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Un día en las carreras

F1 México
(Reuters)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Laura García Arroyo

Quizá no tenga nada que ver con aquella mítica película de los hermanos Marx, pero su título nos viene como anillo al dedo para contar lo que fue este fin de semana el regreso de la Fórmula 1 a nuestro país.


Reconozco que sentí preocupación cuando, hace dos semanas, pasé por las inmediaciones de la Ciudad Deportiva del Distrito Federal y veía mucho por hacer aún en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Esa misma preocupación se transformó en orgullo, satisfacción y felicidad al entrar el viernes y disfrutar del Gran Premio de México en unas remodeladas instalaciones, que fueron el marco perfecto a uno de los eventos más esperados de los últimos años.

Acostumbrados a usarlo para conciertos y otras actividades que no tenían que ver con coches, por fin el autódromo recuperaba su esplendor original, pero esta vez con más tecnología, más construcciones, más moderno y listo para albergar a las 336 mil 174 personas que, según cifras de los organizadores, desfilaron por el recinto durante los tres días que duró el acontecimiento.

Muy bien planeado y dirigido por los anfitriones, nadie hubiera imaginado que no se había disputado una carrera oficial ahí desde 1992. Ninguno de los pilotos que compitieron en la fecha 17 de calendario 2015 conocía el circuito, así que todos éramos un poco novatos esta vez.

El viernes 30 fue un día de toma de contacto de los pilotos con la pista. Conocer el trazado, probar los coches, ajustar los motores (la altura y el clima, mayores preocupaciones de los equipos) y entrenar. El sábado 31, más entrenamientos y las tres series de calificación en las que los tiempos registrados por los corredores determinaron el orden de salida en la carrera. Y el domingo 1, exhibición de coches de carreras de los años 70 y 80, el desfile de pilotos con una vuelta al circuito en coches convertibles y las 71 vueltas que pondrían a vibrar a toda la grada. Una grada eufórica y entregada que fue distribuida en los 4.3 kilómetros de longitud, dividida por zonas señaladas por colores, y que estableció un récord de asistencia en la Fórmula 1.

No sería la única marca batida, el brasileño Felipe Massa logró la mayor velocidad del año, poniendo su Williams a 364 kilómetros por hora y al público al borde del éxtasis.

Tampoco fue la única novedad, pues la ubicación del podio hizo que más de 40 mil personas asistieran a la coronación de Nico Rosberg, vencedor de la carrera después de una hora, 42 minutos y 35 segundos. Mariachi, confeti tricolor, sombreros charros y el júbilo clamoroso contagioso fueron el broche de oro a una jornada formidable.

Pero los verdaderos triunfadores fueron el espectáculo, la alegría y la pasión. Asistir a un Gran Premio es atestiguar el poder de la velocidad, la precisión de un motor, el trabajo en equipo y la mentalidad de un piloto. El ruido incesante y estremecedor del paso de los coches es solo uno de los síntomas de lo que el corazón siente con cada novedad en la carrera. Un cambio de neumáticos, un choque, un adelantamiento, un desacuerdo entre piloto y director de equipo que se escucha en la comunicación, la llegada de lluvia que obliga a cambiar la estrategia... todo es aplaudido, seguido y sentido por el público que sigue las incidencias en la pista, en las pantallas, en la megafonía, en la radio, aprendiendo del de al lado, leyendo las revistas con los datos duros de cada carrera, las curiosidades del vestuario, la historia de cada piloto, las estadísticas, las previsiones... Este año el campeonato ya venía decidido, Hamilton revalidó la semana pasada en Austin su título como el mejor y esa tranquilidad le ha permitido disfrutar México como pocos lugares: ha comido tacos, ha participado en las luchas, se ha vestido de charro, ha probado el pan de muerto y ha repartido sonrisas con todo el que se le acercaba. Todos coinciden en señalar el circuito mexicano como uno de los más emocionantes y motivadores del mundo.

Y luego hay que sumarle todo el ambiente que gira alrededor de este deporte. Sí, es cierto, no es una disciplina popular y se necesita de un buen bolsillo o ahorro para poder compartirlo, pero la pasión no conoce límites. Aderezado con zona de comidas, bares variados, conciertos, visita de grandes leyendas de la competición, personalidades del mundo de la política, el arte y el deporte, stands con venta de productos de las escuderías, los pilotos el autódromo o la Fórmula 1 en general, el fin de semana se convierte en una verdadera experiencia difícil de olvidar.

Celebremos el regreso del automovilismo a nuestra ciudad con un éxito dentro y fuera de la pista. Soñemos con la siguiente edición y, por qué no, con un Checo Pérez motivado y exultante, en lo más alto del podio. Próxima cita: 30 de octubre de 2016. Motores listos.

Laura García Arroyo es conductora del programa 'La dichosa palabra', del Canal 22.

@Lauentuiter

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