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Jueves , 18.10.2018 / 06:50 Hoy

César Alejandre y la era de los dinosaurios

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Hugo García Michel


Con la muerte de este veterano locutor radiofónico muere también toda una época y una manera de hacer y entender la radio rockera en México.


Así como hay una historia del rock en México, existe otra historia igualmente interesante y en la que se ha ahondado poco: la historia de los medios de comunicación relacionados con el género, en la cual la radio juega un papel muy importante, para bien y para mal.

Con la noticia del fallecimiento de César Alejandre, el pasado lunes 8 de febrero, se dio también, de manera implícita, el anuncio sobre la muerte de toda una época de hacer radio “rockera”. A quienes nacimos entre 1940 y 1960 (en mi caso, en 1955), nos tocó convivir con ese estilo radiofónico que nada tiene que ver con el actual y ni siquiera con el que se dio a fines de los ochenta y parte de los noventa, con estaciones como WFM, Rock 101, Radioactivo y Órbita.

Estoy hablando de la radio que se produjo paralelamente al surgimiento de lo que hoy se conoce como “Los Grandes Años del Rocanrol” (es decir, la época de Los Teen Tops, Los Locos del Ritmo, Los Hooligans, Los Rebeldes del Rock et al y de los “solistas” fresísimas tipo Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Julissa, entre otros). Estaciones como Radio Mil y Radio Variedades difundían aquellos primeros e ingenuos rocanroles, y de ese momento no hay locutores radiales para recordar.

Fue desde mediados de la década de los sesenta, cuando el rocanrol se convirtió en rock y aparecieron los Beatles y la Ola Inglesa, así como todo lo que fue el sonido de la Costa Oeste estadunidense, que emisoras como Radio 590 (“La pantera de la juventud”), Radio Éxitos y Radio Capital se especializaron en difundir rock en inglés y algunas voces se empezaron a hacer familiares para quienes las escuchábamos con cándido fervor. No eran sin embargo voces “con nombre” las de aquellos locutores. No había en México el equivalente a un Alan Freed y mucho menos a un John Peel que difundiera el rock de una manera contextualizada, informada, más —digamos— cultural. La radio de aquellos días se limitaba a poner las canciones que tenían éxito en el hit parade norteamericano y lo más que llegaba a haber eran algunos programas como La hora de los Beatles o La hora de los Monkees y algunas perversas derivaciones posteriores tipo Beatles contra Monkees o Beatles contra Creedence. Ese era el nivel que padecíamos en el cuadrante de Amplitud Modulada (AM).

Fue en aquellos años que César Alejandre ingresó a la radio para hacer sus pininos en Radio Voz. En 1970 llegó a Radio Capital que, para ese entonces, ya tenía un programa señero que la gente de mi generación recuerda con emoción. Hablo de Vibraciones, una extraña revoltura de estupenda música subterránea que solo podía escucharse ahí y la locución de una voz cavernosa que solía lanzar una palabrería alucinada y supuestamente mística, hermética y poética para presentar a los grupos y solistas que por ahí desfilaban cada noche, de lunes a viernes, de nueve y media a 11.

Aún me recuerdo tirado en mi cama, con las luces apagadas, dispuesto a oír las maravillas de agrupaciones como The Corporation, Quicksilver Messenger Service, Spooky Tooth, Big Brother and the Holding Company (con su entonces poco conocida vocalista, una joven blanca que cantaba como negra de nombre Janis Joplin) e incluso Creedence Clearwater Revival, antes de que se convirtiera en un grupo popularísimo en nuestro país.

Por esos tiempos, Alejandre tenía en la misma emisora un programa más o menos convencional llamado El hit parade, en el que presentaba la tradicional lista de éxitos en Estados Unidos e Inglaterra y con el que había pasado de mero locutor a conductor y comentarista (un gran paso de calidad para aquellos días). Suya era también la voz de la frase institucional que sonaba entre cada corte con el lema “Radio Capital, la discoteca de la gente joven”, cualquier cosa que eso significara.

La radio roqueril no cambió durante años, hasta que a finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando ya existía la Frecuencia Modulada (FM), algunos jóvenes empezaron a innovar, inspirados en las radios de otros países y así surgieron WFM y Rock 101. César Alejandre supo adaptarse de algún modo a los nuevos tiempos, aunque su nombre no sonaba como el de otros (ahora los conductores radiales ya tenían nombre propio: Martín Hernández, Luis Gerardo Salas, Jaime Pontones, Alejandro González Iñárritu, Jordi Soler, etcétera). Sin embargo, logró sobrevivir y con el tiempo tener incluso programas propios, caso de El dinosaurio, en Radioactivo y, a últimas fechas, La era del dinosaurio, en Reactor.

Con su muerte termina una época de la radio de rock en México: precisamente —y dicho con el mayor respeto paleontológico— la de los dinosaurios.

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