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De cuando el cómic mexicano viajó a Francia

Logo de la "Exposition BD Mexicaine". (Luis Eduardo Sopelana)
Logo de la "Exposition BD Mexicaine". (Luis Eduardo Sopelana)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

En su décima octava edición, el Festival de BulleBerry en Bourges, dedicado a mostrar lo más sobresaliente del denominado “noveno arte” de ese país, abrió un espacio para exponer el trabajo de un grupo de autores mexicanos que, tras una laboriosa selección, representaron a la escena actual del cómic que se hace en México.

Esta exposición se logró gracias al trabajo en conjunto de siete ilustradores (Yorko, Beli, Richard Zela, José Luis Pescador, Edgar Clément, Bef y Augusto Mora), de dos colaboradores (Luis Eduardo Sopelana y Jay Sánchez) y dos organizadores, Guillermo Guerrero y Paula de Maupas. Esta última, al residir en Francia, fungió como curadora y promotora principal de la exposición. Platicamos con ella sobre su incursión en este género literario, el proceso de curaduría y los resultados de la exposición.

 

¿Qué te llevó al cómic mexicano?

Siempre me ha gustado leer historietas. Crecí en París, donde leerlas, desde niño hasta grande, es lo más natural. A mi padre, que es semiota, siempre le ha interesado el cartón político y el cómic en general. Sus referencias y enseñazas influyeron mucho en mi educación visual. Mi interés por las artes gráficas es lo que me llevó hasta la historieta mexicana.


¿Cuáles son tus referencias básicas sobre la historieta en México?

Descubrí que había una historieta mexicana en la adolescencia, cuando viví en la Ciudad de México. En casa, Rius fue al primero que encontré: Los Supermachos, Marx para principiantes y algún otro título con el que me inicié a punta de carcajadas. Descubrí más o menos al mismo tiempo a Los Supersabios y a La Familia Burrón. Me tocó ver nacer Las Histerietas y a Jis y Trino en La Jornada. Conocía de nombre y de hojeadas a Memín Pinguín, a Kalimán y a Rarotonga por un ensayo que mi padre escribió sobre ella.

¡Fue hasta que estudié arquitectura que me enteré de El Libro Vaquero! Cuando nos llevaban a visitar obra, para aprender estructuras, diseño o materiales, veía que los albañiles traían su historieta. Más tarde entendí que el mundo entero identifica a México con El Libro Vaquero (como con el Santo y con Frida).

En el 2001, en el Taller Literario de París, conocí a Edgar Clement. Fue cuando me informé sobre Operación Bolívar y el Taller del Perro.


¿Por qué montar una exposición del cómic actual y no de éste a través del tiempo?

Montar una exposición de la historieta mexicana a través del tiempo implica un conocimiento y un dominio del tema que no tengo. México es un país con una larga tradición de narración gráfica y estoy lejos de ser experta.

En cambio, montar una exposición de historieta contemporánea fue el resultado de las pláticas, intercambios y encuentros que hice en el DF, entre 2011 y 2013. No era algo que tuviera planeado sino que la idea, el proyecto fue surgiendo gracias a la generosidad de varios artistas. Conversé con Pepe Quintero, Edgar Clement, Bef, Racrufi, Oscar Bazaldúa, Jis y Trino, Yorko, Luis Sopelana, Daniel Ortiz, Oscar Carreño, José Luis Pescador, Juanele, Augusto Mora y con uno de los promotores de este arte, que es Luis Gantús. Con esas conversaciones pude construir un panorama muy claro de lo que está pasando con la historieta actual en México.


¿Cuál fue el proceso de selección y curaduría?

Después de conversar con varios artistas, de asistir al festival La Mole de marzo 2013 y al 3er FESTO, siempre asesorada por Guillermo Guerrero, decidí plantearle mis observaciones a Fabrice Dubus, un amigo que es el presidente de un festival de historieta en Francia.

Juntos acordamos cinco criterios de selección que corresponden a lo que el público francés entiende por historieta y que sabíamos, podría apreciar: yo debía escoger un máximo de cinco autores profesionales que 1) dominen el dibujo a mano, con las técnicas tradicionales de ilustración, 2) que tengan un estilo propio, lejos del cómic o del manga (Fabrice me pedía un estilo, una identidad "mexicana", pero eso fue un gran debate), 3) autores que tuvieran títulos publicados de forma individual, 4) cuyas historias fuesen de largo aliento con un guión sólido (y no de tiras cortas) y 5) menores de 40 años.

