QrR

75 años de la casa de las ideas... copiadas

El primer ejemplar de la revista Marvel Comics, con fecha de octubre de 1939, comienza con el Profesor Horton, un científico que se reúne con reporteros en su laboratorio para explicarles que ha estado trabajando en la réplica de un ser humano, un androide que al contacto con el oxígeno se enciende, rodeado por fuego. La historia es bastante inocente, muy de acuerdo con la época: en ella, la gente trata de destruir a esta Antorcha Humanapor ser una amenaza para el mundo, aunque al final escapa. El número contiene además historias de tres superhumanos más: El Ángel, Submarinero y Masked Raider.

Esa publicación salió de una pequeña editorial en la Calle 50 de la ciudad de Nueva York. El dueño del negocio era un joven de 31 años llamado Martin Goodman, que aparece en algunas fotografías de la época vestido elegantemente con corbata y lentes de pasta: el típico editor de los años 40. Goodman tenía ya algunas publicaciones con temática del oeste (algo parecido a nuestro Libro Vaquero), pero decidió ampliar su mercado al de los superhéroes. Como no tenía ni el espacio, ni un equipo creativo con el que pudiera empezar, contrató los servicios de un taller llamado Funnies Inc. en el que trabajaban Carl Burgos, Bill Everett y Paul Gustavson. Podemos decir que fue este equipo, junto con Goodman, los verdaderos creadores de la empresa de cómics más importante de nuestros tiempos.

La empresa de Goodman se llamaba Timely Publication. Era un negocio familiar en los que unos llevaban las cuentas, otros revisaban el trabajo y otros más llevaban las cosas a la imprenta. Cuando Martin vio que el negocio de los cómics de superhéroes le dejaba buen dinero, decidió contratar como editor a un dibujante que resultaría un pilar de la industria: Joe Simon. Con el tiempo contrataron al llamado Rey de los Cómics, Jack Kirby, y crearon a personajes tan icónicos como el Capitán America. Les fue bien: en ese momento los enemigos a derrotar eran los nazis y cada tiraje de Capitan America llegó a vender más de un millón de ejemplares.

Pero Goodman, empresario inexperto que encontró de pronto la mina de oro, no supo llevar bien la empresa. En 1941 Kirby y Simon dejaron la editorial, cansados de los malos tratos, pasándose a la competencia: DC, editorial que tenía a Superman, Batman y la Mujer Maravilla.

Goodman sufrió un duro golpe con la salida de su equipo creativo. Fue cuando apareció el esposo de su prima: un veinteañero llamado Stanley Martin Lieber, quien soñaba con ser un escritor de novelas. Goodman le ofreció el puesto que dejó Simon y el cuñado aceptó trabajar bajo el seudónimo Stan Lee, que sonaba casi igual que Stanley. Poco le duró el gusto: en 1942 Stanley fue reclutado en el ejército y el puesto de editor quedó de nuevo vacío. Vince Fargo, dibujante de la empresa, entró al quite pero no le gustaban mucho las cosas superheroicas, ya que lo suyo era el humor. Animales antropomórficos compartieron lugar en las estanterías junto a los superhumanos de la empresa, cosa que no le gustaba mucho a Goodman, pero que a pesar de todo, vendían bien.

Stan Lee regresó de la guerra y organizó lo poco que quedaba. Fue cuando la compañía cambió el nombre a Marvel Comics (aunque cambiaría de nombre dos veces más) y amplió su mercado hacia cómics de terror, ciencia ficción y romance. La manera de pagarle a sus dibujantes también cambió: en vez de tenerlos en el restirador todo el día, les pagaba por trabajo entregado, sentando las bases del negocio actual. Eran los años cincuenta.

EL PARTIDO QUE CAMBIÓ UNA INDUSTRIA

Y aquí pasó un episodio que se cuenta como leyenda: en 1961 Goodman fue a jugar un partido de golf con el editor de la competencia, Jack Liebowitz. En DC les iba muy bien con sus superhéroes y la idea de Liebowitz era juntarlos a todos para hacer un equipo que pretendía llamar La Liga de la Justicia. Después del partido,Goodman regresó muy emocionado a sus oficinas y le dijo a Stan Lee que no se podían quedar atrás... así que decidió robarles la idea.

