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Doble vida

Gizmo
(Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

“Yo bebo poco, pero cuando bebo
me convierto en otra persona,
y esa persona bebe mucho”:
El Profesor Sabelotona.

Desmond Morris, en su libro Observe a su gato, nos describe cómo un gato doméstico puede sorprender a su amo cuando éste lo descubre en la calle, en una pelea callejera, mostrándose de una forma salvaje y desconocida, y si el gato reconoce a su amo, vuelve a adoptar su habitual personalidad apacible.

El extraño caso del Dr. Jekill y Mister Hyde, de Robert Luis Stevenson, y la película Los Gremnlis (Joe Dante, 1984) tienen para mí el atractivo del personaje siniestro que vive oculto bajo la piel de un ser tierno, pero estos personajes son así por caprichos de la naturaleza (como los actuales bipolares), algo muy distinto a tener una vida alterna por decisión, como los superhéroes con identidad secreta o las parejas infieles.

Una vida alterna a la habitual es un sueño humano. Estar en otra casa, dentro de otra ropa, como un descanso a nuestra monótona cotidianidad. Es como tener dos casas: una en la ciudad y otra en el campo. Una en una para vivir agitadamente y la otra para disfrutar la paz.

El Halcón Maltés es una gran novela policíaca escrita por Samuel Dashiell Hammett, cuya versión cinematográfica (también memorable, dirigida por John Huston en 1941), omite un diálogo interesante que tienen los personajes mientras hacen tiempo, a la espera de la entrega de la estatuilla del Halcón. El detective privado Sam Spade (Humprey Bogart) les cuenta que una vez lo contrató una mujer para que vigilara a su marido. El detective lo encontró, viviendo con otra mujer. Cuando el detective habló con el marido infiel, éste le dijo: “Un día caminaba por una calle cuando, de una obra en construcción, me cayó una pequeña roca en el rostro y pensé que pudo haber sido peor, una roca más grande que me pudo haber matado, así que decidí dejar la vida que llevaba, que no me gustaba tanto, para probar otra”. Sam Spade concluye: “El hombre se había acostumbrado a que las piedras no cayeran, y después se acostumbró a que las piedras cayeran”. Lo cual sugiere que una doble vida no tiene gracia si ambas son igual de aburridas.

Un personaje fascinante es Wakefield (1846), creado por el escritor Nathaliel Hawthorne, quien un día sale de su casa a dar un paseo, da la vuelta a la manzana, ve un departamento vacío en renta, lo alquila, y durante treinta años desaparece de los suyos, observando a su familia desde una ventana, atestiguando cómo se preocupan y lo buscan durante mucho tiempo, hasta que se resignan y regresan a la normalidad. No vive con nadie, no es infiel, no adopta ninguna nueva forma de pensar ni cambia de personalidad, solo es alguien que quiere vivir en un espacio apartado de su mundo habitual, sin referencias emocionales a su otro pasado. Un día, con el mismo impulso con que decidió autoretirarse de su vida en familia, Wakefield regresa a su antiguo hogar como si nada.

Quizás Wakefield percibiera que los espacios, por mucho tiempo que se habiten, son un espejismo temporal. Eso me percaté con la reciente muerte de mi mamá, Lety Pérez, cuya casa ya no existe, con 42 años acumulando cosas a cuestas: retratos, imanes del refri, ceniceros, todo se esparció; lo que fuera ese hogar ya solo es un recuerdo, destino de todas las casas y todas las cosas. En el fondo las cosas no son más que la esencia de un recuerdo recubierto de madera, metal o plástico.

En la novela corta Benito Cereno (1855), un barco norteamericano auxilia una embarcación española. El capitán norteamericano, Malasa Delano, se entera de que la embarcación española transporta esclavos africanos a América, pero Delano percibe que el Capitán Benito Cereno y parte de la tripulación se comportan de una manera extraña (luego se revelará que están secuestrados por los esclavos, quienes quieren ser llevado nuevamente a África y los obligan a fingir que siguen al mando); de igual modo, algunas personas llevan una doble vida a fuerzas, cuando se casan con alguien que no quieren o trabajan en un lugar que no les gusta, y van por la vida con una sonrisa que oculta el lado oscuro de su vida. Por supuesto, también está el mitómano que nos quiere apantallar con una lujosa vida inexistente.

En este mundo nada es lo que parece. Quizás por las noches, después de trabajar en este benigno diario, me ponga un disfraz de superhéroe y salga a salvar damiselas en peligro, haciendo cosas incomprensibles para los demás; quizás vea la vida de dos maneras: con mis ojos y a través de una máscara. Solo existen dos peligros: volverse un poco loco y ser descubierto.

Tal vez todos tengamos un poco de “doble vida” cuando damos una cara por un lado y la ocultamos en otro. Yo acabo de ser descubierto drásticamente como un farsante, y solo diré que me sentí como si a Hitler le encontraran judíos escondidos en el sótano. Les revelaré más detalles el 31 de diciembre. Besitos.

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