QrR

'Big Data'

En el tono del Tona
(Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


“Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook se puede conocer tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y felicidad, si usas drogas, si tus padres son divorciados”
Martin Hilbert. Asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Cuando le dije a mi psicoterapeuta que alguien planeaba asesinarme, preguntó: “¿Sabes cuánto cuesta matarte?”. En su momento, mi paranoia se relajó al pensar que matarme era caro, pero ahora, con los avances de la tecnología se han abaratado los costos, y para matarme a mí o a cualquiera no se requiere más que comprar una base de datos capaz de predecir tus actos para planear un accidente: cruzar una esquina (para arrollarte), pedir una cerveza (para envenenarte) o conocer a una persona que querrás enamorar (para que cuando esté en tu casa te clave un cuchillo).

Donald Trump tomó datos del Big Data (base de datos monumental sobre las poblaciones y sus intereses) para crear 175 mil versiones personalizadas de un mismo mensaje, para dirigirlo a personas específicas en sus redes sociales. 175 mil variaciones de colores, tipos de letra y formas de convencer; eso quiere decir que pululan profesionales en explorar mentes ajenas.

Me preocupa que el contenido de mi impenetrable cabeza caiga en manos de personas de dudosa reputación (o de un algoritmo malvado, con eso de que los propios paquetes de datos toman decisiones y se organizan, como resultado de los avances en inteligencia artificial), pues como dice el refrán, “quien conoce tu secreto tiene tu libertad”.

Hace unos días me contó mi cuñada Gladis que una aplicación de su teléfono le hizo un resumen de lo que había hecho durante todo el día… ¡incluyendo 40 minutos en los que se había quedado dormida en el cine! Me enseñó el teléfono con los datos. Se me erizaron los vellos.

En pocos años, empresas y gobiernos sembrarán muchísimos mensajes subliminales personalizados, y cuanto tengas sed, sin que sepas ni cómo ni de dónde, llegarán a tu mente marcas de jugos, refrescos y cervezas, y cuando tengas una excitación sexual, sin que venga al caso verás los colores de un determinado partido político.

Pero eso no es lo peor, sino que a partir de tus likes (sobre todo si visitas páginas de porno) conocerán tus fantasías sexuales y no sé que serán capaces de hacer con esa información.

No me gustaría caer en manos de chantajistas, que durante una reunión de trabajo me ordenen mediante una voz modulada que, según su base de datos, es la que me causa más terror: “¿Quieres que tu jefe sepa lo que piensas hacerle a su hija, el orgullo de la familia, sobre el trampolín de una alberca? Si no quieres perder el empleo pide permiso de ir al baño ahora mismo y deposita cinco mil pesos a la cuenta que escucharás enseguida”.

Como sé que tarde a temprano saldrán a la luz mis fantasías eróticas más puercas y shockeantes, quiero pedirles una disculpa anticipada. Usualmente soy una persona tranquila, sensata, cariñosa, que jamás participaría en un acto como el que mis chantajistas van a mostrarles.

A veces desayuno mariscos y mi mente agarra vuelo y en un día puede transitar por varias sexopatías simultáneas: zoofilia, necrofilia, anamastofilia, etc. Veo un uniforme de colegiala por la calle y mentalmente me transformo en el maestro seductor, ayudo a un ama de casa a subir al camión y me convierto en el Sancho que la acompañará al motel, si miro pasar un avión pienso en hacer el amor con una sobrecargo, etcétera. Pero yo con las colegialas y las amas de casa y las sobrecargos siempre he tenido un trato cordial y respetuoso, solo son fugaces fantasías de las que no soy totalmente responsable.

Ateos y creyentes debemos estar de acuerdo en que a veces se nos ocurren bestialidades sin que las invoquemos, como si una voz diferente a la nuestra nos soplara: “¡Qué gorda!”, cuando vemos a la abuela, pero inmediatamente pensamos “¡Pero qué linda viejecita!”. Es exactamente la misma vocecita que nos incita a cometer pendejadas, aquella que nos dice “presiona ese botón”, cuando no teníamos planeado presionarlo ni borrar todos los archivos.

Cuando los corporativos creen la vocecita más eficaz para manipularme, espero que al menos me lleven a buenos tequilas, reventones fantásticos y la realización de al menos una de mis fantasías eróticas.

< Anterior | Siguiente >