QrR

La deslocalización de Santa Clos

Santa Claus
(Guadalupe Rosas)

EL PEZ SOLUBLE
Jordi soler

La globalización es un proceso que lo toca todo, pero con diversas y muy variadas intensidades. Por ejemplo, en Europa, en la zona de los servicios que incluyen un interlocutor telefónico, la globalización es absoluta. Si se compra un boleto de avión, de la compañía Air France, para volar de Madrid a México, y surge un imprevisto que requiere la intervención de un ser vivo del otro lado del teléfono, quién se hará cargo es una señorita, o un joven, que contestará desde su oficina en Londres, esa llamada que el cliente está haciendo desde Madrid. ¿Por qué tanto lío?, ¿no sería más fácil que al de Madrid le contestara una señorita en Madrid? Sería más fácil, pero más caro, porque en las afueras de Londres hay una compañía que ofrece cientos de telefonistas, en todas las lenguas de Europa, que cuestan la cuarta parte de lo que costaría instalar una oficina con secretarias en Madrid, a las que habría que pagarles la cuota sindical, la seguridad social, el aguinaldo, la baja por maternidad, y ese espeso e inconveniente etcétera que existe siempre que se contrata a personas que tiene uno al lado, que en cualquier momento van y tocan la puerta de la oficina del director general para reclamar sus prestaciones y sus derechos. En cambio el telefonista que está en Londres, y que hace como si estuviera en Madrid, es un empleado que nadie ve y que nadie tiene que padecer; ya decidirán sus empleadores ingleses que prestaciones le dan y qué derechos le escatiman.

En Estados Unidos hay un servicio por internet, que redacta informes de diversas disciplinas; si usted es abogado o médico, y necesita escribir una ponencia para el congreso de Acapulco, este servicio le envía una brillante conferencia, redactada de pe a pa, con todo y saludos a las autoridades y a los distinguidos miembros de la academia. Tengo un amigo psicoanalista en California, que se dedica a hacer informes del perfil psicológico de individuos que están encerrados en prisiones del Estado; él interroga a sus pacientes, hace notas y saca conclusiones y después encarga la redacción minuciosa del informe a una secretaria que escribe en inglés, y sabe de psicología, y está sentada frente a la pantalla de su computadora en el sur de La India.

Alguna vez, hace años, nos enteramos de una curiosa deslocalización en México, que tenía que ver también con los operadores telefónicos, aunque no propiamente con la globalización: llamaba uno con la intención de comprar boletos para un concierto, y del otro lado de la línea contestaba un señor, de modales impecables, que estaba sentado frente al aparato de teléfono, con el tobillo derecho encadenado a la pata del escritorio, cumpliendo una larga condena en el Penal de Barrientos. Aunque, efectivamente, este operador carcelario tiene poco que ver con la globalización, sí que es parte de esos negocios que se hacen con un teléfono y, sobre todo, cierra un extraño círculo dentro de este artículo, que sugiere una situación delirante y, sin embargo, factible; tomando en cuenta que las cárceles son también unidades productivas en diversos campos, como la encuadernación, el embalaje o la bisutería que los internos ejecutan con probado talento, no sería imposible que el psicólogo que encarga el informe de su prisionero, sea redactado por un individuo que cumple condena en una cárcel. Ahí tenemos el vértigo de la deslocalización y yo aprovecho el mareo para ir a la madre de las deslocalizaciones que tiene lugar, en este preciso instante de fervor navideño, en el pueblo de Yiwu, que está a 300 kilómetros al sur de Shanghái, en China.

En Yiwu, que es una ciudad de un millón doscientos mil habitantes, hay seiscientas fábricas dedicadas a las decoraciones navideñas. De acuerdo con los datos que ofrece la prestigiosa revista The Economist, 60% de todos los objetos que sirven para vestir las fiestas navideñas se produce en esta ciudad de China, que está bastante lejos del Polo Norte, donde se supone que está la gran Factoría de Santa Clos, y también muy lejos del paraíso fiscal desde donde opera el Niño Dios. La base laboral que produce las series de luces para ponerle al arbolito, los gorros de Santa Clos, las esferas y las pantuflas con nariz de Rodolfo el Reno, está compuesta de inmigrantes que llegan de todas las ciudades de china, a cumplir con jornadas de 12 horas, a cambio de un salario que oscila entre los 4 mil 500 y los 6 mil 500 pesos al mes, un dato en el que habría que reflexionar a la hora de estar poniéndose esos graciosos calcetines con la figura de Santa, o esa gorrita verde que supuestamente usan los gnomos y los elfos que trabajan en el Polo Norte. Ese calcetín y esa gorra están hechos en Yiwu, China, por empleados que en general no saben lo que están fabricando, porque en su cultura milenaria no ha logrado colarse la Navidad.

Yiwu es un enorme mercado internacional donde, además de los productos navideños, se fabrican todos esos objetos muy baratos, de calidad opinable, que se venden en los bazares chinos de todo el mundo; es el mercado líder en la producción de flores de plástico pero también de productos sumamente específicos, como sucede en las tiendas chinas de Cataluña, en donde un catalán independentista puede encontrar banderas, gorros, insignias y trompetas de impecable factura separatista, fabricadas en Yiwu, por un precio irrisorio. También son muy poderosos en la producción de objetos inflables de plástico, como los salvavidas, las albercas para niños o los colchones para salir del paso cuando llega la parentela.

Últimamente la hegemonía de Yiwu se ha visto amenazada por dos gigantes de las ventas por internet, Alibaba y Made in China, que fabrican sus productos lejos de este enorme mercado internacional, en otros países o quizá en algún recóndito pueblo de la misma China.

Aunque la Navidad sigue sin ser una fiesta reconocida en China, los economistas que observan el fenómeno, aseguran que Santa Clos, con todo y que no es un personaje popular, es más famoso en China que Jesucristo, que fue víctima de la prohibición de las religiones del régimen comunista. A partir de esta incipiente fama, y de que en Yiwu se produce el 60% de los objetos navideños de todo el mundo, el gobierno de la ciudad tiene proyectado para el año 2016, en mancuerna con la compañía finlandesa Lappset Group, la construcción de un Santa Park (algo así como un Disneylandia navideño), en la ciudad de Chengdú, capital de la provincia de Sichuan, que tiene 14 millones de habitantes. Ahí en ese parque temático, en el año 2016, comenzará la deslocalización de la navidad, que pasará oficialmente del Polo Norte a Yiwu y a Chengdú, y ahí necesariamente se contaminará, se reconvertirá y será irradiada al mundo como la navidad de siempre pero con aires chinos, Santa Clos seguirá repartiendo regalos, por supuesto, pero ya no será el hombre europeo de barba blanca y barriga, sino un personaje de bigote lacio, panza prominente y gesto de estar contemplando el más allá, que repartirá regalos montado en un dragón de carnaval.

< Anterior | Siguiente >