QrR

La discoteque más grande del país

A 40 años de aquella efervescencia que coincide con los sesenta que hace un par de días cumplió John Travolta —el Tony Manero de Saturday Night Fever, prototipo disco por excelencia—, los discolocos mexicanos se organizaron su fiesta trimestral donde trasegaron vino barato que luego sudaron y sacudieron junto a la polilla acumulada en meses de espera.

A inicios de los setenta, el deprimido movimiento hippie encabezado por músicos de rock, cansados de anunciar la muerte de la utopía, renunciaron a su deber de colmar de hits a la sedienta industria musical. Por su parte, los Sonidos Filadelfia y Nueva York, junto a la marca Motown, encabezada creativamente por miembros de la comunidad negra que nunca se creyeron el cuento de las redención roquera, se consolidaba como una fábrica de nuevos talentos y ritmos que llenaron el vacío dejado por quienes se clavaron en la textura del “In-a-ga-da-da-vida”.

“Rock the Boat”, de Hues Corporation, y “Love Theme”, de Barry White, fueron los primeros hitazos en llegar al número 1 en 1974 y a partir de ese instante los éxitos discotequeros no cesaron, al grado que la industria exigió a artistas con otros intereses que le entraran a la onda dance (los roqueros Rolling Stones, Kiss, Blondie o David Bowie son ejemplo de lo anterior), al punto que el género de los huevos de oro acabó exhausto, con una severa sobredosis de cocaína y la amenaza de estar enfermo de algo conocido como sida que pescó en un sucio baño del Studio 54. Tras su ingreso en terapia intensiva a mediados de 1982, dio paso de nueva cuenta a una nueva reinvención del rock.

NO ANDABA MUERTA

En México, la música disco tuvo una gran aceptación desde el primer momento. Estaciones de radio y programas de televisión se regodearon con los temas que se generaban cada semana y si bien es cierto que en la segunda mitad de los ochenta casi desapareció del mapa, a partir de 1988, con el surgimiento del programa de radio Back to Disco, conducido por la leyenda Mario Vargas, la legión de fans despertó de su letargo y defendió el legado que estaba a punto de experimentar el primero de varios reencuentros.

El cariño de muchos nostálgicos de la fiebre de sábado por la noche quizás explique que en 2014, a las 9 de la noche del sábado 15 de febrero, hora en que se abre pista en el Centro de Convenciones de Tlatelolco, la casa esté casi llena y más de 400 personas —tras pagar sus 150 de cover— ya chancletean en la pista de cristal que a eso vinieron.

Desde temprano, los meseros van y vienen cargando con botellas, sobre todo de Torres 10, aunque también hay quien prefiere Jimador, cerveza en lata, y unos cuantos hacen el esfuerzo de beber algo más finolis como Jack Daniel’s o Absolut Azul, pues de otro color no hay.

MUJERES TRABAJANDO

Esta noche tocó a Dj Katana la agradable encomienda de hacer bailar a la congregación llegada de diversos puntos de la capital. Usando para ello solo discos de acetato, la concentrada dama tiene a su disposición cañón de humo, asistente de luces y otro más con efectos especiales que aparecen en una gran pantalla a sus espaldas para transportar a la concurrencia a la euforia de finales de los setenta.

Aunque es importante el esfuerzo tecnológico, no sería suficiente si Katana no mezclara con maestría todos los hits que reposan en sus dos cajas de plástico duro. Bee Gees, Anita Ward, Azoto, Rick James, Village People, Donna Summer y los Jackson Five comparten la misión de mantener a bailadoras y bailadores alejados de las mesas.

Entre los asistentes hay de todo, desde aquel que sobrepasa las 60 lunas de octubre y seguro vivió el arranque de la música disco, hasta sus hijos (¿o nietos?), jóvenes que no parecen tan emocionados por las tonadas de Boney M, pero que de algún modo disfrutan bailando con sus madres, tías o parientas mayores. México tiene el boogie.

Fiesta discotequera que cumple con todos los parámetros para convertirse en un clásico de la noche chilanga y que tendrá su siguiente versión el sábado 29 de marzo, fecha que ningún discotequero que se precie de serlo se debe perder.

Hasta entonces.

Juan Alberto Vázquez

@JUANSINATRA

< Anterior | Siguiente >