QrR

“Hay que burlarnos de los políticos”: ‘Miyagi’

Política, música y hasta algo de su vida recupera José Luis Guzmán, ‘Miyagi’, en su libro ‘Retrofilia’.
Política, música y hasta algo de su vida recupera José Luis Guzmán, ‘Miyagi’, en su libro ‘Retrofilia’. (Guillermo Guerrero)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Silvia Herrera


Política, música y hasta algo de su vida recupera José Luis Guzmán, Miyagi, en su libro Retrofilia, escrito con su desacralizador y desmadroso estilo.


John Kennedy, Luis Donaldo Colosio, la guerra de Vietnam, Richard Nixon, MTV, la caída del Muro de Berlín y hasta detalles poco conocidos de su vida son algunos de los personajes y acontecimientos que José Luis Guzmán Miyagi presenta en su libro Retrofilia. 50 años de política, alucine y rock (Grijalbo, 2016). Para quien no lo conozca, el lector puede escuchar el programa radial de MVS Charros contra gángsters, que conduce a lado de Jairo Calixto Albarrán.


¿Cuál fue el origen del libro?

Las historias que mi padre me contaba, pero que nunca me escribió, aunque yo se lo hubiera pedido. Siempre hay más historias que se pierden. He estado trabajando para gente importante, pero yo tenía que contar mi historia. Cuando trabajas en los medios, no presentas lo tuyo sino lo de otros.


Señalas que los modelos para hacer esta historia fueron Enrique Krauze y José Agustín, pero ¿tienes algún nombre especial para definir lo que has hecho?

No tengo un término específico, en todo sería una especie de realismo salvaje, porque es lo que nos ha tocado vivir. Y aunque mis modelos son Krauze y José Agustín, las cosas no podía tomarlas con seriedad. Los libros de historia en particular siempre me han parecido muy regañones. Yo lo que creí era que el libro podía aligerarse un poco sin perder veracidad y rigor, y además hacerlo también un poco cínico.


"Retrofilia" representa una generación, los nacidos en los sesenta, y en ese sentido hay una marca. Intentas establecer un equilibrio entre, digamos, lo épico, los grandes personajes, y lo menor, como las cosas musicales. En el primer caso está John Kennedy, visto desde otra perspectiva, y a quien te refieres como el “pito fácil”…

Sí, me resultaba extraño que nadie destacara eso porque el tipo no dejaba a una pa’ comadre. Y su muerte también tiene cosas. Si tú revisas la cultura popular, resulta que la gente no sabe por qué quiere tanto a Kennedy. Los estadunidenses están enamorados de él por su asesinato y porque se acostaba con Marilyn Monroe. Nadie se acuerda de Bahía de Cochinos ni de sus discursos. Él duró mil días en el poder, pero su presencia sigue siendo utilizada. El libro es para que la gente conozca un poco al personaje: quién era él, quién era su hermano, cuál fue la crisis de los misiles, el duelo casi ajedrecístico que sostuvo  con Nikita Khrushchev. Hay algo más de la mera anécdota, que se ha vuelto un recurso muy fácil. Hay un gran desconocimiento de todas las herramientas de la cultura popular, que se utiliza desvergonzadamente y sin ton ni son.


Prejuiciosamente, desde la perspectiva de los jóvenes, podría pensarse que "Retrofilia" se trata de un libro en el que un “don” reivindica sus tiempos…

O va a pontificar. No, no quería que eso pasara. Yo no creo en el pasado, no me gusta el pasado. Si a mí me dijeran: “¿Quieres volver a tener 15 años?”, respondería que por supuesto que no. “¿Quieres volver a tener 25?”, nooo… Estoy contento con la edad que tengo, estoy contento con lo que he vivido. Me gusta mucho el presente y ese es de un modo el filo del último capítulo. Deja de ser una narración de hechos y memorias y de vida novelada para convertirse en una apuesta por el presente. Pero tengo que reconocer que en la sociedad del espectáculo en la que vivimos, se han perdido muchas cosas que hay que recuperar y esa es también la intención del libro.


