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Los apostadores

Apuestas.
(Guadalupe Rosas)

EL PEZ SOLUBLE
Jordi Soler

Las casas de apuestas son uno de esos negocios que, desde que hay internet, han experimentado una revolución. La costumbre de apostar se ha vuelto una actividad, digamos, transparente; ya no hay que esconderse bajo un sombrero y una gabardina para ir, a un sórdido ventanuco, a apostar por un caballo, por un boxeador o por un equipo de futbol. Ahora la apuesta se hace en la pantalla de la computadora y, aunque sigue habiendo dinero de por medio, la actividad ha perdido su aura nefasta y ha ganado respetabilidad social. Hace unos años apostaban los malvivientes (que luego son los que mejor viven), en unos tugurios que estaban invariablemente al lado de un bar, apostaba la gente que buscaba enriquecerse de golpe sin dar golpe. Pero hoy apostar, en el terreno de las apariencias, es una actividad tan inocente como hacer sudokus o jugar al FIFA.

Las casas de apuestas que operan online no solo han limpiado su aspecto, también empiezan a convertirse en el barómetro de la sociedad. Voy a poner un ejemplo de esto que es, sin duda, un preview del mundo que viene: una semana antes de que se celebrara el referéndum para averiguar si los escoceses querían, o no, independizarse, una casa de apuestas inglesa puso entre sus opciones, entre los partidos de futbol y los de cricket, la de apostar sobre el resultado del referéndum. La respuesta de los apostadores fue masiva, tanto, declaró el director del negocio, como si se tratara de las apuestas que suele haber alrededor de un partido importante de la Champions League. Esto ya es un descubrimiento que nos ofrecen las casas de apuestas: que a lo hora de jugarse el dinero, vale tanto el futbol como una justa política, en este caso el referéndum.

La votación de los escoceses fue un jueves. El día anterior todas las empresas que hacen encuestas en Inglaterra publicaron sus conclusiones: la votación se inclina ligeramente hacia el “no a la independencia”, pero puede pasar cualquier cosa, anunciaron ese miércoles, en la víspera de la votación. Sin embargo, la casa de apuestas que incluyó el referéndum entre sus productos tenía datos firmes de que ganaría el “no a la independencia”, con un margen tan claro, que desde el martes, dos días antes de la votación, ya pagaba dinero a quienes habían apostado por el “no”. Ese día las casas de apuestas invadieron el terreno de las empresas que hacen encuestas y demostraron que una cosa es lo le dice una persona a un encuestador que le pregunta por algo específico (¿quiere que Escocia sea un país independiente?), y otra la que dice cuando invierte su dinero. Imaginemos lo que este instrumento, que ha aparecido de pronto, va a significar para los políticos, la repercusión que puede tener en unas elecciones. A esto me refería con aquello del preview del mundo que viene. Las encuestas a pie de urna, el famoso exit poll, parecen ya una herramienta inocente si se le compara con el resultado que proveen los apostadores, que se conoce 48 horas antes de que se abran las urnas.

En esa misma línea de llevar las apuestas hacia cualquier territorio, la casa Ladbrokes invita a sus clientes a apostar, por ejemplo, por quién se llevará este año el Premio Nobel de Literatura. Desde luego se trata de un caso distinto, el referéndum escocés era una votación popular y por el Nobel vota un cenáculo de académicos, es decir, las preferencias del pueblo no influyen en el resultado. De acuerdo con las preferencias del público lector en general, el ganador del Premio Nobel este año será Haruki Murakami (cosa que no entiendo), seguido muy de cerca por Ngugi Wa Thiog’o (escritor al que no he leído). Más abajo (voy a concentrarme en los que un lector occidental, más o menos enterado, pueda identificar) vienen Joyce Carol Oates, Milan Kundera, Philip Roth, Thomas Pynchon, Umberto Eco, Margaret Atwood, Don DeLillo, Amos Oz, Antonio Lobo Antunes, Richard Ford, Salman Rushdie, Cormac McCarthy, Javier Marías, Bob Dylan y Peter Handke. Los momios para Murakami están 5/1 y para Handke 50/1. Pero también puede apostarse por “La persona del año”, que va a elegir este 2014 la revista Time; esta lista la encabeza Putin, con unos momios de 3/1, y lo siguen Angela Merkel y Angelina Jolie, y hay rarezas bastante bien posicionadas como “la copa del mundo”, “la selección de futbol de Estados Unidos” y “Twitter y los tuiteros”. Para los Oscar la lista la encabeza la película Boyhood, seguida por Birdman y por Gone Girl; como mejor actor está, en el primer lugar, Michael Keaton (Birdman), y Julianne Moore como mejor actriz. Se antoja pensar que los productores de cine atienden las tendencias de las apuestas y que, probablemente, deben tener un departamento dedicado a monitorearlas y que, a lo mejor, hasta invierten apostando por sus propias películas para que queden en un mejor lugar. Así como se antoja vaticinar que, después de la experiencia escocesa, los políticos que pujan por gobernar, tendrán un gabinete de apuestas que les señale el camino. 

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