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El chilaquil desnudo

EL TONO DE TONA
Rafael Tonatiuh


En el capítulo anterior quedé en contarles cómo dejé las drogas, pero para que todo les quede bien claro y no surjan los chismes, comenzaré contándoles primero cómo me hice drogadicto.

Yo me volví drogadicto en el momento en que dejé las drogas; es decir, cuando conocí las auténticas drogas (que venden en las droguerías o farmacias), al abandonar las substancias que me parecían más dañinas, adictivas y ocasionalmente ilegales: alcohol, mariguana, tabaco.

El complejo de culpa judeocristiano condena ciertas drogas (independientemente del daño que te hagan en el hígado o en el Sistema Nervioso Central) porque brindan un inmenso placer, y experimentas a Dios, saltándote el catecismo, y eso puede hacerte adicto al hedonismo desmesurado, al grado de abandonar una vida productiva para estar gozando todo el día, cual brasileiro, untándote limón para que se sienta más rico cuando se te ponga la carne de gallina, bien drogado, escuchando un requinto del maese Santana. Por eso, las drogas no son recomendables a personas con tendencias altamente adictivas, como un servidor.

Yo pertenezco al gremio consumidor de substancias especializadas en organizar coreografías experimentales con las neuronas, y me parece una hipocresía por parte de aquellos miembros que critican a los compañeros que prefieren las substancias sintéticas a las naturales. ¿Por qué son peores? ¿Y de dónde creen que sacaron los principios activos de las substancias químicas, del reino de la imaginación? ¡No, de la materia terrenal! Del inmenso laboratorio natural cósmico divino donde se cocinan sensacionales ingredientes: todo sale de la naturaleza, hasta la química, los chescos y Kim Kardashian.

Los psicólogos te advierten que no vayas con los psiquiatras porque "te recetan químicos a los que te puedes hacer adicto". ¿Y la psicoterapia no causa adicción? Por algo ningún paciente deja el diván antes de cinco años. Si yo voy a pagarle a un doctor porque ando mal psicológicamente, mínimo que me surta una receta de morfina (o unos buenos opiáceos).

En realidad, no hay prueba que lo sintético sea peor que lo natural (sobre este debate bizantino, les recomiendo la película Gracias por fumar, comedia de Jason Reitman). Mi amiga Diana, una mujer funcional y responsable, cuenta con recetas para abastecerse de drogas que la hacen sentir bien, y no contraviene ninguna ley. Todo se centra en el conocimiento del cuerpo, de uno mismo, de la dosis, del momento, y sobre cual mezcla chido con cual. Poner a prueba la imaginación sensorial.

Mi recomendación es que cuando quieras probar algo por goloso ("por recreación", como dicen ahora los defensores de las drogas), los hagas dispuesto a saborear el momento, sin culpas, y no excederte.

Mi naturaleza es pa' arriba, por eso mi organismo tiende hacia los supresores del sistema nervioso: alcohol y cannabis, los estimulantes me desmadran (Redbull, cocaína, cafeína, nicotina y las tortas ahogadas con salsa picosa).

Cuando dejé de emborracharme y pachequearme se me vino un síndrome de abstinencia expresado en irritabilidad, angustia, cambios en el termostato, tics e insomnio. Al final controlé casi todo, salvo el insomnio y las ganas de tirar bastonazos repentinamente.

El insomnio es uno de mis más viejos y poderosos amigos. La primera vez que me dieron somníferos fue en mi natal Xalapa, Veracruz, cuando tenía ocho años y estaba seguro que en cuanto cerrara los ojos me iba a merendar un hombre lobo. Me llevaron con un psiquiatra en el Edificio Argentina, quien me dio pastillas y me hizo un encefalograma; luego dijo que yo era normal y luego nos venimos a vivir al Distrito Federal.

En la adolescencia volvió a atacarme el insomnio, pero entonces lo controlé con valeriana (y una que otra ayuda de Manuela). Pero actualmente ya generé tolerancia a esos recursos.

Hace algunos pocos años tuve una reacción psicótica con vitamina B, un producto llamado Catovit (ni lo busquen, ya no lo venden). Mi amigo Luis Usabiaga me lo recomendó: "Te tomas una cápsula, brother, exageradamente dos, si te sientes ya muy prendido tómate tres y ya". Me acabé un frasco en una noche y terminé creyendo que me perseguían agentes del Estado de México para exterminarme. ¡Y solo era vitamina B! ¡Vitamina incluida en los ingredientes del Corn Flakes!

Aquella ocasión viajé en el carro de Jairo y le contagié mi paranoia, agachándome cada vez que pasaba un carro con placas del Estado de México; terminé convenciéndolo de que nos escondiéramos momentáneamente en un estacionamiento. Al llegar a MILENIO me dio una gorra y me dijo: "La olvidaste en el carro". Le dije: "No es mía, debe ser de algún agente del Estado de México que se subió a espiar al carro, ¿o de quién va a ser?". Me contestó: "No sé, ni quiero saberlo. Hay puertas que no deben abrirse".

Aquella noche me tumbaron con Valium, algo para noquear elefantes. Te mueres. Todo negro. Sin soñar.

En la literatura de Alcohólicos Anónimos te recomiendan que no tomes pastillas para dormir, y dejes que el cuerpo se adapte de manera natural a sus horas de sueño, que basta con que estés acostado y cierres los ojos, para que tu cuerpo descanse.

Yo ya llevaba tres días sin pegar ojo, me sentía como zombi y decidí tomar medidas drásticas. Vacié el cajón del buró, con cajas de medicinas de todo tipo: para adelgazar, mejorar el rendimiento sexual, dolores de panza, etc. Busqué un poco de Clonazepan (un ansiolítico que me baja el switch y me duerme, aunque al día siguiente persista en cansancio sobre los hombros y tenga sensación de ladrillazo o impresión de chocar contra una pared invisible), pero no hallé más que una tirita con cinco pastillitas de Diazepan (también chido, pero no para dormir, sino para mantener la calma, particularmente cuando me entran ganas de tirar bastonazos cada vez que escucho una bachata), Melatonina (un inductor natural del sueño que los seres humanos segregamos naturalmente hasta los cuarenta años), y Fluoxetina, que me había regalado una tía. Revisé en la Wikipedia para qué rayos servía y resultó ser Prozac, tan de moda en los noventa. Armado con este pastillero (más Alka Seltzer, Pepto Bismol, Diclofenaco, Paracetamol y Cafiaspirinas), rodé al degradante mundo de la drogadicción.

Las exóticas sensaciones se las cuento en la segunda de 648 partes. Besitos.

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