Háblanos de la selección de canciones. Una canción, como “a magdalena de Proust”, abre una puerta al pasado.

Cuando escribí el boceto del libro, quería que fuera muy musical. Una cosa que encontré en Agustín y en Krauze, y en otros muchos libros de historia y crónica, es que no suenan a nada, están vacíos de sonidos. Yo quería que este libro sonara a música y que la gente se imaginara los diálogos de las películas. Quería que la gente tuviera referencias auditivas, gustativas, de todo tipo. Las listas de las canciones tienen un sentido canónico, es decir, las mejores canciones de cada década pero desde mi muy particular punto de vista. Partí de una selección muy ecléctica, pero todas traen recuerdos de algo; todas tienen historias detrás: curiosas, unas ridículas, otras divertidas.


¿Qué tanto de autobiográfico hay en tu libro?

Es biográfico, pero solo me van a reconocer quienes me conocen bien. Aspectos de mi infancia y mi primera juventud, solo mi familia los va a recordar. En el último texto, donde soy más yo en la actualidad, me tuvo que ayudar un escritor, Bernardo Esquinca, porque es donde yo me sentí más incómodo por el hecho de hablar en primera persona. Yo prefiero referirme a mí en tercera persona porque es más locochón.


En cuanto a la estructura, en esta mezcla de historia épica e historia personal hay un sentido narrativo que debe tener sus planicies y sus clímax como en un concierto…

O como un programa de radio. Yo quería que fuese leído como si la gente estuviera escuchando un programa de radio narrado por mí mismo. Todo debe tener un ritmo para que sea emotivo y te genere algo. Las secciones tenían el propósito de no aburrir y de no cansa al lector. ¿Quieres leer nada más las playlists? Ahí están. ¿Quieres leer nada los acontecimientos más importantes? También están resaltados. Todo está muy bien identificado. Quiero que la gente se entretenga y que al final del día escriban sus propias historias.


¿Te asumes como contracultural?

Sí. Y así me gusta. Yo nada más tengo ídolos muertos, porque los vivos siempre te decepcionan. Soy medio punk; creo siempre hay que reinventarse, nunca quedarse quieto aunque tengas pocas herramientas, así como en el programa de MVS, pero que sale. Hay que ser muy echado pa’lante y no creer en nadie.


El escritor italiano Claudio Magris ha escrito que una dosis saludable de tontería es necesaria en nuestra sociedad. El programa "Charros contra gángsters", ¿qué tanto equilibra esto con el sentido crítico?

Modestia aparte, creo que Jairo y yo somos como Lennon y McCartney o como Jagger y Richards. Somos muy opuestos, pero compartimos historias y el humor. El programa está pensado para decir barbaridades, pero barbaridades que yo escucho a gente en la calle. A veces yo me convierto en eco de chistes que escucho en la calle. Creo que debemos reírnos, relajarnos y ponernos a trabajar. No creo en los medios de comunicación que pontifican. Quiero ser un generador de dudas.

 

Se habla mucho de que estamos viviendo un momento de crisis, pero bueno, más bien la crisis nos acompaña desde hace tiempo.

Ahorita estamos de la chingada, pero al menos nos han dejado el humor. Como tú y yo somos contemporáneos, ya sabemos cuántas crisis hemos vivido: la de 1976, la de 1982, la de 1994, la del 2008… Llevamos todas estas que han sido brutales, y no es que ya estemos acostumbrados, pero ya sabemos cómo reaccionar. Lo que nos toca es estar informados y exigir que las cosas se hagan bien.
Hay que burlarnos de los políticos, porque les caga más que les pongamos un apodo a que hagamos una carta formal estilo “los abajo firmantes demandamos”. Esa es una pequeña venganza que tenemos los ciudadanos para que hagan las cosas bien.

< Anterior | Siguiente >