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Cuando las brasileñas interpretan música de RBD

Brasileña

por Pablo Pérez-Cano

Por amigos en común, conocí a Fernanda Teixeira en Bahía. Ese día hablamos mucho, me explicó que la versión brasileña de Rebelde no fue buena, dijo algo acerca de que en los últimos capítulos aparecieron vampiros. Nos reunimos en su departamento del centro de la capital, junto a otros universitarios antes de salir para una marcha convocada por el movimiento Passe Livre. Ella quiso aprovechar que tenía en su sala a un mexicano para verificar si su pronunciación del español era buena. Puso en su computadora el álbum Celestial y cantó mientras redactaba un cartel que exigía ¡Prisão para o gobernador! Esperamos a los otros jóvenes contestatarios y más tarde atravesamos la ciudad para encontrarnos con un torrente de muchachos que marchaba desde el barrio más chic rumbo a la sede del gobierno, donde el bloque anarquista incendió un autobús y desató una lluvia de gas lacrimógeno de la policía. Fernanda pertenece a una generación de brasileños que llegaron a la edad adulta en un momento de efervescencia política en Brasil; se protesta por el precio del transporte público, porque la primera línea del metro que inició a construirse hace 10 años no estará lista ni para 2014, se piden mejores condiciones para el deporte, se desdeña a la Copa del Mundo, de la que esta ciudad será anfitriona, y quieren que acabe la corrupción. El país está creciendo tan rápido que casi duplica en número de habitantes a México y es el quinto más grande del mundo en territorio, a todo eso hay que agregarle un crecimiento económico que da pasos agigantados en el mismo sentido que crece la desigualdad en esta ciudad caracterizada por la segregación de su población de mayoría afrodescendiente.

De forma rápida, se puede decir que hay varias cosas que unen a los jóvenes brasileños con el resto de los latinoamericanos, pero eso no tiene mucho que ver con que en la programación de la tele abierta transmitan durante todo el año capítulos de Marimar, María la del barrio, La usurpadora y El chavo del ocho, sino con la riqueza cultural que resulta de la mezcla entre lo indígena, africano y mestizo. También padecemos juntos las consecuencias de crecimiento económico, que por años fue aletargado a causa del saqueo brutal en América; carencias sanitarias, corrupción y violencia también son constantes.

Es una sociedad muy agitada la de Bahía, por el día van al gimnasio, luego a la escuela y el trabajo y tienen todavía tiempo para una vida social muy animada en los clubes, en los teatros, en la playa... Por el mismo amigo que me presentó a Fernada, conocí a otra chica que tiene un póster tamaño real de Anahí en su recámara. Ella forma parte del comité del club de fans de RBD. Me invitó a asistir la conmemoración del Día Mundial de esta banda. “Es algo que se festeja en varias ciudades del mundo”, me hizo saber en un español intachable. Llegué a un salón de fiestas repleto donde el maestro de ceremonias me llamó al frente para presentarme con los del club, después me enteraría que mi nombre estaba anunciado en el flyer de la fiesta como “um reporter mexicano que vim para prestigiar o evento”. Tuve una tarde muy cansada en la que todos querían practicar conmigo un español forjado viendo cada uno de los 440 episodios que componen la telenovela, los más grandes del grupo también habían asistido a Clase 406 y Cuidado con el ángel del mismo modo en que las adolescentes mexicanas hacen culto por actores de series japonesas y coreanas. Los chavos esto, los chavos el otro, no paraban de repetir con una naturalidad bien lograda.

Mi amiga Juliana se hizo popular entre los fans porque en alguna ocasión Anahí la mencionó en un programa de televisón en México cuando el conductor le preguntó cuál de los regalos de sus seguidores le había gustado más. Anahí respondió que una chica brasileña había comprado una estrella y le había puesto su nombre. Juliana dice que comprar un astro del firmamento cuesta menos de 10 dólares, hay una organización astronómica que permite eso, solo hace falta escoger la estrella que se quiera comprar, señalar su ubicación y pagarla con la tarjeta de crédito, después ellos te hacen llegar un certificado, “ese documento fue enmarcado y colgado en una de las paredes de Anahí”, resalta Juliana, que, como todas las chicas en esta habitación, conoce el nombre del gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, dicen que probablemente Televisa ejerció un tipo de presión a Anahí para mejorar la imagen del político del Partido Verde y es que una de la RBD más populares es precisamente ella, “una mujer altruista y comprometida con las chavas que padecen anorexia”, que sin embargo se ha alejado de los escenarios desde que anunció su compromiso con el político.

Cada año, se escogen a los miembros del club que interpretarán a los personajes de la serie, no solo tienen que aprender a imitar sus voces, sino su forma de bailar y caminar. Yo convencí a mi amigo Adarlan de que fuera conmigo, le prometí que habría decenas de posadolescentes vestidas de colegialas y fue así: poco a poco las mujeronas que crecieron viendo la serie fueron llenando el local; al final, mi amigo, yo y un brasileño que fue arrastrado a la fiesta por su novia éramos los únicos hombres heterosexuales.

La verdad sea dicha, en México nunca hubiera tolerado las cinco horas de fiesta en la que hay mucha música de RBD y ni una gota de alcohol, pero este ir y venir del portugués nordestino al español chilango de telenovela y el baile de la Maite Perroni brasileña compensaron cada minuto que pasé en ese universo paralelo. Se entregaron premios a los mejores miembros del club y se anunció la separación definitiva del comité organizador, entonces hubo lágrimas en el escenario, pero después continuó la felicidad: “agua bendita en el toloache y la hierbabuena para que tú me quieras toda la vida” cantaba Maitecita.

twitter.com/perezpablo212


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