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El día que Jim Morrison se bajó los pantalones

Jim Morrison
(Mored)

EL PEZ SOLUBLE
Jordi Soler

A pesar de su espeso historial drogata, que lo hizo protagonizar sonados escándalos y al final se lo llevó a la tumba, Jim Morrison era un hombre que se interesaba, de manera auténtica, por el teatro y la literatura. Cualquiera que se haya acercado a su biografía sabrá que entró a la música por la poesía, musicalizando, con sus colegas, sus poemas. Ya sé que todos saben perfectamente de dónde viene el nombre de su grupo, The Doors, pero de todas formas voy a decirlo por si hay alguien que lo ignore, y porque es la prueba de que Morrison era un cantante que se interesaba por los libros: The Doors es un nombre inspirado en el ensayo The doors of perception, de Aldoux Huxley, cuyo hilo conductor es la mescalina, una de las sustancias predilectas del cantante. Como puede verse, en el libro de Huxley, que dio nombre a The Doors, coincidían la literatura y la droga, las dos pasiones visibles de Morrison porque, según se sabe, cantar no era para él propiamente una pasión. Pero el caso es que Jim Morrison era universalmente conocido como cantante y al principio, como era un hombre tímido, cantaba de espaldas al público y echaba mano de dosis tranquilizadoras de alcohol y drogas, para que lo apasionara aquello que más bien lo aterrorizaba. Le salió tan bien lo del apasionamiento, que concierto a concierto fue dando la cara a su público, primero de perfil, luego de tres cuartos y un buen día de frente, aunque con gafas oscuras. Logró desinhibirse tanto que una noche, en un famoso, por bochornoso, concierto en Miami, no solo salió de frente y sin lentes, sino que también amagó con bajarse los pantalones y exponer lo que ocultaban. La policía impidió la conclusión del acto, pero el acto interrumpido, la hazaña que no llegó a término, quedó fijada en la memoria roquera colectiva, con más fuerza quizá que si la hubiera completado, porque en vez del acto provocador y revolucionario que fue, hubiera sido, simplemente, una guarrada. Aquel acto aparentemente gratuito tiene su raíz en una compañía de teatro, que revolucionó a la juventud en esos años, alrededor de 1969, de nombre Living Theatre. Como también se sabe Jim Morrison, antes de ser estrella mundial del rock, estudió cine en Los Ángeles, en la UCLA, en la misma generación que estudiaba un gordito de familia italiana llamado Francis Ford Coppola. Años más tarde, como homenaje a su ex condiscípulo, Coppola incluiría la apocalíptica pieza "The End", de los Doors, en la obertura de su no menos apocalíptica película Apocalypse Now.

El Living Theatre era un grupo teatral comandado por Julian Beck y Judith Malina que pretendía revolucionar la forma de representar historias en el escenario, pretendía, grosso modo, romper la barrera entre actores y espectadores y despertar la conciencia revolucionaria de la juventud estadunidense, con sus obras flamígeras, que incluían desnudos integrales colectivos y rozamientos con el público que también terminaba desnudándose. En las obras se denunciaba la desigualdad, el machismo, la guerra de Vietnam, los abusos del gobierno y de la clase capitalista. El Living Theatre era, en fin, una bomba que preocupaba al gobierno de Richard Nixon.

Para contrarestar a ese grupo teatral de revoltosos, que había empezado con representaciones en Nueva York y luego había ido visitando universidades por todo el país, la autoridad fiscalizaba sus cuentas, sus permisos, las condiciones de seguridad e higiene de los foros donde se presentaban y, poco a poco, el grupo de Julian Beck fue siendo esquilmado, acorralado por la economía y por la policía, especialmente cuando llegaron a California, donde la revolución del Living Theatre hizo eclosión con una revuelta estudiantil en Berkley, y con la policía y el ejército que, para contener los desmanes, había sacado a la calle el gobernador Ronald Reagan. Sin dinero y sumamente apaleado, el grupo de Julian Beck hizo una serie de esforzadas funciones que tuvieron un número variado de público, a veces lleno total, otras medio vacío, pero en todas un solo espectador que no falló a ninguna de las representaciones: Jim Morrison.

La obra que Jimbo vio varias veces era Paradise Now, una perorata políticoesotérica que proponía la liberación a partir de provocadoras parrafadas y del cuerpo desnudo y su interacción con otros cuerpos. La parte californiana fue el último tramo de la gira, el grupo había sido despelucado por Hacienda y por la policía, y ya no tenían dinero ni para regresar a Nueva York. Jim Morrison, al tanto de esta contrariedad, se acercó a Julian Beck y a Judith Malina y, después de manifestarles su admiración, les regaló dos mil 500 dólares para que pudieran regresar a su casa. Al día siguiente Morrison volaría con los Doors a Miami y ejecutaría la malograda escena de bajarse los pantalones con la intención de liberar a los jóvenes que lo veían, atónitos, por la vía de la parrafada y el cuerpo desnudo. No se trataba de un desplante de borracho, sino de un entusiasta homenaje a su admirado Julian Beck.

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