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Una broma pesada

Terrorista
(Karina Vargas)

«DETIENEN A UNA NIÑA POR AMENAZAR EN TWITTER A AMERICAN AIRLINES CON COMETER UN ATENTADO: “MI NOMBRE ES IBRAHIM Y SOY DE AFGANISTÁN. FORMO PARTE DE AL QAEDA Y EL 1 DE JUNIO VOY A HACER ALGO REALMENTE GRANDE. ‘BYE’”, ESCRIBIÓ LA JOVEN».
Periódico ‘ABC’, 16 de abril de 2014.


Ya había pasado bastante tiempo desde el atentado del 11 de septiembre de 2001 y se habían relajado las medidas de seguridad en aeropuertos y líneas aéreas norteamericanas, permitiendo que pasajeros portaran El Corán y vestimenta árabe (solo les quitaban utensilios y sustancias potencialmente peligrosas).

Eso propició la planeación del secuestro de varios pasajeros de un vuelo rumbo a Las Vegas, por parte de Anwar, Kadar y Zayed, miembros de Al Qaeda, quienes pedirían la liberación de algunos prisioneros tomados por las tropas norteamericanas en Yemen o matarían uno por uno a la tripulación.

Con sus relojes sincronizados, instalados en asientos distribuidos estratégicamente a lo largo del avión, se levantaron simultáneamente y blandieron sus respectivas armas: Anwar un lápiz puntiagudo, Kadar un filoso folleto de un casino y Zayed un chicle con la elasticidad suficiente para estrangular a diez personas.

Anwar dijo: “¡En nombre de Alá el supremo, están todos secuestrados y correrá sangre infiel si no cooperan con nosotros!”; los pasajeros, quienes habían despegado con un estimulante coctel para ambientarse en la ciudad de la diversión, soltaron una estruendosa carcajada, lo cual hizo enfurecer a Kadar: “¿Qué mierda les pasa? Sus vidas están en nuestras manos y se comportan como camellos que hubieran bebido el agua del hashis”. Una señora gorda y rubia abrazó a Kadar para tomarse una selfie con él, consiguiendo que su filoso folleto saliera volando. “Señora ¿qué le pasa? Por su culpa tiró mi arma para rebanar cerdos infieles”. La señora, ligeramente apenada, le obsequió un folleto de cosméticos que ella misma vendía, aprovechando para decirle que su cutis moreno, estropeado por el sol del desierto, podría conseguir mayor tersura, pues ese folleto le brindaba un diez por ciento de descuento.

Zayed hizo girar su poderoso chicle sobre las cabezas de los tripulantes, con tal gracia y maestría que los hizo aplaudir. Un vaquero millonario exclamó: “¡Este show es maravilloso! En lo sucesivo solo volaré por ésta línea, le pone más ambiente que US Airways”.

Tras musitar el Sura de la Vaca, Zayed tiró el sombrero del vaquero con su chicle, y musitó: “No somos un show. ¡Somos terroristas espeluznantes y exigimos su cooperación, o la ira del supremo caerá sobre sus cabezas!”.

Una anciana tocó la tela de la túnica de Zayed, tomándolo por sorpresa, haciendo que perdiera el control sobre su chicle y se enroscara él mismo, por lo que terminó enrollado y tropezó sobre el carrito de las bebidas, gesto que se interpretó como un signo de barra libre y los pasajeros se levantaron a servirse.

Anwar, desconcertado por el comportamiento de los tripulantes, los amenazó con su lápiz puntiagudo, al grito de: “¡Arriba las manos!”, que coincidió con Disco Samba, pieza musical que el vuelo había planeado poner a todo volumen en caso de que los pasajeros mostraran un festivo ánimo desbordado: todos alzaron las manos y comenzaron a bailar al ritmo de la música, ajenos a los gritos de Anwar, Kadar y Zayed, exigiendo sumisión.

Para demostrar que hablaban en serio, Anwar lanzó un golpe de lápiz al corazón de un vendedor de bienes raíces, quien, debido a un apantallante paso de baile, hizo que el objeto se estrellara contra la pantalla donde pasaba una película de Adam Sandler.

Anwar se quejó amargamente: “¿Qué hiciste, yanqui desgraciado? ¡Destruiste la punta de mi lápiz punzocortante! Enemigo de Dios, de sus ángeles, de sus enviados, de Gabriel y de Miguel, ¡eternamente tendrás a Dios por enemigo y jamás penetrarás por las puertas del cielo de Mahoma!”, motivando que una sollozante niña le ofreciera un sacapuntas, el cual estuvo a punto de tomar el pakistaní, si no fuera porque la herramienta fue confiscada por una sobrecargo, quien amonestó cariñosamente a la chiquilla: “No sé cómo lograste subir esto al avión, pero está prohibido subir navajas. Te lo cambio por un chocolatín”.

Zayed quiso golpear a la sobrecargo, pero estaba envuelto en su propio chicle. Kadar cayó de rodillas y se enfrentó a la multitud: “Querido infieles, estuvimos entrenando varios años para secuestrarlos y hacer temblar al Pentágono, supliquen a su Dios para que les explique claramente que están en peligro y deben temer la Ira de Alá, depositada en nuestras manos”.

La señora que había tocado la túnica (comprobando así la calidad del disfraz), dijo “quisiera creerles, pero las ropas, la actitud, las armas, todo parece una broma. ¿Cómo creerles?”

Zayed, desde su rincón, en un ataque de extrema furia recitó un pasaje del Corán: “Cuando se les dice creed, creed como creen tantos otros; respondan: ¿hemos de creer como creen los necios? ¡Ay, ustedes mismos son los necios, pero no lo comprenden!”, y perdió el conocimiento.

Al arribar a Las Vegas, Anwar, Kadar y Zayed, tras fracasar en su importante misión, abandonaron el islamismo y se volvieron al judaísmo, dedicándose a la comedia, pero fueron un fracaso.

Rafael Tonatiuh

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