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Cómo convertirse en un dios y matar un pez espada

Fiel a su espíritu, acepta una asignación proveniente de una oscura y desconocida revista llamada "Running", que lo invita a cubrir el Maratón de Honolulú con todos los gastos pagados.
Fiel a su espíritu, acepta una asignación proveniente de una oscura y desconocida revista llamada "Running", que lo invita a cubrir el Maratón de Honolulú con todos los gastos pagados. (Blumpi)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Jorge Flores- Oliver, Blumpi


Una de las obras más representativas del periodismo gonzo ve la luz en nuestro país. La maldición de Lono, de Hunter S. Thompson, llega a las librerías con el relato enloquecido de la dupla Thompson-Steadman en Honolulú.


“No sé nada de música, pero tengo buen oído para las olas grandes”:
H.S. Thompson

A principios de los años ochenta, el doctor Hunter S. Thompson se da el lujo de rechazar con la mano en la cintura las propuestas de trabajo que recibe de algunos de los medios más importantes de Estados Unidos. La fama que había construido con sus incendiarias piezas periodísticas le daba para eso y más.

Fiel a su espíritu, acepta una asignación proveniente de una oscura y desconocida revista llamada Running, que lo invita a cubrir el Maratón de Honolulú con todos los gastos pagados. Son tiempos en que los reporteros pueden gozar de asignaciones pagadas para realizar piezas de largo aliento y desarrollarlas bajo sus propias reglas. Hacer lo que se les pega su regalada gana, pues. Con ese espíritu salvaje que lo caracteriza, Thompson se embarca, literalmente, en una aventura más. “No estaban preparados para algo así”, le cuenta en una carta a su fiel acompañante, el dibujante británico Ralph Steadman, y desde luego que no. Como sabemos, los acontecimientos deportivos —o cualquier acontecimiento, en realidad— eran solo la pauta para que Thompson desatara su locura. Ya no es el mismo que ha cubierto el derby de Kentucky ni aquel brutal personaje de Miedo y asco en Las Vegas, pero su método sigue intacto: guiado por su olfato y nada más que eso, parece saber dónde acechan el peligro y la diversión. “No todo el mundo consigue que le paguen por correr 42 kilómetros como un idiota en una especie de carrera para chiflados”. Son los años ochenta, y Thompson ya siente las complicaciones de atravesar una década caníbal. Hay que aferrarse de cualquier agarradera económica antes de que alguien más lo haga. Y dice:

“Corre por tu vida, colega, porque es lo único que te queda. Las mismas personas que quemaron sus tarjetas de reclutamiento en los sesenta y se perdieron en los setenta ahora se han puesto a correr.”

Y tal parece que Thompson se va a poner a correr como todos los demás atletas que se han congregado en Hawái. Pero no hay gonzo sin delirio, y comienza así una bitácora nueva, limpiecita, lista para recibir los salpicones de sangre y tinta que solo alguien de su calaña puede escupir. La maldición del dios Lono se desata. Entre insultos e injurias, explosivos, tormentas y olas desesperantemente amenazadoras, ocurre la transmutación de Thompson en la deidad local —que tiene a su cargo la música y la fertilidad y que en 1779 tuvo que ver en el fatal desenlace del explorador James Cook—, una transmutación en los términos propios del gonzo: enloquecida y bajo los influjos de la sustancia más cercana. Thompson es Lono, o eso cree, lo cual provoca la ira de los habitantes locales. Eso solo le puede pasar al Doctor, es parte de su mística.

Para Steadman, los días en la isla son aciagos. Aún resulta difícil comprender cómo es que el artista gráfico seguía dejándose envolver en las estrepitosas aventuras gonzoperiodísticas de Thompson. “Tenía esta manera especial de convencer a los demás, un gran poder persuasivo”, explicó en alguna ocasión Ralph, quien describía la relación laboral de ambos como “terroristas periodísticos”. Esta es una de las obras cumbres que dio la colaboración entre ambos artistas , donde locura y maestría tanto narrativa como gráfica (de hecho, se extrañan las alucinantes ilustraciones que acompañan el relato de Thompson originalmente) dan como resultado una obra indispensable del periodismo gonzo que alguna vez estuvo a punto de ser filmada con Jack Nicholson como protagonista.


La maldición de Lono

Hunter S. Thompson

Sexto Piso, 2016.

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