QrR

15 cosas que odiamos los mexicanos

El mexicano, en su estado natural (Cuartoscuro)
El mexicano, en su estado natural (Cuartoscuro)

Tras el aniversario 100 del natalicio del Premio Nobel, Octavio Paz, revivimos la vieja tradición y gusto por desdeñar, y criticar al personaje del momento, pues no soportamos, además, que de nosotros nadie se acuerde.

Además Odiamos… 

1.- Los compatriotas exitosos pero “arrogantes”. 

Nos hicieron muy mal las humildades del Ratón Macías y Pedro Infante, pues a partir de ahí el compatriota promedio no tolera a exitosos higadazos como el mismo Octavio Paz o Hugo Sánchez o Neri Castillo o Salma Hayek. ¿Por qué, además de winners no pueden ser lindos? 

 

2.- Pagar impuestos. 

Nos la pasamos criticando los baches, la inseguridad, el alto precio del limón, la falta de alumbrado público, pero cuando nos piden pagar impuestos o nos los aumentan, reaccionamos como si sufriéramos un asalto (aunque en los hechos así sea).  

 

3.- Que los del sur no piensen como los del norte y viceversa 

Los del norte consideran a los del sur güevones, grilleros y retrasados mentales, mientras que los sureños ven a los norteños como abusivos, explotadores; ambos bandos miran a los chilangos como los causantes de todo mal. ¿Por qué no podemos ser amigos? 

 

4.- Que cualquier hijo de vecino se acerque al poder  

Odiamos a la gente que se acerca a los poderes reales o fácticos, a los que luego se corrompen y se compran coche nuevo con lana del erario… hasta que nombran a nuestro tío líder sindical y les saca plazas sin cobrar a toda la familia. Ahí pasamos a odiar a los jodidos que piden limosna en los semáforos.   

 

5.- Las versiones oficiales 

Cualquier historia sobre cualquier hecho, contada desde la parte oficial, sea un magnicidio, el incendio en el mercado, las fallas en las vías del metro, provoca urticaria en la población que prefiere creer el rumor nacido desde la tertulia.    

 

6.- Orden y progreso pero en la colonia de enfrente 

Uno disfruta y hasta se siente de primer mundo cuando acude a un sitio ordenado, donde halla lugar para estacionar el auto frente a la iglesia con míseros 10 pesos que uno deposita en el parquímetro, hasta que los comienzan a instalar en nuestra calle. Entonces hay qué gritar, protestar, mentar madres.  

 

7.- Que nos cobren caro 

Amantes de lo bueno, bonito y barato, nos puede provocar el patatús que una buena comida, o compostura o servicio, nos lo cobren a lo que es. Y odiamos doble cuando la licuadora se volvió descomponer (aunque hayamos pagado 20 pesos por ello).   

 

8.- Los políticos que dan resultados  

Como nos resulta cómodo, y hasta se ha convertido en un deporte muy granado andar pendejeando a nuestros representantes populares, no soportamos al güey que da resultados y no sale enriquecido como funcionario. Algo oscuro andará tramando, seguro. 

 

9.- La posición política del otro 

Como izquierdosos poseedores de la verdad, odiamos las (supuestas) visiones retrogradas de la derecha neoliberal, cuyos miembros a su vez, no bajan de chairos muertos de hambre a los seguidores del AMLO a quienes preferirían ver muertos.  

 

10.- Un sazón distinto al de nuestra abuelita 

Cuando comemos en la calle, sea en un restaurante o en casa ajena, suele ganarnos el “Síndrome del Jamaicón”, aplicado a lo culinario, y resulta que a todo platillo siempre le falta ese toque que sólo nuestra cabecita blanca solía darle.  

 

11.- Dejar que el otro hable 

Nuestra capacidad para hablar las más inverosímiles tonterías, es inversamente proporcional a la de escuchar lo que nuestro semejante tiene qué decir. Y cuando así sucede, solemos emitir comentarios hirientes, lanzar puyas, denostar. ¿Qué nos pasa? 

 

12.- Las fachas del vecino 

Como si fuéramos crítico de moda, cada mañana criticamos desde la impertinencia de usar tacones con mallas, hasta los calcetines blancos con traje negro, cuando en realidad nosotros estamos en las mismas (y a veces peor).  

 

13.- Al presidente 

Es común, natural y está en nuestros genes burlarnos, poner apodos y estar en contra de todo lo que diga o haga el solitario del palacio en turno. De no ser así, de mostrarnos condescendientes y tolerantes, nos puede caer la maldición de Quetzalcóatl para toda la eternidad.     

 

14.- Que nos digan nuestras verdades

“Eres sucio”, “no te sabes administrar”, “ese tinte de pelo no te queda”, “estas subiendo de peso”. Frases hirientes que pueden acabar matrimonios, destruir amistades o cambiar el sentido de una herencia.  

 

15.- Los Dioses ajenos 

El nuestro es el verdadero creador, el más grande, el que nos enseña a amar, pero que nunca nos dijo como tolerar al Dios que le profesan su fe los vecinos, que de seguro viven engañados por falsos profetas y vividores de la necesidad de creer. Amén.


Juan Alberto Vázquez

< Anterior | Siguiente >