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La boda de Charles Manson y Estrellita

Charles Manson
(Guadalupe Rosas)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Jordi Soler

Puede ser que la carrera criminal de Charles Manson haya empezado cuando, siendo apenas un niño, su madre lo abandonó en un restaurante. Voy a contar brevemente el suceso, sin ánimo de ponerme freudiano. El pequeño Charles y su madre habían terminado de comer, estaban a punto de pagar la cuenta cuando la mesera le hizo una ristra de piropos al niño, que remató con el gracejo de preguntarle a la madre si se lo podía vender. La madre de Charles, que era como se verá una desobligada, dijo, siguiendo aparentemente la corriente del gracejo, que en lugar de venderlo se lo intercambiaba por una cerveza. La mesera, risa y risa, fue por una cerveza, sin sospechar que lo de la madre no era un gracejo, sino la oportunidad de oro para deshacerse del pequeño Charles que era un engorro. El caso es que mamá se bebió velozmente la cerveza, y en lo que la mesera contaba en la cocina, risa y risa todavía, lo bien que se lo estaban pasando con la bromita, desapareció dejando ahí al pequeño con la cuenta sin pagar. A la mesera se le congeló la risa cuando entendió lo que su broma había ocasionado y tuvo que hacerse cargo durante siete días del niño, hasta que apareció uno de sus tíos y se lo llevó a vivir con él. No quería ponerme freudiano pero ya comprenderán ustedes que un hombre, que ha sido abandonado de esa forma por su madre, puede tener una relación complicada con las mujeres el resto de su vida.

Años más tarde Manson sublimaría aquella experiencia manipulando a sus mujeres para que cometieran sangrientos asesinatos. Y aquí dejo servida la ecuación freudiana, que viene muy al caso porque Charles Manson, que hoy tiene ochenta años y ha pasado la mayor parte de su vida en la cárcel, va a casarse con una chica de 26, que lo ha estado visitando durante más de siete años en la prisión de Corcoran, California, donde el multihomicida purga su cadena perpetua. La novia se llama Afton Elaine Burton y se hace llamar Star, Estrella.

Charles Manson, abandonado por su madre y ya viviendo con su tío, cayó a la cárcel (a su equivalente infantil, quiero decir) a los nueve años, acusado de robo a mano armada. A partir de ahí inauguró una vida delictiva de robos, navajazos e intentos de asesinato, que lo mantuvo intermitentemente en la cárcel hasta los treinta y tres. En todos esos años de ociosidad carcelaria, estudió cienciología, budismo y, sobre todo, ensayó con su guitarra hasta lograr un nivel que, desde su muy particular punto de vista, iba a convertirlo en el quinto Beatle. En 1967, cuando salió por última vez de la cárcel, antes de cometer su brutal y más famoso asesinato, escribió lo siguiente: “Sé que no podré adaptarme al mundo después de pasar toda mi vida encerrado en una celda donde mi mente puede viajar con libertad. Estoy bien aquí adentro, haciendo mis caminatas en el jardín y tocando mi guitarra”. No obstante, Manson fue liberado y, no sabiendo muy bien qué hacer, o quizá sabiéndolo perfectamente, se fue a San Francisco a hacer una inmersión en el jipismo, con tanto éxito que, unos meses más tarde, ya contaba con una palomilla que lo seguía a todos lados y oía con devoción, y con la boca abierta, sus alocuciones budistas y cienciológicas.

También hay que decir que, a base de triquiñuelas y chanchullos, Manson se hacía de grandes cantidades de ácido lisérgico que repartía, como un cura que da la comunión, entre sus acólitos que iban de túnica, huaraches y greñas al viento. Lo de la comunión con ácido es importante para entender por qué sus seguidores escuchaban aquellos discursos delirantes con la boca abierta. De aquella célula de jipis babeantes salió La Familia, esa organización criminal que perpetró, siguiendo las órdenes de Manson, uno de los asesinatos más célebres y atroces de la historia, que ha sido múltiples veces documentado y que apunto muy brevemente aquí: La Familia irrumpió en la casa del director Roman Polansky, en Los Ángeles, y asesinó y descuartizó a su esposa, la actriz Sharon Tate, que tenía ocho meses de embarazo. Como punto final de aquel crimen espantoso escribieron, con sangre, en la pared, los vocablos Helter Skelter, el título de la famosa canción del álbum blanco de los Beatles que, según Manson, habían escrito para él. Después de ese crimen, a los dos años de su última estancia en la cárcel, Charles regresó a la prisión en la que se encuentra hasta el día de hoy. A pesar de sus crímenes y de que, a juzgar por el tiempo que ha pasado entre rejas, se trata de un asesino mediocre y fracasado, Manson goza de una inexplicable celebridad que ha llevado, por ejemplo, al grupo Guns n’Roses a dedicarle un track (oculto, eso sí) en su álbum The Spaghetti Incident (1993); esa misma celebridad que lo ha convertido en el preso estadunidense que más correspondencia recibe. A lo largo de su última, y larguísima, estancia carcelaria, Manson ha pedido 12 veces la libertad condicional misma que, con impecable criterio, le ha sido negada. Y ahora viene Estrellita a anunciar que se va a casar con él y a nosotros nos toca observar a distancia, sin ponernos muy freudianos.

@jsolerescritor     

 


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