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Martes , 23.10.2018 / 00:39 Hoy

Día de la Dependencia

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


"¡Vivan los padres que
nos dieron casa!"
Un 'nini'

Por muy mexicano que quieras ser, no podrás escapar de tu nacionalidad estadunidense: tus chiles en nogada los metiste en un microondas gabacho, el refresco de toronja al que le pusiste a tu tequila fue de marca gringa y el sombrero de charro lo compraste en el Waldo's.

Del mismo modo que no puedes presumir que eres ciento por ciento Agave, tampoco puedes farolear que eres una persona totalmente independiente. "¡Me gusta ser diferente!". "¡Yo hago lo que quiero!". "¡Para gente distinta como yo!", son los slogans publicitarios clásicos para atraer consumidores que se sienten muy independientitos, los clásicos trolls del Twitter y provocadores del Facebook que le llevan la contraria a todo mundo para demostrar que ellos sí piensan por sí mismos, pero que su mamá les lava sus calzones, su pareja los checa por celular o no pueden vivir sin su pachita, su churrito o sin su rayita.

Compatriotas, les pido con el corazón abierto, que nos tomemos de las manos y con honestidad aceptemos que somos dependientes de algo: sustancia, persona, estampita, amuleto, animal o cosa, y que sintamos un inmenso placer con ello, aunque nos tachen de huevones, mandilones, malinchistas, con mamitis, adictos lamentables sin fuerza de voluntad.

El cordón umbilical

El Complejo de Edipo y el Complejo de Electra no tiene tanto qué ver con el amor erótico hacia la madre o el padre como a su primer fuente de ingresos, que fue una teta, o leche en polvo, que compró la propietaria de la teta y el señor que colaboró en la gestación del bebé que toma su leche, quienes aparte de becar al bebé le dan golosinas y regalos (en su cumpleaños y cuando papá y mamá se separan).

En los varones es más notoria la presencia del cordón umbilical porque como somos unos hijos de la chingada, cuando nos entra el remordimiento corremos a faldas de nuestra jefecita, pidiéndole perdón (y de paso pedirle que cuide a los niños el fin de semana). Cuando es el 10 de Mayo nos ponemos pedos y les cantamos "Las mañanitas" (esa fecha, por cierto, también se ponen pedas algunas madres solteras que amarraron el cordón umbilical de sus chamacos al de los abuelos, quienes realmente se ocupan de ellos, pues las madres solo los ven si se los encuentran en una plaza comercial).

Los padres y las madres podrán ser injustos, regañones, impositivos, anticuados, pero no podemos dejarlos solos, que sientan nuestro cariño (con suerte, en la herencia nos dejan aunque sea el carro).

El sexo

Desde que Freud reveló la existencia de la sexualidad infantil ya nos chingó, pues desde chiquitos tenemos urgencia por coger, pero todavía no identificamos qué son esas cosquillas que sentimos con las Barbies en posición de perrito ni tenemos los caracteres sexuales secundarios lo suficientemente desarrollados para empezar a ponerle; lo importante es que la pulsión sexual ya está latente, y eso ya nos condena a depender del sexo, llámese noviazgo, matrimonio, amantes, swingers, prostitución, negociación, "se me subieron las copas", etc.

¿Qué tan adicto al sexo eres? Piensa en cuánto tiempo y dinero le metes, y si se pasa de razonable, es que ya tienes problemas con tu cachondería. Ver pornografía no está mal, pero cuando vas en el Metrobús, rodeado de monjitas, no es apropiado ver fotos de sexo con animales. Una persona muy atractiva te puede dejar en la calle, y si ya te casaste con otra persona, y tienes que sacar del gasto para un segundo, tercer frente, ya te jodiste. ¡Pero el orgasmo quién te lo quita! ¡Salud por la muerte chiquita!

El azúcar

Por azúcar entiéndase cualquier cosa que probamos, nos pareció deliciosa y ya no queremos dejar. Las legales efectivamente tienen azúcar: refrescos, chocolates, pastelillos, caramelos, galletas y demás productos que todo mundo guarda en un cajón de su lugar de trabajo. Si no hay nada de eso en la oficina, ¿cómo se puede chambear?

Le siguen el chupe, el tabaco y las botanas, pues la mente humana es incapaz de concebir un fin de semana sin fiesta o reunión, y éstos son los elementos básicos (y si no hay condiciones para un reventón, pues se arma uno el suyo propio en su casa, vaya). Son los elementos básicos de una adicción a la que somos propensos los mexicanos: la Fiestadependencia.

Por último, están las substancias prohibidas, que son las más fáciles de adquirir, porque se producen mucho y a cualquier hora se pueden conectar. Así que con ácidos, sexo y un aplauso a los papás que nos prestaron para la verificación, levanto mi tequila y digo: "¡Viva la dependencia!".

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