El problema era que en ese momento Marvel Comics no tenía un equipo de superhéroes ni nada parecido. El Submarinero había dejado de publicarse, Capitan America era su única carta fuerte (muy devaluada) y la única solución posible era crear un equipo de la nada. En ese momento Stan Lee andaba muy deprimido: ni le gustaba lo que hacía, ni logró ser el mejor escritor de su generación. Regresó a su casa y lo platicó con su esposa Joannie, que lo animó para seguir adelante “hazlo como a ti te gustaría, mete todas tus ideas en un cómic ¿qué es lo peor que puede pasar? ¡Si de todos modos ya vas a renunciar!”.

En ese momento el único dibujante experimentado en la oficina era Jack Kirby, que regresó como el hijo pródigo después de probar suerte en otros lados (Joe Simon nunca regresó). Kirby cuenta que Stan Lee lloraba como desesperado cuando decidió echar toda la carne al asador: en noviembre de 1961 apareció el número uno de Los Cuatro Fantásticos, una familia que aparte de adquirir superpoderes, estaban llenos de problemas mundanos. Fue un éxito total, el público consumidor de historietas se identificó con esta nueva y desconocida faceta de los héroes, que equivalía a que Superman se preocupara por tener bien planchada su capa: en ese tiempo resultaba tan ridículo y tan novedoso, que encantó a todos.

Stan Lee encontró su época dorada como editor: en pocos años creó a Thor, los Hombres X, Hulk, Iron Man, el Doctor Misterio y, junto con el dibujante Steve Ditko, al personaje icónico de la empresa: el Hombre Araña.

El drama no paró ahí: Stan Lee se convirtió en el mesías de los cómics americanos. Se compró un peluquín, lentes oscuros y aparecía en todos lados, soltando palabras como “¡Excélsior!”, que encantaron a toda una generación de adolescentes. Jack Kirby y Steve Ditko se quejaban que el joven editor acaparaba toda la atención, que sus guiones eran más bien simples pláticas y que ellos hacían todo el trabajo. Ambos abandonaron la empresa probando suerte en otros lados, pero nunca lograron tener el éxito que tuvieron con los dramas de Lee.

Goodman, por su parte, se llenó de billetes verdes y en 1968 vendió Marvel Comics a una empresa llamada Perfect Films & Chemical Corporation. Goodman fue presidente de la empresa hasta 1972 y a Stan Lee lo subieron de categoría, dedicándose básicamente a las relaciones públicas. Los nuevos dueños de Marvel decidieron inundar el mercado de publicaciones para matar a toda la competencia, contratando a más y más dibujantes y guionistas que pese a todo, lograron enriquecer las historias de los personajes que ya estaban afianzados.

De ahí en adelante todo fue un caos: la editorial cambió de dueño varias veces en los años ochenta, vendieron los derechos de animaciones, películas y licencias a empresas que no sabían cómo manejar un universo tan grande. Además la saturación del mercado, la caída de las ventas y la llegada de editores con ideas novedosas-que no servían para nada- hicieron que en el año 2000 cayera casi en la bancarrota. En ese momento el mercado se diversificó con nuevas editoriales que ofrecían historias diferentes (que no eran simplemente humanos en mallones) y Marvel, bajo el mando del experimentado dibujante Joe Quesada, tuvo que lanzar nuevas líneas editoriales que reinventaban a sus personajes clásicos. Se salvaron por un pelo.

En 2009, Disney compró la empresa por cuatro mil millones de dólares, en un trato que, en ese momento, muchos vieron como el fin de una época. Pero fue justo al contrario: el impulso de Disney hizo que Marvel recuperara muchos de sus derechos y hoy sus personajes son más populares que nunca, debido en gran medida por las películas de excelente manufactura que muestran el origen de personajes y sagas clásicas que se publicaron hace años. Su reto hoy es regresar al medio que lo vio nacer: los cómics. No se puede vivir siempre del pasado.

GUILLERMO GUERRERO

@guillermo_ga

< Anterior | Siguiente >