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“Donde se comienzan quemando libros acaban quemando hombres”

Las bibliotecas, menciona el escritor venezolano Fernando Báez, son “trincheras de la memoria, y la memoria es la base de la lucha por la equidad y la democracia”. Y en el peor de los casos, muchas han sido destruidas, pero también se han enfrentado a los embates de la naturaleza.

Por eso el punto de partida para Nueva historia universal de la destrucción de libros. De las tablillas sumerias a la era digital (Oceáno, 2013) que ilustra, demanda y revela incluso datos que no se sabían sobre muchas barbaries a través de la historia, en que han atacado a los libros y sus autores.

Como por ejemplo, el emperador Shi Huandi, iniciador de la Gran Muralla china e inquisidor implacable y “destructor de la historia” que en el 213 A.C. quemó libros de poesía, historia y filosofía. También destaca los códices quemados en México: “Nadie imagina que se hubiera podido construir una catedral cristiana sobre las pirámides de Egipto o sobre la  Esfinge, pero eso fue justo lo que sucedió en México en el siglo XVI. La arquitectura europea fue superpuesta a la prehispánica, en un acto de enmascaramiento de la historia”. Desde luego son innumerables los pasajes que aborda Báez, sin dejar de lado las grandes quemas del siglo XX, como “el Bibliocausto nazi”, que antecede al Holocausto; “la destrucción de libros de 1933 fue apenas el prólogo de la matanza que siguió. Las hogueras de libros inspiraron los hornos crematorios”.  Y la destrucción de libros no se ha detenido hasta la época actual, de la que no se han salvado de la quema best sellers como Harry Potter, tales son solo algunos de los pasajes que se pueden leer en su libro.

Así, Báez da el punto de vista del futuro del libro y cómo es que deben cuidarse los materiales bibliográficos, además de que ya desea conocer las grandes bibliotecas de México, las cuales visitará este año.

¿Cree que el hábito de lectura y sobre todo la conciencia sobre la existencia del mismo libro se han ido perdiendo?

Sobre eso hablo en una obra que acabo de publicar en España titulada Los primeros libros de la humanidad (Fórcola, 2013). La primera reflexión oportuna es entender que el libro es una tecnología de la memoria que evoluciona. El libro reafirma el lazo de identidad que proporciona el lenguaje. La segunda propuesta es que se trata de cinco milenios de cambios desde las tablillas de arcilla hasta el e-book. Y el tercer punto sería que el libro sigue teniendo un impacto religioso y cultural increíble: pensemos en el poder paralelo del libro sagrado. Las religiones con libros sagrados abarcan un panorama inmenso: la Torá y el Talmud (judaísmo), la Biblia (cristianismo), El Corán (islamismo), los Vedas (hinduismo) sustentan nada menos que las creencias devotas de cuatro mil millones de personas. Esto sin contar la influencia prodigiosa de las Analectas de Confucio o el Tao Te Ching de Lao-Tsé en los países asiáticos. Lejos de estar en decadencia, el libro está en una transformación lenta y fascinante al igual que la lectura.

¿De dónde nace ‘Nueva historia universal de la destrucción de libros’?

Mi padre era abogado en San Félix de Guayana, mi pueblo de nacimiento, pero como era honrado, nunca tenía trabajo y mi madre era quien tenía que buscar el alimento. Me crié, por esa razón en la biblioteca pública del sitio hasta que esa felicidad se interrumpió abruptamente, porque el río Caroní, uno de los afluentes del río Orinoco, creció sin previo aviso e inundó el pueblo, no sin llevarse en sus corrientes los papeles que constituían el motivo de mi curiosidad. Acabó con todos los volúmenes. De esa forma me quedé sin biblioteca, sin refugio y perdí parte de mi infancia, completamente arrasada por las oscuras aguas. Ese terrible recuerdo ha dejado trazos indelebles en mi vida, mi obra, y la historia de la destrucción de libros nació de la necesidad de darle sentido a ese episodio. Ahora publico una edición actualizada porque hay cientos de datos nuevos que creí necesario compartir con los lectores, que son el verdadero motivo de mi labor.

¿Qué le dejó al vivir de primera fuente, en muchos de los casos, cómo se llevaban a cabo determinadas acciones contra los libros, como el caso de Irak por ejemplo? 

Me convirtió en activista, la terrible experiencia me hizo despertar ante los tiempos que vivimos. Tenía razón Heinrich Heine al decir que donde comienzan quemando libros acaban quemando hombres. Lejos de disminuir, la destrucción de libros sigue y la censura crece. Hay que entender que el libro es perseguido porque es un símbolo, un vínculo de la memoria entre generaciones, y quienes reprimen necesitan borrar los signos de identidad de un grupo o un pueblo. Eso incluye fases: censura, acoso, cárcel, exilio, asesinato y eliminación o desprestigio. Ese proceso en Roma se llamaba Damnatio memoriae o Condena de la memoria.

¿Cómo ha trabajado en Venezuela para que los libros no tengan un destino difícil?

Trabajé poco en Venezuela, tomé distancia hace años con lo que pasa en ese país y hoy por hoy me dedico al estudio de las rutas del conocimiento que nos llevaron a la transmisión de información desde la antigüedad hasta internet. También doy formación a activistas radicales que enfrentan a gobiernos represores y censores. Un giro de 180 grados en mi vida que sucedió y me tiene muy optimista.

¿Qué tan importante es tener un primer contacto en la niñez con los libros?

Las bibliotecas son centros de formación del ciudadano, son espacios vitales, irreemplazables, básicos desde la infancia en el proceso de socialización y defensa de la cultura de una humanidad que cada día más necesita participar sin pasividad en los cambios globales. El niño llega a los libros y hay una conexión natural cuando descubre que es un universo que motiva su fantasía y su anhelo de libertad.

¿Cómo cree que se pueden preservar muchos de esos libros con gran historia?

Los políticos no apoyan a los bibliotecarios porque quieren gente resignada, países sumisos, ciudadanos desinformados, restricciones en el pensamiento crítico. Toda América Latina, orientada hacia una izquierda turística o a una derecha imaginaria, sufre de ese mal.

Sobre la protección de libros, hay que prepararse porque si hay algo seguro es que vienen fuertes desastres naturales y conflictos políticos y sociales inevitables, debido a las absurdas medidas económicas que se están tomando. La violencia se incrementará.

¿Ha pensado desde luego en el futuro de sus propios libros, lo que usted ha escrito?

Un día encontré en Brasil a un lector humilde y desconocido que se me acercó después de una conferencia y me dijo: “Gracias por defender los libros”. Con eso me basta.

¿Cuál es el futuro del libro?

De un total de 1.5 millones de especies conocidas en nuestro planeta somos la única especie que escribe. Ese hecho asombroso, insólito, fue la plataforma del origen del libro y allí está la clave de su futuro. Somos lo que recordamos que somos. Nuestra identidad está basada en la memoria y el libro reafirma ese puente donde lo imposible ocurre porque el pasado, presente y el futuro coinciden para afirmar nuestra supervivencia, nuestra libertad y dignidad.  

Israel Morales


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