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Domingo , 23.09.2018 / 21:43 Hoy

Con la terapeuta sexual

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EL SEXÓDROMO


Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


Es frecuente que, cuando le sugiero a algún lector o lectora que busque el apoyo de un terapeuta de pareja, de familia o un@ sexólog@, me pregunte qué es lo que sucedería dentro del consultorio especializado. Algunos me confían su temor por llegar a un espacio en donde tengan que develar de un sopetón todos sus secretos, hablar sobre penes y vaginas, coitos y disfunciones a las primeras de cambio, contestar preguntas que los incomoden, desnudarse en cuerpo y alma (literalmente: hay quienes me han preguntado si tienen que desnudarse en cada sesión de la terapia sexológica).

Una serie de mitos van y vienen en torno a la terapia, sobre todo la sexual. Mucho tienen que ver los libros e ideas que, sobre el tema, se dieron a conocer en la década de los ochenta, como pasó con Irving Wallace y La cama celestial, novela en donde se habla de los suplentes sexuales (hoy conocidos como “parejas sustitutas”), quienes durante la consulta practicaban un erotismo sin tabúes ni medida con el o la paciente. Algo semejante sucedió con los libros de Xaviera Hollander —La madame alegre—, quien mezclaba sus anécdotas como meretriz con sus conocimientos prácticos sobre las artes amatorias, más dos que tres rutinas semejantes a las que se comenzaban a emplear en la entonces naciente terapia sexual.

Con estos antecedentes, aunados a las historias que los más informados tenían sobre las investigaciones de Alfred Kinsey, los consejos ofrecidos con voz gutural por Anabel Ochoa y las columnas traducidas de Helen Singer Kaplan sobre las disfunciones sexuales, se creó un halo de misterio, morbo y miedo en torno a esta maravillosa posibilidad de trabajar aquello que no nos gusta de nosotros mismos, nuestra familia y nuestra pareja, con una persona capacitada para ayudarnos en semejante viaje.

Y aunque en los últimos años ha crecido el número de hombres y mujeres que buscan este apoyo, mientras que los sexólogos se han hecho visibles, aún falta mucho para que se contemple como una opción importante para quienes lo necesitan. Por ello, me alegro de que Susana Caracheo Nara, psicóloga clínica con especialidad en terapia familiar y maestra en sexología, haya publicado el libro Confesiones sobre amor, sexo y familia. Casos de una terapeuta (con el sello Vergara de Ediciones B).

En poco más de 200 páginas, Susana expone 21 casos de consulta, muy diferentes entre sí, que pueden servir de guía para quienes crean que su situación es demasiado complicada y que podrían, o no, solucionarla en la clínica. “Los seres humanos poseemos células espejo que consisten en imitar comportamientos y reflejarlos como propios; imitan la acción percibida debido a una respuesta neuronal que se refleja en el cerebro. En este sentido, este libro cubre una doble función: primero, te hará pensar por qué actuamos como actuamos y, en segundo lugar, imitar soluciones (como las células espejo) a nuestros problemas, de tal forma que veremos luz donde hay oscuridad y serenidad ante situaciones de angustia. Por tanto, uno de los objetivos de este libro es poner en tus manos herramientas de autoayuda que te permitan compartir soluciones que representen salidas claras a tus conflictos”, señala la autora, aunque también aclara que hay problemas que son demasiado grandes como para solucionarlos por nosotros mismos y entonces conviene consultar con el especialista para que nos asista.

Susana nos invita a entrar a su consultorio, a sentarnos en uno de sus sillones, a saludar a Lucerito, ese pez que vivió en una pequeña pecera durante un buen tiempo y fue testigo mudo de lo que sucede entre sus paredes y en la página de este ejemplar: una familia disfuncional en donde existe abuso y engaño, pero muchas ganas de seguir juntos de una mejor manera; una pareja que comparte las medias caladitas entre azules y negras porque a él le encanta travestirse y a ella no le importa eso, aunque busca mayor participación por parte de él en su vida compartida; dos lesbianas sadomasoquistas que se aman pero se han convertido en clones más que en amantes amorosas; un hombre esquizofrénico con una familia ausente (uno de los casos más difíciles); una mujer alcohólica que necesita curar su adicción con la misma urgencia que amarse a sí misma; un hombre celoso que maltrata física y emocionalmente a su esposa; un eyaculador precoz, un exhibicionista, un jubilado con problemas de erección y otros personajes pasan del diván a las páginas de Confesiones sobre amor, sexo y familia, libro que me recuerda aquellas viejas sagas sobre lo que ocurría en los quirófanos de los hospitales en Estados Unidos porque integran datos médicos con historias que atraen, al ser novedosas o, por el contrario, comunes.

Me hubiera gustado saber un poco más sobre lo que vive y siente Susana como terapeuta (aunque sí comparte un poco de ello), y cómo es que logra vivir su propia vida al margen de todas las problemáticas ajenas que la rodean, o qué hace cuando su asesoría no tiene los resultados que esperan ella y sus pacientes. Los consejeros de pareja y familia me parecen unos héroes anónimos que ayudan a otros aunque puedan llegar a poner en riesgo su propio balance (¿vieron la buenísima serie de televisión In Treatment?). En algunos de los casos sentí que faltaba un poco más de información para redondear el tema o me quedé con la duda de cómo proceder cuando se ubica, por ejemplo, un caso de abuso sexual infantil y se tienen enfrente tanto a la víctima como al victimario.

Pero más que fallas, veo esto como una posibilidad para que Susana Caracheo siga compartiendo los casos de su consulta y su manera de abordar las situaciones más complejas, tratando de abundar en algunos casos y en su propia vivencia. Ojalá y así lo haga. Mientras eso pasa, les recomiendo el libro para que se vean reflejados en sus historias y, en una de esas, por fin se atrevan a sacar su cita con un o una terapeuta.


***

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD SEXUAL 2016

El 4 de septiembre se celebra esta fecha tan importante no solo para los sexólogos, educadores sexuales, monitores, maestros y médicos, sino para cada una de las mujeres y cada uno de los hombres, tengan la edad que tengan, que habitan este planeta. Así nomás, porque la salud sexual la debemos cuidar todos y procurar la de nuestros hijos e hijas en caso de que los tengamos.

Este año, la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS) quiere enfocarse en ayudar a las personas a reconocer todos los mitos que hay sobre salud sexual y a romperlos mediante información precisa, basada en el conocimiento científico y los derechos sexuales.

Es de suma relevancia hacerlo porque la información sobre sexualidad y salud sexual que tenemos (en México y en el mundo) aún está permeada por un sinnúmero de prejuicios, de ideas preconcebidas cuyos orígenes desconocemos pero repetimos y compartimos porque creemos que es lo correcto, lo “normal” o lo “bueno”. ¿Cómo contrarrestarlo? Con la información correcta.

La WAS nos recuerda que se trata de una celebración, así que es necesario hacerla divertida, interesante, atractiva sin que pierda su base científica y laica. Podemos imaginar muchas maneras de romper los mitos, y la asociación invita a que, utilizando el tema del día mundial, hagamos alguna actividad para darlo a conocer. Puede ser en sus comunidades, redes sociales, medios de comunicación, casas, escuelas. Los invito a que me cuenten qué les gustaría hacer y la próxima semana lo compartimos en esta página.

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