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El dadaísmo y su herencia musical

Hugo Ball en el Cabaret Voltaire, en 1916.
Hugo Ball en el Cabaret Voltaire, en 1916. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Silvia Herrera


El 5 de febrero se cumplen cien años de la apertura del Cabaret Voltaire, cuna del dadaísmo, uno de los movimientos de vanguardia más influyentes hasta nuestros días. Recordamos a Hugo Ball, el artífice de todo, y algunas secuelas que dejó.


El dadaísmo no fue la primera escuela de vanguardia que surgió (el cubismo apareció en 1907 y el futurismo en 1909), pero junto con el surrealismo es la que más influencia ha tenido hasta el día de hoy. La figura con la que más se le ha asociado es el poeta rumano Tristan Tzara, y no pocos despistados lo han llegado a considerar el creador del movimiento. Sin embargo, su verdadero artífice fue el poeta, dramaturgo, novelista y músico alemán Hugo Ball.

Ball nació en 1891 y su formación fue básicamente autodidacta. La lectura de Nietszche fue una gran influencia para lo que desarrollará posteriormente. Kandinsky, Picasso y los futuristas italianos también fueron importantes en su formación. En 1915, con su pareja, la actriz Emmy Hennings, se dirigió a Suiza. En 1916 la pareja se estableció en Zurich, ciudad llena de gran actividad intelectual, donde abriría el Cabaret Voltaire, luego de superar algunas penalidades. El 2 de febrero se hizo el anuncio previo y oficialmente su apertura fue el 5 de febrero. Esa primera noche se presentaron tres artistas rumanos que ayudarán a definir los principios del movimiento: los pintores Marcel Janco y Jean Arp, y el poeta Tristan Tzara. En este momento inicial, ni el nombre ni los principios del movimiento estaban establecidos. El 15 de junio se usó por vez primera la palabra dadá. Aunque su invento ha generado algunas polémicas, lo cierto es que la participación de Ball es incuestionable. En su diario, en una nota del mes de abril escribe a propósito del plan de crear una revista del Cabaret: “Tzara está preocupado por la revista; mi sugerencia de que se le ponga ‘Dadá’ es aceptada. Dadá quiere decir en rumano: Sí, sí; en francés, es la forma infantil de decir ‘caballo’, en alemán es una señal de ingenuidad y está relacionada con la carriola de un bebé” (en Dadá documentos, de Ida Rodríguez Prampolini y Ruta Eder, UNAM, 1977).

En cuanto a los principios, la provocación y el humor fueron los primeros en usarse como estandarte. Tzara en sus intervenciones buscaba hacer reaccionar al público y la actitud burlesca servía para protestar contra la violencia que se estaba viviendo por la guerra. El líder soviético Lenin vivía enfrente del Cabaret Voltaire; así que la revolución sociopolítica y la artística se encontraron ahí, aunque en realidad no congeniaron (relajo y revolución no se llevan). El irracionalismo, el nihilismo y el sin sentido fueron otros rasgos que se asociaron con el dadaísmo. Pero si para Ball esta provocación y creación de un caos eran necesarios para hacer nacer un nuevo arte y un hombre nuevo, el “facilismo” que implicaba hizo que el movimiento triunfara y que gente sin talento asumiera sus principios. Ball, por ello, terminó alejándose del movimiento y Tzara se convirtió en el nuevo líder. Si bien Marcel Duchamp no fue un miembro oficial de dadá, sus ready mades forman parte de su estética (el orinal es el más famoso). Pero si ese primer gesto poseía algún valor, lo que han hecho artistas de hoy como Gabriel Orozco y su caja de zapatos es un abuso. En general, happenings y performances tienen su antecedente en los espectáculos del Cabaret Voltaire.

En música, la pieza de John Cage 4’33’’, que puede ser “interpretada” por cualquier instrumentista o conjunto instrumental, puede ser considerada dadaísta. El músico aparece en el escenario, pero no debe tocar nada durante el tiempo que especifica el titulo. Teóricamente, referido al rock, el crítico inglés Greil Marcus es el que mejor uso ha hecho del dadaísmo al compararlo con lo que significó el punk. Si bien David Byrne, de los Talking Heads, cita uno de los poemas fonéticos de Hugo Ball, en su pieza “I Zimbra”, del álbum Fear of Music (1979), eso no es dadaísmo. Dadaísmo es la actitud de los Sex Pistols agrediendo al público, como antes lo había hecho Iggy Pop con The Stooges, al que también le gustaba herirse en el escenario, algo que hizo Alan Vega con Suicide imitándolo. Pero antes de ellos, el mayor dadaísta que ha generado el rock fue Frank Zappa, tanto en el plano letrístico como en el escenario, como ha señalado Juan Villoro. En su libro de memorias, Zappa cuenta varios episodios de gente del público a la que animaban a participar o que espontáneamente lo hacían, como los marines que destrozaron un muñeco como si fuera “un bebé coreano”; o el chico al que le gustaba revolcarse como un perro en el escenario y que pedía que lo rociaran con Pepsi Cola; o él simplemente se subía a reírse nomás por que sí. Y no debemos olvidar al grupo inglés de new wave que lleva el nombre del local de Ball.

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