Por razones prácticas para mí, seleccioné a artistas de la Ciudadde México y puntos cercanos: Augusto Mora, José Luis Pescador, tres miembros de “Internautas” (Jorge Muñoz "Yorko", Richard Zela y "Beli Vac"), y aunque se pasaban de los 40 años, me pareció importante incluir a Bef y a Edgar Clement.

Las 30 obras originales fueron expuestas en el Palacio Jacques Cœur, monumento nacional ubicado en la pequeña ciudad de Bourges, al centro de Francia. Propuse espacios de lectura con los ejemplares originales en libre acceso y el ambiente sonoro se logró gracias al video realizado por el brasileño Ricardo Sêco sobre la perspectiva de Edgar Clement. Las semblanzas de cada autor, los dos esquemas explicativos y la flecha cronológica sobre la historia del cómic mexicano los realicé con Guillermo Guerrero y Jay Sánchez. El logo que identificó a la exposición fue obra de Luis Sopelana.


¿Por qué consideras que la narrativa gráfica es importante?

Se trata de un entretenimiento extraordinario y de un arte que refleja la identidad, las ideas, las interrogantes de una sociedad, de un país y de una época. Es importante para mí porque, a lo largo de mi vida, leer historietas francófonas me ha dado tanto placer como leer a cualquier gran autor literario o ver una película buenísima.


¿Cuál fue la respuesta del público?

Fue muy positiva; hubo una frecuentación muy alta con respecto a las otras exposiciones del festival y de otros años en el mismo lugar. Las personas asistieron para descubrir un tema que desconocen y del que nunca se habla en Francia. Ciertos artistas mexicanos generaron más interés y más preguntas que otros pero todos los originales y material complementario fueron observados y escudriñados a conciencia.


Con esta experiencia ¿volverías a montar una exposición sobre este tema?

No sé si las mismas condiciones vuelvan a reunirse en el futuro, pero aunque no sea así, pienso que vale la pena dar a conocer lo mejor de la historieta mexicana contemporánea en Francia y en cualquier otro país donde no se conozca.


¿Seguirías el trabajo de los autores que seleccionaste? ¿Cambiarías el modo de presentarla?

Seguiré el trabajo de los artistas que invité porque me gusta lo que hacen. Pero también me interesan muchos otros: Dono Sánchez Almara y Raúl Treviño, por ejemplo, y me parece muy interesante lo que hace la gente de Ensamble Cómics. Celebro el hecho de que exista una propuesta tan profesional como la revista Comikaze.


¿Crees que hagan falta espacios que impulsen este trabajo en México?

Espacios de exposición, de difusión, de trabajo individual y colectivo, de enseñaza formal y de formación continua, de lectura, de préstamo y de intercambio: esos son los espacios para la historieta mexicana que me gustaría ver surgir por todos lados en los próximos años.


Desde tu perspectiva ¿Qué problemática y qué virtudes encuentras dentro de la "industria" del cómic en México?

La historieta mexicana contemporánea tiene muchísimas virtudes: la fuerza de ese magma creativo que bulle y no se detiene es la principal. Posee una gama muy rica de propuestas gráficas y las ganas de “hacer algo” son simplemente monumentales. No cabe la menor duda que la historieta mexicana está vivita y coleando gracias a hombres y mujeres muy dedicados.

Pero esas virtudes están canalizadas con mucho desorden. Veo mucho caos. Tanto en las obras como en el medio. Veo que los ilustradores y guionistas no forman un gremio sólido ni respetable frente a los otros gremios artísticos, como para poder exigir todo lo que desean para su profesión.

Veo que varios jóvenes ilustradores de historieta quieren comer, pagar renta, divertirse y volverse famosos solamente con lo que ganan de la historieta. En Francia, al menos, eso sigue siendo una excepción, un privilegio, mientras que la gran mayoría trata de conservar un trabajo fijo o anda vendiendo hasta los pinceles en caso de emergencia.

Percibo muchos problemas en los códigos de narración y en los lenguajes de las historietas actuales. Esto hace que la lectura de muchas me parezca redundante, aburrida, se vuelva visualmente fea o, de plano, hace que no entienda nada. Me parece que hay una pobreza narrativa en la mayoría de los guiones, tanto en la historia contada como en la manera de contarla. ¡Como si en México no hubiera escritores de alto calibre! O como si faltaran guionistas que los adapten. Todo esto hace destacar aún más a las ricas y contadas excepciones de la historieta actual.

Pero, sobre todo, veo una gran ambición por vender y varias discusiones giran en torno a la distribución… cuando lo que realmente importa, es decir, el contenido de las historietas, todavía no está del todo resuelto.


KARINA VARGAS


EL ÁNGEL 

Decuando el cómic mexicano viajó a Francia

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