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El astro que nunca aprendió a nadar

Cuauhtémoc Blanco
(MexSport)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Oscar Jiménez Manríquez

Este martes por la noche se retira uno de los jugadores más populares del balompié mexicano, un delantero que a lo largo de casi dos décadas hizo del futbol un ejercicio de imaginación e inteligencia.


Cuauhtémoc Blanco, uno de los últimos ídolos de barrio del futbol mexicano, real enemigo a vencer en los tiempos en que llegó a echarse a los hombros el equipo de las Águilas, no solo anotó goles al ángulo y realizó extraordinarias asistencias, también dejó huella en las canchas por otro tipo de expresiones.

Por ejemplo, nadie como él para intercambiar miradas tensas y gritar cosas a los rivales que desde las gradas y la televisión nunca se escuchan. Alguna vez, durante una entrevista, un jugador del club León confesó el origen de su constante enfrentamiento casi a los golpes con el ex delantero americanista: "Estoy harto de que, al momento de disputar con él la pelota, me diga: '¡Muerto de hambre!'. Si no crees en lo que digo, ve y pregunta a otros jugadores de distintos equipos. A todos nos dice lo mismo. Está bien que sea Cuauhtémoc el que más dinero gana, pero eso no le da derecho a insultarnos".

Si bien el último crack de barrio era bueno para provocar y sacar de sus casillas a los contrarios, tenía curiosamente un terrible pavor a ponerse el traje de baño: no sabía nadar. El trauma le quedó desde los 10 años de edad, cuando estuvo a punto de ahogarse en aquella alberca de Ojo de Agua, donde tenía casa una de sus tías.

En una conversación con él en las instalaciones del América, Cuauhtémoc incluso recordó que durante su época en el Valladolid, de España, volvió a vivir a otro capítulo semejante. En el hotel de concentración, alguien entre sus compañeros le jugó la broma de tirarlo a la piscina. Pero al descubrir que el ídolo de la selección mexicana tiraba manotazos desesperadamente, varios futbolistas se lanzaron al agua para salvarlo.

Esa vez también reconoció que en sus visitas a la playa, solo se remojaba las plantas de los pies. "Le tengo mucho respeto al mar. Cuando siento que el agua me llega a la cintura, entonces me salgo".

El astro que nunca aprendió a nadar pero que sabía meter magníficos goles de tiro libre, como el que le anotó al Real Madrid en el estadio Bernabéu, siempre soñó de niño con tener una autopista como las que salían en la televisión. Año tras año escribió su cartita a los Reyes Magos en la que pedía una Scalextric. Luego de su debut con América en 1998, bajo la dirección técnica del holandés Leo Beenhakker, se dio el gusto de comprar uno de sus juguetes más deseados.

La leyenda cuenta que el ídolo de la Unidad Tlatilco fue descubierto en un campo de tierra seca, por los rumbos de Buenavista. Ángel El Coca González, un hombre que se dedicaba a buscar talentos en el futbol llanero, el mismo que llevó a Javier Aguirre al América, supo que un muchachito flaco, encorvado, medio desnutrido, "como jorobadito", metía goles por racimos. Incluso, llegó a sumar 75 anotaciones en 24 partidos.

Aquel "jorobadito", al que una de sus primas se esforzaba todo el tiempo en corregir, "trata de enderezarte, a lo mejor y hasta estás más alto...", la primera vez que llegó a probarse al América no se quedó. El Coca González afirmó en su momento que Cuauhtémoc no convenció porque lo alinearon en una posición que no era la suya.

Tiempo después volvió a Coapa, jugó su primer partido en la Tercera División, cobró 800 pesos mensuales pagados de la nómina, y 200 más que le dieron por fuera. Una fortuna para alguien que atravesaba la ciudad en Metro y pesero, y que a los 15 años trabajaba con su tío en una fábrica de colchas. Solo disputó 13 duelos en dicha categoría, porque de inmediato lo llamaron para entrenar con el primer equipo.

En los momentos más difíciles de su carrera, Cuauhtémoc, devoto de San Judas Tadeo, el santo de las causas difíciles y desperadas, consideró seriamente dejar el balompié profesional, tras ser fracturado por el trinitario Ancil Elcock, en el estadio Azteca. "Cuando me hablaba por teléfono desde España, de repente se ponía a llorar y me decía: 'Mamá, quiero retirarme...', contó en su momento doña Hortensia.

Uno de los pocos delanteros que puede presumir de haber anotado goles en tres Copas del Mundo, el artillero que jamás pudo ser amigo de Ricardo La Volpe ("él y Germán Villa provocaron mi repentina salida del América", reveló en una entrevista el técnico argentino), se retira de las canchas este martes por la noche, en la ciudad de Puebla.

En otro pasaje memorable, harto de que la prensa del corazón lo persiguiera para tomarle fotografías con sus diversas novias, acudió a la delegación correspondiente para levantar el acta. Cuando el Ministerio Público preguntó sorprendido de qué los acusaba, Cuauhtémoc afirmó molesto: "¡Por sospechosos!".

caros_13 @yahoo.com

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