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Mucho ardor en las entrañas de Río de Janeiro

Sergio 'Chiquito' Romero, portero de Argentina
Sergio 'Chiquito' Romero, portero de Argentina (Reuters)

Pablo Pérez-Cano

Un periódico deportivo tituló su primera plana de hoy “Empeoró y puede empeorar más” En interiores, narra en una nota que tras el dolor del 7 a 1, el júbilo de los argentinos con el triunfo del albiceleste no hace sino colocar otro clavo en la cruz del sufrimiento inmerecido del pueblo brasileño.

No les gusta perder, eso quedó claro con las lágrimas derramadas en Minas Gerais y que fueron difundidas en todo el mundo. Pero tampoco es para que se piense que no soportan ver ganar a los argentinos, sólo que en la coyuntura, eso significa que toda la infraestructura montada, los estadios millonarios, la logística televisiva, el trabajo y el sudor de miles, será un escenario épico donde Argentina, —y no ellos—, se enfrente a una poderosa Alemania como obstáculo para obtener una estrella más en la camiseta. Bueno, eso será en el Maracaná.

“Haceme un favor, decile a tu presidenta que gracias por pagar la fiesta”. Me dijo un fan de Maradona en el tono más fanfarrón que su borrachera le permitió. Le expliqué que no soy brasileño, sino mexicano, pero le dio igual. La euforia que se desató en el Fan Fest de Copacabana en los minutos posteriores a que Maxi Rodriguez colocó la bola en la red, provocó el llanto de felicidad inconsolable de una generación que nunca ha visto a Argentina llegar a una final y también un trauma permanente para los brasileños que se animaron a ir a Copacabana en un día en que se debía de guardar luto. En su mayoría mujeres, las brasileirasiban con los rostros decorados con los colores de Holanda.

Calculo que en el Fan Fest había unas diez mil personas, posiblemente de mayoría brasileña, y unos cuantos holandeses. Pero en el momento de júbilo, los argentinos parecían multiplicarse. El fanfarrón se besa con una morena, otro avienta cerveza al cielo, un tercero sostiene a su hermano para que no caiga desmayado a la arena. Son miles.

Tras el juego, la samba de Arlindo Cruz animó hasta a los brasileños más atormentados, varias garotas sucumbieron y dejaron pintarse con los colores argentos. La sal marina, el sudor, la saliva y la pintura blanca y azul se mezclaron en un preámbulo de fiesta al nivel de Rio de Janeiro. Luego el sambista se despidió y dejó a los vencedores con una canción de los Redonditos de Ricota: No lo soñé -¡ieee-eeeeh!/ Ibas corriendo a la deriva/ No lo soñé -¡ieee-eeeeh! /Los ojos ciegos bien abiertos.

En el Fan Fest apagaron la música y las luces. La marabunta patagónica avanzó hacia el Metro “puteando” en el camino a todos los que no vestían su camisa. “Mexicanos la concha de su madre”, gritó Fanfarrón a unos paisanos que entonaban el “Cielito Lindo”.

Trepados como arañas en los vagones del Metro, los jóvenes que nacieron en el país del Che tras la caída del Muro, es decir, los que no alcanzaron a conocer la gloria del ‘86, desechan los cánticos viejos del River y Boca. Entonaban algo nuevo, pensado para la ocasión:

Brasil, decime que se siente / Tener en casa a tu papá / Te juro que aunque pasen los años / Nunca nos vamos a olvidar / Que Diego los gambeteó / Que Cani los vacunó / Están llorando desde Itália hasta hoy / A Messi lo vas a ver / La Copa nos va a traer / Maradona es más grande que Pelé. Y causan mucho ardor en las entranhas de Rio. Algunos cariocas se agrupan e intentan responder a la humillación: "Mil gols, mil gols, mil gols, mil gols, mil gols, só Pelé, só Pelé, Maradona cheirador"

En Lapa, barrio bohemio que acogió a los visitantes mundialistas, todos los bares estaban abiertos con música ao vivo, sin embargo caímos en cuenta de que no era aquella locura desfasada que se acostumbra en Rio. Unos cuantos brasileños danzaban a medio gas y el hielo de las caipiriñas empezaba a sucumbir al tiempo, muchas botellas de cachaça quedaron sin abrirse. “Los brasileiros son unos pelotudos, pierden y dejan de festejar”, opinó ya saben quién.   

De madrugada, algunos albicelestes regresaron tambaleándose a sus hoteles. Pero la mayoría se fue caminando hasta el estacionamiento del sambódromo donde están acampando desde que llegaron a Río con cero presupuesto para turistear. Viven haciendo malabares en los semáforos y/o vendiendo artesanías en las playas. El aumento de las tarifas en los hoteles los tiene sin cuidado, vinieron aquí para ver triunfar a Messi en el Maracaná o romperlo todo.

El mundial que fue duramente publicitado aquí con el eslogan “Essa copa é nossa (esa copa es nuestra)”, tiene bajoneados a los cariocas que se resienten con el clima frío y lluvioso que inició desde que Alemania les hizo el primer gol, otros ya esperan la ocasión para reanudar las protestas contra la presidenta que “pagó la fiesta”.  

@perezpablo212

 

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