llevaba puesta una camiseta con la foto de Morrissey, la misma que aparece en la portada del Your Arsenal, varias veces me madreó la sien con su bajo y yo hacía como si le mamara la verga. Hace mucho no iba a un concierto de punk tan íntimo, sudoroso y con harta testosterona.

Me acordé de aquella vez que tocó Dinosaur Jr en el Corona Capital y unos bonitos se espantaron del slam que se armó: "¡¿Que nunca han ido a un concierto?!" nos gritaban.

Una cosa es cierta: la gente que va al Alicia en verdad se concentra en disfrutar la música y los madrazos y no solo hace check in presumiendo las garritas de oferta, codeándose con influencers.

Cerraron con "Sick" y los mamones no quisieron echarse un encore. Tenían prisa por desmontar los instrumentos y bajarse al changarro: el vocalista se puso a vender y cobrar las camisetas oficiales de Ceremony a la entrada del Alicia. A 200 cada una.

Twitter: @wencesbgay

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